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E DI T A P O POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 3 DE J U N I O 1990 ABC blica española, ese mismo espíritu republicano singular, ampliamente humanístico, que arboró la República en sus mejores, aunque fracasados, políticos y en sus intelectuales más destacados. El valor nostálgico de Elena Fortún habría de ser grande para los españoles cultos. Pocos críticos literarios serios se han ocupado de Guillermo o de Celia de forma seria- y hablo especialmente de nosotros, de los nuestros- porque aquí el macho se vuelve serio desde los dieciocho años para no recuperar su infancia hasta la vejez, pero ya de una forma estéril. La falta de naturalidad, la falta de humor, la quizá forzada adaptación al mundo ubuesco de los irredentos adultos, los hace más vulgares de lo que sus aspiraciones quisieran. Aquí el crítico literario nace con barba. Tampoco se da entre los españoles universitarios- aunque excepciones debe haber- lo que se da entre muchos anglosajones, que conservan su Winnieo the Pooh -tan deliciosamente ilustrado por E. H. Shepard- y lo comentan con sus iguales No tienen nostalgias literarias de la infancia los universitarios españoles en su mayoría, surgidos de familias españolas duras, con larga tradición- cualquiera que sea SJJ estatus- de no leer. Inmediatamente han tenido que entrar de cabeza en la seriedad ubuesca de los grandes temas. Incluso esas nostalgias literarias, si las tienen, las ocultan con viril pudor. Si se trata de Crompton o Fortún, casi por dignidad machista en el mercado de las ideas. Lewis Carrol es otra cosa Hay cura por medio y hasta perversión sexual. Por tanto, es una cosa seria. Tratar seriamente a Crompton y Fortún, se le concede como derecho a las escritoras Elena Fortún ha tenido ya buenos comentaristas del género femenino. Una escritora de la categoría de Carmen Martín Gaite ha escrito para televisión una magnífica serie sobre Celia. Pero de los escritores españoles con algún prestigio no he tenido jamás noticia de que la básica infraestructura literaria y formal de Elena Fortún les haya interesado lo mínimo. Las dos escritoras, Crompton y Fortún, adoptan un realismo crítico muy parecido, como entorno de sus pequeños héroes, permanentemente revoltés La creación de tipos tiene, como en todo mundo novelístico que se precie, enjundia dramática a causa de los buenos diálogos que enfatizan la anécdota demodo espectacular. Teatro de la imaginación. Es la inolvidable Ethel, la hermana de Guillermo, y sus engominados y D O M I C I L I O SOCIAL S E RRANO, 61 2 8006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 160 pueriles adoradores. El proceso de afirmación de Ethel, como tipo, se produce por la insistencia de la tuoche a lo largo de toda la vida de Guillermo, en una de las situaciones novelísticas más irregulares y más chuscas: el desprecio a una hermana. Es también la galdosiana doña Benita a todo lo largo de la saga Celia- Cuchifritín- Matonkiki. Otro conmovedor personaje que, por medio de ese toque, reiterativo pero espaciado, logra establecerse como concepto: la arcana y sabia bondad de una vieja sierva. Una gran consentidora de la imaginación infantil, que colabora con ella, introduciendo además otra nota de sanchopancismo popular que, generalmente, produce el chiste, como digo de fina enjundia galdosiana y hasta cervantina. Así como Guillermo Brown reduce sus aventuras a la exigüidad de la colonia de hotelitos en lá que vivie- los grandes viajes de Guillermo son interiores- los personajes de Fortún cambian a menudo de residencia. Los padres de Guillermo son del mas cómico conformismo paternalista. También su borrosidad reiterada hace de ellos dos tipos encantadores. Los padres de Celia y Cuchifritín forman una bella p a r e j a de s u t i l e s inadaptados al antiguo régimen, en el que han nacido, y se dibujan dramáticamente como una pareja cinematográfica de los años treinta. El valor carcelario dado al entorno físico opresivo y cotidiano de Guillermo es opuesto a esa posibilidad de evasión real que Elena Fortún ofrece a sus héroes cambiándolos de lugar. Con ello logra también contrastes ambientales entre Madrid- entendido de forma europea como gran ciudad, más con el substrato sabroso de sus elementos populares: criadas, serenos, zapateros de portal, jilgueros de patio- y el clima aristocráticamente provinciano de Segovia, en casa del blasonado abuelo militar. La vida de Celia y Cuchifritín en ese entorno geográfico- social se manifiesta deliciosamente en detalles que delatan en Fortún un notable espíritu de síntesis parejo al que domina en la poesía. Con rápidas notas anecdóticas, con brevísimos diálogos, levanta el retrato familiar de Paquito, el hijo del boticario segoviano. Son de un esperpentismo líricamente mitigado. La ambientación segoviana en la obra de Elena Fortún es un inteligente documento costumbrista nada desdeñable para quien se interesa en esa rama de nuestra mejor literatura. Dichosos los niños que a su tiempo y a su hora fueron iniciados a la mágica realidad del mundo por estas dos formidables escritoras. Francisco NIEVA de la Real Academia Española FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E entero por la P r e n s a- exactamente por un artículo de El Mundo uno de los más interesantes nuevos periódicos, por obra de uno de los más interesantes periodistas españoles- que Mary Cadogan, escritora inglesa, ha publicado un censo de personajes comentados de la ejemplar serie de Guillermo Brown, la fabulosa cuanto viva figura inventada por Richmal Crompton. No dejaría de ser otra brillantísima labor que otra buena escritora española hiciese lo mismo con la saga familiar encabezada por Celia en los cuentos insuperables de Elena Fortún. (Pero, ¿por qué no un hombre? M ELENA FORTÚN Y RICHMAL CROMPTON Los años treinta de este siglo fueron la cuna ambiental de estas dos magníficas escritoras, cuyos numerosos méritos como cuentistas infantiles les da derecho a figurar igualmente en el realismo- costumbrismo. Su decantado y simple lenguaje es de un maravilloso dinamismo, sus textos están coloreados por dichos y formas de hablar que definen su tiempo de modo fotográfico y documental. Toda la gran corriente cultural de su tiempo es reseñada con distanciami nto objetivo, con una dulce ironía sobre lo que pasa en el tiempo que pasa Se diría que sólo en los géneros menores se dan los autores verdaderamente ejemplares y hasta los grandes innovadores, véase el insigne autor de Alicia y véase también a Alfred Jarry, cuya obra de colegio Ubü rey coincide en espíritu de rebeldía con el que asumen los personajes de las dos escritoras. En el sentido que sus héroes mantienen sobre la condición ubuesca de la persona mayor. En esto, su modernidad es indiscutible. Y aún hay más que decir. Son dos dialoguistas tan excelentes, tan excelentes, que coinciden en vivacidad crítica, en rotundidad expositiva- las dos- con el más brillante dramaturgo inglés de su tiempo- y eso sin querer- nada menos que con Bernard Shaw. He dicho las dos, porque Elena Fortún es una escritora profundamente europea, sus personajes, tanto Celia como Cuchifritín, como Matonkiki, son iniciados a una vida cosmopolita, al lado de su familia española de origen burgués que prefigura casi un ideal orteguiano para España. Unos españoles integrados a la cultura de su tiempo. Logra Elena Fortún una imagen de España que exalta toda su grandeza- cultural- basada en el personaje del Abuelo militar, con hijos apuestos y progresistas y ennoblece de civismo moderno a los familiares cosmopolitas y cultivados; mejor diría informados El mismo tipo de mujer que representa la autora delata el convincente feminismo que se inició durante la Repú-