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14 octubre 1989 ABC fíTcrarío Poesía Salvador de Madariaga Prólogo de Dámaso Alonso. Espasa Calpe Madrid, 1989. 190 páginas. 520 pesetas ABC V -Novela- En la azotea Juan Cruz Ruiz Eo 7. Mondadori. Madrid, 1989 149 páginas. 1.350 pesetas Poesía C UANDO se publicó El sueño de Oslo (1988) su cuarta novela, Juan Gruz Ruiz (Tenerife, 1948) confesaba que aquella obra había nacido de una imagen que a él se le había quedado grabada como metáfora de la soledad. Algún motivo similar puede haber sido el punto de arranque de En la azotea novela lírica como la anterior, aunque con una temática diferente. Lo que en El sueño de Oslo se cifraba en el afán de tres personajes en la huida hacia un horizonte indefinido arrastrados por el sueño de una mítica ciudad de Oslo, se ha transformado aquí en la obsesión que el narrador- protagonista de En la azotea siente por la recuperación del pasado que le ayude a remediar su soledad actual recreando la experiencia amorosa habida entre él y una azafata, a la que busca como compañera perdida de dicha relación y tácita interlocutora de su confesión en forma de carta. Solo y errante por la ciudad de Madrid, Juan, periodista que anda por los cuarenta, se sitúa en un presente narrativo que coincide con la actualidad y rememora las peripecias de su pasada relación con Laura. En la azotea es a la vez reconstrucción del espacio en el que convivieron los amantes y también evocación del espacio simbólico de la infancia. La fugaz historia de amor es golpeada por las prisas modernas, representadas en las profesiones de los amantes. De aquello perduran huellas duraderas como el olor del pelo de la amada o la lectura de algunos libros. Lo demás se diluye en la nostalgia y en la permanente proyección de los recuerdos sobre situaciones cotidianas en un empeño inútil de revivir el pasado, pero la reiteración de la despedida, el vacío y el olvido, aumentan la distancia de lo que ya sólo es un espejismo multiplicado en otras imágenes y alimentado por el poderío ilusorio de las palabras. Hay hallazgos interesantes en algunos aciertos expresivos que salpican la subjetiva rememoración fragmentaria de esta novela poemática. Pero es esto lo único que merece ser destacado. Como novela, En la azotea es un ejercicio frustrado. No se ha conseguido el equilibrio necesario entre el recuerdo y la reflexión. A veces se cae en la simple yuxtaposición de fragmentos sin la debida integración formal. No faltan incoherencias de bulto: al final de una secuencia, el narrador- protagonista afirma que no durmió en toda la noche (página 40) y en la secuencia siguiente revela que aquella noche soñó, se despertó y se adormiló de nuevo (págs. 42- 43) Proliferan los diálogos irrelevantes, sin otra función que la de relleno, como éste en el que Juan comunica por teléfono a un amigo que su azafata está de viaje: ¿Nos vemos? ¿Se ha ¡do? -Vuela. En este instante vuela. -Aquí el que no corre vuela. -No digas estupideces. -T e recojo Y abundan los momentos en que el texto se vuelve reiterativo y trivial: He llegado a este cuarto tan lleno de ti y te digo solemnemente, y te sigo solemnemente, quiero saber cómo lo digo y quiero oírme decirlo como si acabara de llegar a la tierra. Ya sé cómo decirlo. Me siento como si acabara de llegar a la tierra, nunca te querré demasiado (pág. 85) Ángel BASANTA N OS dice Dámaso Alonso en el prólogo de este libro: La amplitud de la obra poética de Salvador de Madariaga no es grande, no, pero es amplia, por estar multiplicada por su extrema variedad en cuanto a sus temas y al enfoque de los mismos y a otras causas de dispersión de que luego hablaremos algo más. Añade que en la prosa del autor, en el Madariaga prosista, había multiplicidad para producirnos asombro- e l ensayista, el filósofo, el historiador, el novelista, etcétera- Juntemos S. de Madariaga ahora todos estos aspectos en uno solo: el gran prosista de fama universal, el máximo escritor europeo, quiero decir, dedicado a pensar sobre Europa, sobre sus problemas y su destino. Pues éste era el Salvador de Madariaga que yo- como el público en general- leía, apreciaba, admiraba siempre. Dámaso Alonso, dedicado siempre a poner la piedra blanca de su crítica sobre cualquier fenómeno intelectual de verdadera importancia, lleva su brújula como tantas veces