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IV ABC ABC 21 octubre 1989 Poesía -Novela- Niebla firme José Luis V. Ferr Saturno Arantxa Urretabizkaia Edi. Alfaguara. Madrid, 1989 137 páginas. 900 pesetas Poesía Hiperión. Madrid, 1989. 60 páginas. 750 pesetas EL hombre mediterráneo- y José Luis V. Ferris lo es- le sienta bien aquel concepto orteguiano que distingue entre ver claro y sentir intensamente. Pues una niebla firme -y de ahí el título de este libro- avanza sobre su contemplación amorosa i y la invade de una deli- j rante atmósfera de belleza y de irradiación l cordial que borra los perfiles demasiado exactos de las cosas. Ferris mantiene- ciertamente- la inmediata parafernalia erótica. Pero siempre en plano distinto al romanticismo mostrenco. Ferris utili- José Luis V. Ferris za un lenguaje connotado con la fisiología, mas traspasado por una iluminación que nada tiene que ver con los símbolos al uso. Este poemario, Niebla firme que viene a seguido de Piélago y de Cetro de cal casi sin solución de continuidad, es ya uno de los máximos exponentes de la joven lírica española y, sin discusión, una caligrafía diferente en la renovada lírica amorosa. Para valorarlo en su justa medida, hay que señalar que Ferris ve claro a través de las lágrimas, porque la pasión incluye en su caso un más profundo conocimiento. Alguien ha hablado de conocimiento iniciático distorsionando el equilibrado fluir de una lírica sabia, de una lírica estéticamente deslumbrante. Lo iniciático destruye la emoción- o la solapa al menos- con pérdida de una significación genuina. Ferris, por el contrario, nunca pierde de vista la realidad. Incluso diríamos que parte de la hiperrealidad (cuerpos desnudos, labios fe- A Este poemario es uno de los máximos exponentes de la joven lírica española y, sin discusión, una caligrafía diferente en la renovada lírica amorosa. Ferris ve claro a través de las lágrimas, porque la pasión incluye en su caso un más profundo conocimiento bricitantes, sexos y muslos, en una teoría erótica evidentemente trascendida) pero nunca se deja coartar por ella. La realidad objetiva- lo ha confesado él mismo- es un puro pretexto. El poeta alicantino sólo se siente esclavo de la emoción. Y en sus tres poemarios publicados no sólo sublima, sino que sustancia en una decatación primorosa la experiencia poética. Todo lo cual no ciega el esplendor de su palabra. Todo ello no es capaz de apresar las alas de su voz libre. El joven poeta se declara feudatario de Claudio Rodríguez. Y no a humo de pajas. Ferris se acerca de algún modo al profetismo del lírico zamorano, únicamente en su capacidad disémica y alegórica, puesto que su instrumental verbal y lingüístico reconoce otro origen. Una más ordenada relación entre lógica y poética, entre lo objetivo y lo subjetivo, ahorra saltos intermedios. De ahí esa sensación de fluencia tan inimitablemente servida con un ritmo feliz, una enorme unción para nombrar, y la elegancia invitada como puntual musa. Por alguna esquina de estos poemas- algo que se hizo patente en Piélago y Cetro de cal -asoma el relampagueante léxico que hizo circular Blanca Andréu. El soporte de discurso en Ferris es muy denso, sin embargo. Y la autonomía de su voz se atiene más que a estímulos coyunturales, a un poso vital existencialmente más consciente, pese a todo. José Luis V. Ferris es, por lo mismo, un poeta reflexivo, en primera instancia. Es lo que da contenido a su mensaje e intensidad a su lenguaje. Mensaje y lenguaje cuyas significaciones no terminan en el nivel inmediato del dato cordial o de la palabra, sino que nos introducen en un ámbito del que el poeta tiene todos los resortes. Eso es lo que le lleva al gran calado de su poesía, que no es otro que su extraordinaria potencia formal y expresiva. Niebla firme confirma la calidad de sus libros anteriores y enfila hacia su definitiva trayectoria: la extraña pero maravillosa aleación de la ternura que acierta a encontrar debajo de los signos y de las imágenes que soportan el peso de la pasión, la conciencia de sus límites. Todo poeta reescribe el mundo y lo somete a su propio orden. Está claro que José Luis V. Ferris lo es por su capacidad para desbaratar las leyes y de adentrarse por las vastas llanuras de la sangre. El