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Guijarro: Entre herencia y modernidad f O R Qué Antonio GuijaJ WJ rro sale indemne- l i Kj I bre- de la contienda entre vanguardia y retaguardia que se mantiene en los últimos años? Porque entre los dos talantes tradicionales (experimentar, mantener) hubo siempre una tercera vía, y ésta es la de personalizarse al margen de uno y otro, sin pompierizarse, que es a lo que fatalmente se condenan novedosos conservadores. Guijarro, como bien dice José Hierro, ha ido a su aire, sin enrolarse en las corrientes de moda. Pudo hacerlo, porque dominio de la expresión plástica no le falta. Pero quería ser él mismo. No es que viviese fuera de la realidad: miraba, tocaba, olía lo que se producía a su alrededor. No obstante, su reino no era de aquel mundo. Inventaba espacios azules que no llegaban a desvanecerse gracias al riguroso esqueleto geométrico invisible bajo la carne sensual No enrolarse en la corriente le ha deparado, con efímeros e intencionados olvidos, la fortuna de ser uno de los pintores más originales y significativos de su tiempo. Su. figuGalería Biosca Genova, 11 Marzo De 600.000 a 4.500.000 pesetas ración, abstraída plásticamente del natural, es tal vez la síntesis más perfecta entre herencia y modernidad. Su amor al oficio- dice Ángel Crespo- le lleva a ensayar con éxito los recursos mas revolucionarios de la técnica, sin caer por ello en la facilidad, ya. que los mismos no hacen sino reforzar la dramática expresión del problema que parece preocuparle obsesivamente: la cor ducta extraña de los hombres. Sin caer en la facilidad. Sin reiterar un único cuadro, que es lo que suelen hacer los productores de pintura. Hay en su obra, claro que sí, unidad, pero nunca uniformidad, y el parentesco que se advierte entre sus cuadros es, en definitiva, lo que se llama estilo, expresión individualizada. Pero cada cuadro se ofrece desde sí mismo, sólo es idéntico a sí mismo, cierto que relacionado formal y colorísticamente con los demás. He pensado siempre que en la obra de Antonio Guijarro se recupera (recupera la pintura española) aquel don preclaro que en otros tiempos se llamó elegancia. A. M. CAMPOY Canto de amor del urogallo Maestro Palmero Salón Cano Paseo del Prado, 26 Marzo Rubén Albornoz Galería Infantas Infantas, 19 Hasta el 23 de marzo De 35.000 a 220.000 pesetas E L secreto del revival de la pintura del siglo XIX no es, ni siquiera en última instancia, el del depurado oficio en que se ofrece, sino el de su poder evocador, casi un eros en la memoria hereditaria de Europa, pues es toda una belle époque la que surge de esa p i n t u r a como una revancha del tranquilo pasado sobre el presente inquieto y tan azaroso. Y es este élan evocador el que hace tan deseada la visión retrospectiva de Maestro Palmero, en cuya obra re Saint Germain des Pres viven los escenarios que mostraron los días más bellos ca ya identificada con la felicidad y de París, cuyo encanto transmitido la alegría de vivir, devolviéndoles a forma ya parte imprescindible de París su aire de los días de Carnot, aquella imagen europea que emcuando Debussy estrena La priblematizó la segunda mitad del mavera y a Madrid, el aire confiaventuroso siglo del buen tono. do de la Restauración. Una fidedigMaestro Palmero, inteligentemente na recherche du temps perdu documentado, revive a la luz local ésta de Maestro Palmero. de París (de Madrid también) las inolvidables estampas de una époA. M. C. 142 A B C R UBÉN Albornoz Lombardo, argentino (bonaerense del Palermo que empapa de nostalgia la memoria de Bórges) de ojos acostumbrados a la verde infinitud de la Pampa, a los abiertos horizontes de Mar del Plata, ha sido, para sorpresa nuestra, uno de los pintores que más ávida y entrañablemente han sabido mirar este Madrid que lo retiene ya años y del que no sabe ni siquiera escapar. Su Madrid (sus Madriles mejor) van del mediodía lu Plaza Mayor, filatélicos minoso a la alta madrugada, amantes horas madrileñas que él sorprende en las calles Que es, además, pintor de esplénque guardan todavía su encanto didos retratos, experto copista de gáldosiano, de las que se convierte los grandes del Museo del Prado, en rendido, plástico traductor. Sus pintor que auxilia su inspiración escenas costumbristas se han in- con una técnica rigurosa y depuracorporado ya al mejor repertorio de da. Reencontrar el mundo de Rulo madrileñista, y no puede hablar- bén Albornoz es reencontrar lo se de la imagen de Madrid sin pen- más característico de Madrid. sar en Rubén Albornoz Lombardo. A. M. C. JUEVES 15- 3- 90