al norte de cada instante, sin miedo nunca a resultar imprevisto o paradójico, y así invita a todos a esta lectura de Salvador de Madariaga para que entren con él en esta nueva dimensión del polifacético escritor. Y nos habla de la triplicidad de lenguas en las que el autor fue poeta; más veces en español, pero muchas también en francés y en inglés, y esta antología es muestra de las tres modalidades. Para Dámaso Alonso, pluralidad lingüística es también pluralidad vital y en cada una de estas lenguas surgen emociones distintas. El propio Madariaga ha escrito: Mucho se ha fantaseado para hacer poesía en lenguas otras que la materna. No entraré ahora en el debate... Si un ser humano dispone de más de una lengua, en cada una de estas vidas puede ocurrir la emoción poética y, por tanto, la poesía. Y dice Dámaso que, contra lo que la masa pueda pensar, Madariaga, el triple Madariaga, era profundamente poeta, triplemente poeta y esencialmente poeta. Y, con su buen gusto habitual, el autor de Hijos de la ira elige en seguida una de las canciones más sutiles y de aérea andadura de Madariaga. Aquella que dice: Medianoche Esto le pido a la suerte: al nacer de la jornada, abrir los ojos y verte. Y cuando esté terminada la labor con el alma descansada por el amor cerrar los ojos y verte. Y, si la vida pasada, quiere el sino que despierte de la nada abrir los ojos y verte. Poemilla que muy bien pudiera recordar algunos de los primeros del propio Dámaso Alonso. Canción ésta de Madariaga escrita por encima de los ochenta años. Otros poemas entrarán en la antología del más diverso corte, donde el verso largo de andadura libre y abierta alternará con los romances de factura clásica y rigurosamente española. La claridad de su verso va a resplandecer siempre de manera segura, y la formalidad se unirá a la levedad de la expresión. Como ejercicio literario, encontraremos juegos y divertimentos del gran conocedor de las formas que Madariaga es, y sus experiencias nos llevarán a intentos retóricos y rítmicos de gracias bien encontradas, como el Preludio ante el mar donde los tiempos sonoros han encontrado paralelos originalísimos, y lo más asombroso es que toda esta variedad musical se cumple diríamos que exactamente, por las diferencias rítmicas del verso elegido para cada una de las partes: Andante Sherzo Lento etcétera. Son alardes de una curiosa superación técnica difícilmente alcanzable Los lugares exactos, ciudades, accidentes geográficos, referencias históricas entran en los poemas con una flexibilidad eficacísima. Son lecciones didácticas, pero sensibles, pasando por los valles estrechos entre los montes honrados... donde la tierra es de hierro y el hombre de acero... de donde vino a mis playas Minerva con Venus y el astuto Mercurio... Allí te vi tantas veces, viva y entera... pasar de un sol de fuego a una sombra de agua, rosa el corpino, clavel la falda, azahar el aliento... Como paraguas cerrados con la punta erguida y el puño en la nieve... Y aquí, sí, aparece el escritor que se engolfa en una melodía que puede hacer que el poeta aparezca y desaparezca por donde el prosista busca sus extensiones de facilidad y conocimiento más abierto. Y es en el romance donde el verso toma una mayor claridad, una mayor correspondencia con su forma castellanísima de andadura: El aroma del tomillo que destila la maleza derrama en todo mi ser como sangre tibia y d e n s a l a sensación de la vida deleitosa de la tierra o Sólo las aguas tranquilas reflejan el firmamento. Para mirar nuestra imagen un remanso buscaremos, un lago de soledad florecido de recuerdos. A veces la música ancestral se interna por las telas del romance dándole un encanto y una versatilidad que parecen arrancados de un modelo que rememoramos, pese a la originalidad que despierta el poema actual: Amor que en mi alma has vivido nunca más lo olvidaré llorando estoy en mi huerto, sin poderme contener... Sólo en sentirme tan lejos, lejos del instante aquel llorando voy en silencio sin poderme contener. Muy bien elegidos están los poemas escritos en otras lenguas, como los Extraits du poeme dramatique Le mistere de la Mappemonde et du papemonde muy del gusto de Dámaso Alonso, que una vez más acude a un poeta poco frecuentado para acercarnos a sus aguerridas y justificadas búsquedas. José GARCÍA NIETO de la Real Academia Española