amor rigen sin duda con su devastadora conmoción, su universo, del que quedan abolidos los rictus y los tics de tanta mitología erótica. La primera parte de Niebla firme con poemas tan logrados como Yo he sido el habitante más firme de tu cuerpo Debajo de los signos o Última guardia la celeste carne de la mujer comparece como una pulpa lista para el combate. Es en El círculo en la niebla -la parte central y unitaria- donde instala el amor como celebración y rito, porque la memoria trabaja con sus sugestiones un material emotivo, en estado de imaginación y aun de incendio. En realidad en ese estadio ya no hay códigos, sino sólo una música de Sting, o simplemente la melodía personal del poeta en trance... El equilibrio formal del poeta se justifica en la tercera parte, Variaciones sobre cuatro versos de Joan- Salvat Papasseit en donde la espiral amorosa alcanza su intensidad y su más seguro abecedario: Tú no sabes de nada y eres breve, tan breve como un ala como un día o como un sauce de agua edificado con prisa de ciudad. Desdóblate, contempla ese cuerpo tan bello que exige la mirada y sorbe de to sombra destrónate de esc o m b r o s amigo b a t e l e r o y apura lentamente esa tan dulce caída del otoño. Florencio MARTÍNEZ- RUIZ E r STA es una novela corta en la que se cuenta una corta historia de amor. Luis Sarasola, marinero donostiarra al borde de los cuarenta años, conoce, en la noche de copas anterior a su partida, a una atractiva mujer rubia y de ojos azules por la cual siente una súbita fascinación y, en su afición a la astronomía, la asocia con Saturno, a causa del airoso aniWo formado por su cabello. En la soledad del mar, el fuego de la aparición de Maite se aviva aún más en la imaginación de Luis. A su regreso, vivirán una breve historia de amor, tempranamente amenazada por el hábito de la bebida del marino y la amarga experiencia matrimonial de la enfermera con un periodista atrapado por el alcohol. El miedo de la mujer, refractaria a repetir fracaso por el mismo camino, y la debilidad del hombre, que aplaza hasta el regreso la decisión de abandonar la bebida, constituyen indicios que ya desde la mitad de la novela anticipan el esperado fracaso final. Luis regresa, la realidad de su adicción al alcohol se impone, Maite lo descubre, y la inmediata ruptura no hace más que desatar la inseguridad del marinero y alimentar su debilidad en el propósito de enmienda sucesivamente aplazado sin atisbo de solución. Saturno es una novela de la insatisfacción y de la falta de decisión y de capacidad de entrega necesarias para asumir riesgos del compromiso requerido en toda relación de pareja. Ni el hombre aporta firmeza en su voluntad de superación ni la mujer está dispuesta a reincidir en segundas oportunidades. Para Luis, el mar es su espacio de soledad, y el telescopio con el que mira al cielo y los amigos con quienes se va de copas constituyen sendos medios de evasión de una realidad que, a la postre, impone su tiranía. De Maite sólo conocemos su decisión inquebrantable de rechazar nuevos peligros. La flaqueza de uno y los miedos de otra destruyen una fugaz historia de amor con buenas dosis de ternura y poesía. La novela está construida de forma tradicional. El diseño externo presenta una división en cinco capítulos de ambientación alternante en tierra y en el mar. Un narrador omnisciente cuenta la historia en tercera persona con cuidada sobriedad de recursos acorde con la sencillez estilística apreciable en la versión castellana debida a Maite González Esnal y a la propia autora. Pero, a pesar de todo, la novela falla. Porque como narración corta es demasiado larga y como novela resulta muy breve. Un desarrollo mayor hubiera favorecido la profundización en la vida marinera del protagonista, reducida aquí a un pretexto para la distancia. Algo parecido sucede con el personaje de Maite, plano y unívoco. Falta, por tanto, un más amplio tratamiento de muchas situaciones y una mayor consideración de la identidad de los personajes principales. Aquí se ha optado por la senda de la novela corta. Lo malo es que el resultado se parece a un cuento alargado en el que bastantes páginas constituyen un peso muerto que diluye la concentración y la intensidad propias de la narración breve. Ángel BASANTA