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SÁBADO 21- 10- 89 ESPECTÁCULOS ABC. pág. 97 Brillante Hamlet equidistante entre Arqueología y mixtificación Título: Hamlet de William Shakespeare. Versión: Vicente Molina Foix. Dirección: José Carlos Plaza. Escenografía: Gerardo Vera. Música: Mariano Díaz. Iluminación: José Luis Rodríguez. Intérpretes: José Luis Gómez, Ana Belén, Rafael Alonso, Alberto Closas, Berta Riaza, Chema Muñoz, Gabriel Garbisu, Josu Ormaeche, y Joaquín Notario, Fernando Sansegundo, Alberto de Miguel, Tony Cantó, Alberto de Miguel, Amparo Pascual, Roberto Enriquez, Raúl Pazos. Montaje del Centro Dramático Nacional en el Teatro María Guerrero. ahí el dilema Esa es la opción es la variante menos bella. Opción no estaba en el vocabulario de Góngora ni en el de Cervantes. No añade ni facilidad, ni gusto, ni utilidad mayor que las anteriores versiones del famoso Ihat is the question -José Carlos Plaza inicia seriamente su etapa como director del Centro Dramático Nacional con el serio montaje de una obra maestra entre las obras de Shakespeare: Hamlet El criterio parece claro: respeto al texto, respeto al contenido profundo, histórico, de la obra dentro de una actualización sobria del lenguaje y de una aplicación precisa de los elementos técnicos a la continuidad narrativa sin traicionar la estructura dramática, ni alterar caprichosamente el mensaje, el sentido de la tragedia histórica que formulaba el autor en cuanto a la creación dramática de su obra. Naturalmente, las circunstancias han cambiado desde la agitación social, política, que rodeaba a la tragedia de Hamlet en 1601, fecha de su estreno. Nadie hará ya las aproximaciones que el público londinense podía hacer en aquel momento, ni eso es necesario. Hamlet entonces era un personaje inmediato, los sucesos estaban, a otra escala, próximos y en la calle. Ahora Hamlet es ya un mito. Quizá el de la indecisión y su destino, como el de Ofelia, como el del usurpador y lascivo rey Claudio y el de Gertrudiss, la reina incestuosa, está fijado. Es invariable. Una versión nueva, un montaje nuevo, se bastardean en tanto cuanto personajes y sucesos sean vistos y juzgados según criterios de hoy. José Carlos Plaza ha detenido sus innovaciones en los límites estrictos de una voluntad equidistante entre la arqueología y la mixtificación. Molina Fóix ha limado del texto lo que en el árbol frondoso de la prosa o la poesía de Shakespeare puede ser aliviado sin mutilar caracteres, sin trivializar situaciones. Quizá se haya extremado un tanto en evitar las cuatro o cinco grandes frases que están en todas las antologías, que son las pildoras útimas en que la capacidad poética de Shakespeare ha sido condensada por los siglos. No hacía falta. Iniciar el famoso monólogo de Hamlet en la primera escena del tercer acto, que en el montaje aparece a finales de la primera parte, haciendo decir al meditabundo príncipe Ser o no ser, esa es la opción es, simplemente un capricho más en la muy variable traducción del famoso verso To be, or not to be, that is the question Prescindiendo de las primeras traducciones de don Ramón de la Cruz en 1770 y de Moratín en 1794, Astrana Marín, riguroso traductor mas dado a la precisión literia que a la recreación poética, escribió: Ser o no ser: he aquí el promblma. Madariaga, más libremente, dijo: ser o no ser: De eso se trata en suma Alvaro Custidio en un valioso trabajo, esa es la alternativa y, por no citar más, la Fundación Instituto Shakespeare en su preciosa edición de hace unas semanas, he Se cita como sólo botón de muestra. Otras frases consagradas por el uso han sido así inmoladas al placer de personalizar lo que ya es un bien mostrenco de diamantes verbales en el tesoro shakespeariano. Eso no impide que el texto de Molina Foix suene bien casi siempre, que los pedruscos