Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
98 A B C ESPECTÁCULOS -Crítica de teatro SÁBADO 21- 10- 89 Música- La solfa de Maribel y la extraña familia de Mihura, con solfa superpuesta Título: Wlaribei y la extraña familia Autor: Migue Mihura. Dirección: Emilio Fernández. Música y canciones: Luis Mando y Bernardo Fuster. Coreografía: Roberto Daste. Intérpretes: Aurora Redondo, Mari Carmen Prendes, Iñaki Miramón, Magüi Mira, Gabriel Latorre, Paloma Paso, Anabel Alonso, Pilar Bardem, Fernando Ranzanz, Silvia Casanova, Roberto Díaz. Centro Cultural de la Villa. Agustín Bertomeu, VII premio Reina Sofía de Composición 1989 Madrid. Antonio Fernández- Cid Acaba de otorgarse ei premio de composición Reina Sofía, correspondiente a 1989, que patrocina la Fundación Ferrer Saiat. Su presidente y generoso padrino dio cuenta dei fallo en presencia de los patronos, duque de Alba, marqués de ¡a Vega inclán y Joaquín Rodrigo; los miembros dei jurado, Narcis Bonet, que lo presidió; José Peris, Francisco Cano, José Luis Turina, Agustín Charles y el secretario, con voz y sin voto, Miguel Ángel Coria, director de la Fundación. Con asistencia de críticos musicales y representantes de revistas especializadas y medios de comunicación, del delegado de la Sinfónica de RTVE y la esposa del galardonado, se informó dei nombre de éste, el compositor alicantino Agustín Bertomeu, que obtuvo ei premio por su Concierto para violonchelo y orquesta Habló Carlos Ferrer Salat para agradecer presencias y colaboraciones y subrayar que vivía por séptima vez la jornada más feliz del año respectivo, por cuanto nada le alegraba más que esta ayuda y promoción a un creador musical, la visión espiritual más elevada de un ser humano. Le siguieron en el uso de la palabra Miguel Ángel Coria, como director de la Fundación, por el que supimos que se habían presentado veintinueve partituras y que abundó en los términos de su antecesor, y Narcis Bonet, actual director de la Escuela Normal de París y del Conservatorio de Fontainebleau, ahora presidente del jurado, para precisar que si otras veces ei premio había recaído en obras de jóvenes, en ésta se destacaba, sí, la calidad de la composición, pero también toda la historia de un músico al que él mismo recordaba haber premiado más de veinte años atrás en su época de secretario técnico de la Sinfónica de RTVE por su Museo del Prado Resaltó que se trataba de una obra de compositor auténtico en época en la que muchos descomponen; como un fruto de buen artesano al servicio del arte. Después, en el cambio de impresiones y coloquio, supimos por José Peris que se trata de una partitura bien construida, para solista y gran orquesta, sin salidas de tono, acreditativa de sólida formación. Por el mismo autor, que manifestó su alegría y gratitud emocionada, se procuró hacer música de signo contemporáneo, sin extravagancias, pero bien sonante. La obra es coherente, sin especulaciones gráficas, pensada y escrita para el premio, con duración de unos treinta minutos, que discurren sin interrupción. El duque de Alba, en su doble condición de patrono de la Fundación y académico de Bellas Artes, quiso rendir el homenaje más oportuno y justo a la memoria de quien había sido ambas cosas: el maestro Ernesto Halffter, cuyo fallecimiento habíamos recordado en reciente sesión necrológica de la Academia. En todos había satisfacción por la buena marcha del premio y la jerarquía y prestigio del destinatario: un día músico castrense, de formación sólida, director de bandas y familiarizado con repertorios pretéritos y contrapuntismos en su etapa al frente de la Polifónica pontevedresa. Un compositor y director de clase que justifica una confiada espera del estreno en comienzos del otoño de 1990. Diez años hace ya que, cojeando un poquito v sin decir palabra, se fue Miguel Mihura, aquei gran talento de nuestro teatro de posguerra. De ahí que el Centro Cultural de la Villa, que dirige Guirau, elija un montaje de Emilio Fernández, que lo dirigió antes, el de la comedia Maribel y la extraña familia estrenada en el teatro Beatriz treinta años antes, en 1959, como arranque ce una semana de homenaje a! vautor, que se ceMiguel Mihura lebrará en noviembre. Emilio Fernández, con quien el crítico no ha tendió la ocasión, siempre agradable, de hablar, debe de haber pensado que aunque un tango famoso diga que veinte años no son nada, treinta son muchos