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vine Cine de La Flor 74 A B C VIERNES 5- 1- 89 La muerte en vacaciones Recuerdo una vieja película interpretada por Frederic March, que vi de niño en el Cine Pardiñas- hoy Alcalá- y que se titulaba La muerte en vacaciones Me impresionó muchísimo: la Muerte- vestida de frac o con pantalones de golf- pasaba una semana en una bonita casa de campo de Inglaterra y se enamoraba de la rubia hija de los dueños, que correspondía a aquel sentimiento- no olvidemos que la Muerte era el mismísimo Frederic March- hasta que, bailando un vals, se la llevaba a su oscuro Reino. Durante aquellos siete días, para asombro del mundo, nadie moría en la tierra. Creo que el título estaba equivocado: no era La muerte en vacaciones que en tiempo de vacaciones estamos todos, los que trabajamos y los que disfrutamos del descanso, los enfermos y los mismos que mueren: era- más justamente- la muerte de vacaciones, ya que el inevitable personaje se concedía la pausa de una semana en su terrible tarea. Por desgracia, estos días- y no me refiero a atroces genocidios, fusilamiento de tiranos o guerras indeseables- la Muerte ha estado presente en vacaciones, pero- por desgracia- no de vacaciones. Se ha llevado lo que se tenía que llevar: a un viejo glorioso, inimitable y mil veces imitado, Samuel Beckett, por razón de vida, que es uno de los paradójicos derechos de la Destructora. A una mujer enferma y rota, ignoro si resignada o rebelde, dueña, en tiempos no muy lejanos, primero de su belleza y luego de su arte: Silvana Mangano. Y a una chica, de apariencia endeble, pero llena de fuerza, que no tenía ningún motivo para abandonar este perro mundo: Inma de Santis. No ha sido mala cosecha para una muerte en vacaciones. Silvana Mangano- celosamente guardada por batallones de censores- fue uno de los símbolos sexuales de la reprimida adolescencia de la posguerra, años más o menos. De Arroz amargo sólo queda, y mucho queda, aquel par de piernas embutidas en malignas medias, chapoteando en los arrozales de Italia, y la mirada de la moza. De Ana el baión, que traspasó los límites de la censura, porque aquella era una película de monjas y de una especialmente arrepentida, que antes había hecho trepidar a los pecadores que abarrotaban la sala, que en muchos sitios- -yo lo he visto en Tenerife- se paraba la proyección de la película tras el baile de Silvana Mangano y, entre los aplausos del público, se repetía. Después, aquello ya no interesaba, porque de monjas estábamos bien servidos. Y por fin, la madurez de la actriz, Ojos negros de un director soviético, que quizá la entendió como nadie. Y su muerte en Madrid- e n vacaciones- triste honor que nos hemos reservado en esta ciudad, que ella eligió, quizá sabiendo que era la última. Inma de Santis murió- otra- vez en vacaciones- en el desierto del Sahara por no atropellar a un zorro, que seguramente no volvió la cabeza. Es una muerte generosa, pero inútil: miles de automovilistas conocen la mala sensación de atrepellar a un perro, incluso a un conejo, o de esquivar a un lagarto: ese gesto instintivo, pero también noble y rumboso, de evitar la muerte del que se cruza ha sido causa- y seguirá siéndolo- de muchas tragedias en la carretera. Los ojos de Inma de Santis, tan bonitos, tan inteligentes y tan vivos, no quisieron ver un zorro despanzurrado y se encontraron, segundos después, en la oscuridad, o en la luz. Yo confío en que Inma de Santis, inolvidable y graciosa, encontrara allí mismo a Frederic March, porque no es igual morir en una carretera polvorienta que bailando un vals en vacaciones. Jaime de ARMIÑÁN Estreno Los fantasmas no pueden hacerlo José Arenas John Derek no se ha resignado nunca a ser una imitación de realizador de spots publicitarios, a pesar de tener a sus espaldas títulos tan poco apreciables artísticamente como Tarzán, el hombre mono o Bolero aunque, todo hay que decirlo, sean tremendamente edificantes gracias a la presencia de su mujer, la 10 Bo Derek. Estos días vuelve a intentar la aventura cinematográfica teniendo otra vez a Bo como protagonista. John es el director, opera- Testigo azul El director Francisco Rodríguez nos presenta en Testigo azul subitulada Alucinema una historia de intriga y suspense a la española, entre la realidad y la imaginación, llevando a la mente del protagonista la duda sobre su propio equilibrio psíquico. Vida y muerte, humor y sarcasmo sobre la condición humana. Para sacarnos de tan tremendas dudas, Francisco Rodríguez ha contado con un reparto formado por Agustín González, Conchita Montes, Luis Suárez, Antonio Gamero y la colaboración especial de Victoria Vera. Día 8, estreno. Cines Aragón (Alcalá, 334 S 267 54 52) España Cinema (General Ricardos, 4. S 269 56 70) Excelsior (Avda. Albufera, 43. 433 71 14) y Lido (Bravo Murillo, 200. 270 24 13) dor y autor de la nueva comedia Los fantasmas no pueden hacerlo y su rubia esposa, la productora. Al igual que anteriores ocasiones, la pareja ha filmado en lugares exóticos, lejos de Holywood: Tarzán fue filmada en las selvas de África y Bolero en media España. Los dos han formado un equipo que ha conseguido hasta ahora unos espléndidos resultados. Con el significativo título de Los fantasmas no pueden hacerlo la pareja asegura querer hacer olvidar que los guiones de los filmes con Bo dentro están destinados a justificar tórridas escenas de sexo, fotografiadas, eso s í con d e s p l i e g u e de flous y contraluces. La historia es la siguiente: Bo es Kate, una amante viuda que intenta ayudar a su recientemente falleció marido a encontrar a otro hombre, a ser posible con cuerpo de adonis, para que el alma del difunto pueda entrar en su cuerpo. Día 11, estreno. Cines Palacio de la Prensa (Plaza del Callao, 4. Tel. 5219900) Velázquez (Velázquez, 85. T e l 4313467) Montera (Montera, 42. Tel. 5229816) Victoria (Francisco Silvela, 48. Tel. 2555416)