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El nuevo académico entra en el salón de sesiones acompañado de Antonio Mingóte y Gregorio Salvador Las vanguardias, en la Academia Francisco Nieva tomó posesión de su plaza de académico de la Española N I O hay conciencia, sapien I l cia, inocencia, sin culpabilidad ni perfección sin su atrocidad ni belleza sin su fealdad ni mentira que no sea otra verdad escribió Francisco Nieva como argumento esotérico de El baile de los ardientes Aún resonantes los aplausos y el éxito de esta obra en el madrileño teatro Albéniz, otra representación- también a las siete de la tarde de un LUNES 30- 4- 90 domingo- se alzaba, esta vez sobre el estrado del palacete de la Real Academia Española. Francisco Nieva, el encamador de todas las vanguardias, el revolucionario de todos los ismos el postista audaz y bohemio, el autor teatral furioso y terrible, el amigo personal de Beckett, Adamov o lonesco, enfundado en su flamante frac, comenzaba la ceremonia de su ingreso académico. Con él entraban todas las v a n g u a r d i a s en la Academia, pues como el propio Nieva subrayó: Es sano y bueno el academizarse. Si Carlos Bousoño en su discurso de contestación definió el teatro de Nieva como una monstruosa sensualidad curvilínea, una seducción, un ambiente de ambigüedades de dicción, un coro de rebeldía contra el correoso convencionalismo y su maldad soterrada el nuevo académico subrayaba que: El que no se academiza, lo mismo fuera que dentro de la Academia es porque no puede. La del domingo fue una fiesta teatral y literaria. Una fiesta llena de caras famosas en un ambiente grato y distendido, de estreno de función que se augura con éxito. A las seis menos veinticinco de la tarde ya andaban algunos tempraneros esperando. Hay una primera ABC 121