para una comedia, aunque sea de humor. En consecuencia, digo yo, ha decidido, como Marsillach suele hacer con Lope o Calderón, que hay que modernizar, actualizar el texto. A tal fin, ¿por qué no convertir la comedia en un musical? El precedente ya existía y creo que era conocido, puesto que se cuenta, por el culto, cuidadoso -director: En Viena, allá por ei 67, un teatro musical representaba con éxito positivo Maribel y la extraña familia convertido en opereta. Luis Calvo, eminente crítico teatral, egoístamente retirado, lo ha dicho. Emilio Fernández, pues, sin llegar a la opereta introduce unos cantables, incluso graciosamente bailables en las situaciones de carácter lírico, que, sagazmente, espiga en el texto original. El resultado, ¡ay! es malo. Frases deliciosas del autor se desvanencen en el play- back Situaciones tornasoladas en las que la acuidad, la ternura de Mihura, pirograba con palabras de seda la condición de las putitas que tan bien conoció- años cuarenta- -en Acuarium, aquel precioso café decorado por un Banco en la c Alcalá se diluyen porque nuestros actores no son cantantes como los norteamericanos y lo hacen mal, sin excepción. Fallido el intento musicalizador, Emilio Fernández incurre- y lo siento- en otro error. El de considerar que una pieza cómica requiere que todo sea cómico. Así, está pasado Latorre- ilustre apellido teatral- en el doctor Roldan y están pasadas de indumentaria, sobre todo en el segundo acto, las putitas, que incluso hoy resultarían increíbles en la esquina de Desengaño o en la de Montera- Caballero de Gracia, incluso para la confiada inocencia de doña Paula y doña Matilde. Al ser desorbitada la acción, los matices- e l arte de Mihura era un arte de matices desaparecen. Todo resulta forzado. El teatro no aspira a la realidad. Crea una realidad que le es propia. Pero una y otra han de mante- ner sutiles relaciones. Al no ser así, el homenaje a Mihura queda dudoso Lo disminuye. La obra es mucho mejor que su representación. Olvidemos ei ámbito escenográfico, que recuerda mucho a aquel del montaje de Eloísa está debajo de un almendro la estupenda invención de Jardiel Poncela. En esa proliferación de muebles que hace pensar en lonesco, cuando ios modos de Mihura eran mucho más verbales que visuales, brilla la encantadora facilidad, la inocencia que los años, curiosa paradoja, han dado al arte de Aurora Redondo. Su doña Paula es una delicia, aunque la hagan bailar un rock Alcanza unos puntos por encima de la verdad de su personaje la doña Matilde de una actriz de tan natural vis cómica como es Mari Carmen Prendes. También está pasada en el vestuario- ¡cuanto pompis! -Magüi Mira, a la que la mismísima inocencia del Paraíso reconocería como enfermera del amor lo que hace más que inocentes tontos a Marcelino, su mamá y su tiíta. Sin embargo, la fuerza de la actriz alcanza altos niveles en su arte de expresar emociones sin hablar, cuando oye, y bastaría paliar algunos excesos para lograr una Maribel sentimental, dulce, entrañable y, en el fondo, honesta. Las tres chicas están graciosas. Eso sí, pasadas. Los números musicales, flojitos, rompen siempre la unidad de estilo que el original tiene. El ámbito escénico, ya se ha dicho, mete demasiado aire, hincha el domicilio, que debería ser medio burgués y anticuado, de la familia chocolatera. No obstante, la fuerza coloquial de Mihura opera hoy su magia como hace seis lustros. Sólo queda exagerada la desproporción necesaria entre la confianza y la malicia, entre la inocencia y el sentido de la culpa. Acaso se deba a que el mundo ha cambiado y ya ni las señoras candidas ni las rabizas preocupadas se parecen a las que conoció Miguel Mihura. La poesía esencial, el mensaje de ironía y ternura del autor, pasa a través de tantos prismas innecesarias. Al fin y al cabo, prevalece. Crítica de unos Nnoh Una caída de líneas en el párrafo tercero de mi crítica de ayer, jueves 19, ha causado una grave mutilación y pérdida de sentido a unas notas que considero importantes para la comprensión del resto del texto. En mis folios, el párrafo era así: Dos piezas constituyen la sesión. La primera, titulada Sotoba Komachi traducido como La vieja y el poeta fue montada en Tokio en febrero de 1952 por Nagaoka Teruko. La segunda, Hanjo traducida como La loca del abanico etcétera L. L. S. DECORADORA O SIMILAR 28- 35 AÑOS, LINEA CLASICA Tels. 276 15 51, 650 51 36