innecesarios sean pocos y que algunas libertades de estructura funcionen perfectamente, acerquen en algún grado la continuidad teatral that s the question Es como si se plantara toda una encina en un valioso tiesto hecho solamente para recibir flores amables en su interior; las raíces del árbol se expanden y rompen el recipiente. Así explica Goethe el drama que desarrolla una gran acción sobre un espíritu no preparado para ejecutarla. Es el drama de Hamlet que no sólo consiste en la fragmentación de su personalidad como la porcelana de una vasija, sino que su fracaso, su incapacidad de decidir salpica a todos. Su conflicto es también una reflexión sobre la repercusión de un acto fallido individual sobre la colectividad. La duda sobre el carácter objetivo de la existencia fue una preocupación renacentista que Descartes, en el diecisiete, formuló y que en nuestro Barroco produjo esa obra maestra de La vida es sueño Sheakespeare utiliza un héroe de leyenda para convertirlo en personaje individualizado y explicar su relación con la historia. El personaje es la pasión y la Historia el destino. Hamlet desvela las insuficiencias de una época para contener un espíritu atemporal y calmar su sed de absoluto. ¡El tiempo se ha salido de sus quicios! ¡Ay de mí nacido para volverlo a ellos! Cómo probar su pertenencia en la contemporaneidad si no es por medio de una acción que exprese su existencia y la reafirme. Ana ROSETTI antigua a la continuidad dinámica y simultáneamente que la semiótica del teatro ha adoptado del lenguaje cinematográfico. Un combinado de grandes paneles móviles ensentido vertical permite a la escenografía de Vera servir con un ritmo tranquilo, poderoso, las necesidades espaciales y temporales de una historia cuyos sucesos se escalonan durante varios meses para desembocar en su desenlace sangriento. La música subraya esos movimientos que en ningún momento se trata de disimular y formar así un buen acompañamiento sonoro y plástico de la acción. En ese doble éxito ámbito verbal- sonoro y visual, Plaza ha practicado un modo de agrupaciones muy ricas en variantes, sometidas a juegos de relieve por medio de sombras y luces llenas de plasticidad, adaptadas al tiempo de los sucesos dramáticos. Y en ese muy empastado, sólido continente de la acción, José Luis Gómez aplica su estilo peculiar a la creación de un Hamlet fingidor, astuto, temperamental tanto en su indecisión como en sus actos. Buen técnico, alcanza una riqueza de tonos y de ritmos que hace viviente, sanguíneo a una ser básicamente intelectual y atormentado. Alberto Closas reafirma su singular maduración tras una larga carrera. Dos escenas monologadas de su Claudio bastan, en una labor excelente en su conjunto, para alcanzar sendos momentos culminantes de la tragedia. Densa, encerrada en su rígida angustia y complicidad la Gertrudis de Berta Riza, siempre extraordinaria actriz. Excelente sin subir al climax poético de Ofelia, que es la locura, Ana Belén felizmente recuperada para los escenarios dramáticos. El veterano Rafael Alonso hace el mejor Apolonio que el crítico ha visto en los últimos cincuenta años dentro y fuera de nuestras fronteras. Muy notable el Horacio de Chema Muñoz, cuya escena final da la decisiva temperatura del trágico desenlace. Ajustados a sus cometidos Ormaeche, Garbisu. Canto de lo que resulta una composición total grave, directa, de suave ondulación ajustada al desarrollo del acontecimiento teatral. En suma, un Hamlet brillante, ordenado. Un espectáculo que reintegra nobleza y eficacia al gran melodrama clásico, al rictus cruel y angutioso que produce entorno así, un alma sensible y malherida, la de Hamlet en el seno de un corte corrompida en su cuna y atormentada por una situación social y dinástica que marca una época conflictiva de la historia de Inglaterra. Lorenzo LÓPEZ SANCHO