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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 3 NOVIEMBRE 1989 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC LOS MITOS oye cien veces que es de noche, aunque el sol luzca, se acaba creyendo que se está en las tinieblas. Y, por primera vez en toda la Historia, los recursos de la comunicación permiten esa repetición de manera que alcance a ciertos o acaso miles de millones de personas, a una inmensa porción de la Humanidad. En el riguroso presente, ante nuestros ojos, se está produciendo el descrédito de ese mito. Por qué esto ocurre ahora y no hace diez, veinte o treinta años es una cuestión del mayor interés, pero que nos llevaría demasiado lejos. El hecho es que ha empezado la revisión, seguida de abandono en lo decisivo, de ese mito (el que algunos no se hayan enterado y sigan proponiéndolo, por ejemplo en España, y hasta con algún éxito, es cuestión que merece atención) Consecuencia de esa situación ha sido, y todavía sigue siendo, lo más grave que ha sobrevenido a la convivencia europea en la segunda mitad del siglo: el telón de acero, la incomunicabilidad, voluntaria y unilateral, de las dos mitades de Europa; algo solamente comparable a lo que sucedió al Mediterráneo en el siglo Vil, tras el dominio islámico en toda su ribera meridional: lo que había sido un mundo, unido precisamente por el mar, se escindió en dos porciones aisladas, separadas por un mar intransitable. Creo que el telón de acero tiene sus días contados. Por motivos muy graves y difícilmente modificables, la vida aislada del Este europeo es ya insostenible; se va a incorporar en cierto grado al resto. Europa tendrá que contar con esa mitad y pensarla algo urgente y desacostumbrado. El desnivel económico, las diferencias sociales, el desconocimiento, todo eso va a plantear nuevos problemas a la Europa occidental, relativamente homogénea, bastante manejable, y conviene no perder de vista las dificultades que se avecinan. La desaparición de ese mito falso que ha gravitado de tal modo sobre el mundo parece un motivo de alegría. Pero su hueco es peligroso. Imagínese el enorme desplazamiento que ha tenido hasta ahora, y trátese de adivinar cuáles pueden ser las consecuencias de lo que he llamado su evaporación. No ya Europa, el mundo entero ha vivido durante más de cuarenta años bajo la amenaza de una posible guerra, que por la existencia de las armas nucleares sería de tal modo devastadora, que equivaldría al desastre universal. Hace mucho tiempo dije que había dejado de ser una posibilidad propia, algo que uno puede hacer, para convertirse en algo que le pueden DOMICILIO SOCIAL SERRANO, 61 28006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 128 S IEMPRE me ha repugnado la palabra desmitificación tan traída y llevada durante los últimos tiempos. Por varias razones. La primera porque el mito es un ingrediente decisivo de la vida humana, una de las vitaminas más incitantes y fecundas. Se entiende, el mito creador, el que podríamos llamar, en un sentido más profundo de lo que parece, verdadero En segundo lugar porque de la famosa desmitificación se ha hecho un mito, ramplón y negativo, de los que es sano eliminar. Conviene no olvidar que la palabra mito mythos en su original griego) es algo muy próximo a cuento (y no muy distante del venerable y respetable lógos que en muchos contextos tiene esa misma significación) es decir, que tiene un carácter narrativo Como la filosofía actual ha descubierto, empezando por Ortega, que la forma más plena y verdadera de la razón, la razón vital o histórica, es razón narrativa el círculo se cierra y nos lleva a una estimación, incluso racional, del mito. A condición de que realmente lo sea. Estamos asistiendo en estos años- sobre todo en estos meses- a la evaporación de uno de los mitos que han condicionado la mayor parte del siglo XX. En la Europa del Este están aconteciendo cambios de enorme importancia; no porque sean- todavía- demasiado grandes, sino porque los cambios estaban excluidos en absoluto, y el que hayan empezado significa el comienzo de una transformación que va a ser irreversible. La revolución rusa empezó en 1917, es decir, hace setenta y dos años; los habitantes de la Unión Soviética han nacido, por lo menos a la vida histórica, en la situación condicionada por ella, no han conocido otra cosa; después, desde hace más de cuarenta años, otros pueblos europeos han entrado en la órbita del comunismo y la dependencia soviética; dejemos de lado, para no complicar las cosas, lo que ha ocurrido en otros continentes. Como el comunismo ha sido la más eficaz agencia de propaganda desde Adán y Eva, sus efectos han sido desmesurados, y sería interesante hacer su balance un poco preciso. Si se enumerase lo que se ha dicho, a veces por parte de personas famosas, sobre tal asunto; si se evaluase cuánto ha influido eso en su fama, se tendría una idea más clara del mundo en que vivimos. Pues bien, ese mito, el más permanente de nuestro siglo, el que ha penetrado en más dimensiones de la vida occidental, se ha caracterizado por usar ciertos tópicos nunca probados y repetirlos incansablemente, decenio tras decenio, confiando en que la reiteración tiene un extraño poder persuasivo: cuando se hacer a uno es decir, una posibilidad del otro Si esta amenaza desaparece, ¡qué alivio, qué respiro para el mundo! Imagínense todas las consecuencias que tendría- económicas, sociales, políticas, de imagen del mundo- la integración de Europa, la eliminación de una polaridad que ha mantenido el riesgo permanente. Algo maravilloso, que empieza a aparecer en el horizonte, el final de una pesadilla. Pero esto ha significado una tensión que en alguna medida ha sido el contenido de la vida en una dimensión importante. Su desaparición podría dejar a Europa sin argumento llevarla a una especie de vida vegetativa sin proyecto. Como la pasión por la seguridad ha sido la tentación mayor- y más destructorade nuestra época, es inquietante, por muy deseable que sea, la posible desaparición de la única gran inseguridad que se cernía sobre nosotros y que no era fácil de evitar. La reducción de casi todos los resortes de la vida a lo económico, la aceptación de la uniformidad y las regulaciones, todo ello ha disminuido la tensión creadora y el atractivo de la vida en una gran parte del mundo. Si se desvanece el motivo principal de inseguridad, ¿no puede sobrevenir una especie de entropía social e histórica, una progresiva pérdida de la diferencia de potencial que es condición de la posibilidad de creación y del sabor de la vida? Hay que sustituir los mitos falsos por otros verdaderos, incitantes, que se puedan poner a prueba, que no depriman ni degraden, sino que exalten y eleven el nivel de exigencia. Sin ellos no se puede esperar nada interesante. Hay que aprovechar la energía que hasta ahora se ha invertido en ocuparse de los riesgos e intentar superarlos para algo más valioso e interesante: una empresa atractiva y no utópica, capaz de intensificar la vida y aumentar su calidad. Un mito verdadero es aquel que respeta la realidad y a la vez no se contenta con ella; que no ejerce violencia sobre lo que es, pero aspira a más; que no considera suficiente lo que existe, sino que lo ve completándose con lo que se imagina y verdaderamente se desea. Hay que partir de lo que es la verdadera unidad siempre cambiante del mundo en que vivimos, cuyo nombre es Occidente; se compone de dos lóbulos necesarios e insuficientes, llamados Europa y América, cuyo destino es su convivencia creadora, fundada en su múltiple diversidad, y su articulación con otros mundos. Éste sería el único camino que podría llevarnos a la organización social de la libertad. Julián MARÍAS de la Real Academia Española