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16 septiembre- 1989 A B C TíTcrarío Novela ABC VII Fuga y contrapuntos Flavia Company Montesinos. Barcelona, 1989 204 páginas. 1.700 pesetas El hombre de Madrid Pedro Molina Temboury Editorial Alfaguara. Madrid, 1989 164 páginas. 1.400 pesetas L hombre de Madrid es la tercera novela de Pedro Molina Temboury (Málaga, 1955) El autor se estrenó en el género con Madre gallina África (1985) y continuó su andadura con Ballenas (1987) crónica de una desilusión en la cual se ofrecía el testimonio del fracaso individual y colectivo de unos jóvenes en una comuna en plena naturaleza. Con El hombre de Madrid parece alejarse de aquel compromiso ético en la expresión del inconformismo vital de una generaMolina Temboury ción. Porque la nueva novela se sitúa en la literatura de espías, ya desde el mismo título alusivo a Nuestro hombre en La Habana de Graham Greene, de donde procede la cita que se antepone al relato. H AY un cuento de Antonio Muñoz Molina en el cual Alvaro Pombo descubría certeramente expresada la aporía fundamental del escritor. Se titula Te golpearé sin cólera y está incluido en el volumen Las otras vidas (1988) Su protagonista es un pintor que desvela sus afanes con estas palabras: No me basta con imaginar el paraíso: quiero vivir en él Lo cual bien puede constituir el lado amargo de un proceso que concibe el arte como medio de liberación de las limitaciones humanas. A esa absorbente relación se refiere también Fuga y contrapuntos segunda novela de Flavia Company (Buenos Aires, 1963) escritora que adoptó la nacionalidad española en 1973. Fuga y contrapuntos es una novela corta que admite varias lecturas, desde la interpretación más sencilla, como relatos de intriga en busca de un desenlace final, hasta planteamientos más complejos acerca de la lucha interior del artista entre la fidelidad a su pasión y la claudicación conducente a cómodas renuncias y entregas, pasando por la introspección psicológica de los personajes en sus relaciones de grupo y de pareja. El título es dilógico en sus dos términos, por su significación como tecnicismos musicales que designan la forma en que la novela está compuesta y por la huida del director de orquesta, con las reacciones que ello provoca en el quinteto que dirigía. La marcha de Esteban Darús, su promesa de explicar sus razones por carta en el plazo de un año y la lectura parcial y fragmentada de ésta por sus compañeros funcionan, a la vez, como recurso generador de suspensión y como fundamento de aproximación a las relaciones del artista con el arte y con quienes lo rodean. En el fondo late la radical inaprehensibilidad de los secretos del arte, cifrados aquí en un oscuro intento de apropiación del tiempo con el fin de superar las limitaciones reales, que acaban imponiéndose en las diferentes reacciones de los componentes del quinteto, incapaces de salir de su mediocridad y conformismo en su espera del ausente. Lo mejor de la novela está en su sencillez y contención estilística y en su composición sustentada en la fragmentación, la elipsis y el simultaneísmo temporal. Cinco partes divididas en capítulos muy breves agilizan la movilidad de la narración alternante y las diferentes vías de acercamiento a los personajes en grupo o por separado. Asimismo, la ductilidad del narrador omnisciente favorece su habilidad para sugerir estados de ánimo, la introspección psicológica por medio del estilo indirecto libre e incluso la transición al uso de la primera persona en diálogos y monólogos fundidos en el tejido narrativo. Los mayores defectos se encuentran en el final, con una carencia de desenlace que se acerca al escamoteo. Todo apunta a un final pero luego se hurta. Esto genera una impresión retrospectiva de que todo ha sido gratuito. A. B. E 1 contubernios de las superpotencias, redes de espionaje y contraespionaje. Pero no se profundiza en ninguno de los asuntos tratados, ni en la dimensión política de los sucesos relatados, ni en la confrontación dialéctica de ideologías meramente contrapuestas. Algo parecido se aprecia en la otra vertiente de la fábula: las relaciones entre los personajes no van más allá de unos supuestos alejados de la conflictividad a que sus situaciones podían llevarlos. Estas limitaciones de la novela bien podrían ser consecuencia de su concepción como obra menor, como simple relato de espías desarrollado por un narrador- protagonista que no es más que un fotógrafo arrastrado por los acontecimientos y que presume de no ser escritor. Ni una cosa ni otra justifican la falta de rigor selectivo en la narración de episodios irrelevantes ni la indeterminación de la peripecia de otros personajes, sobre todo de Verónica, compañera de Fausto, finalmente errante por Centroamérica con un motorista Sin embargo, a pesar de las diferencias que ello implica, el desengaño y la desilusión siguen manifestándose- aunque expresados en otro contexto- en la desorientación del atribulado narrador- protagonista, desbordado por los acontecimientos y sin amarras en que sustentar una explicación de su zarandeada peripecia entre espías, hombres al fin trabajasen para quien trabajasen, Grigori para los americanos o el americano para los rusos, una cuestión laboral que nadie se había molestado en explicarme, esa promiscuidad que me alarmaba más que cualquier otra cosa porque si yanquis y soviéticos estaban de acuerdo, entonces para quién había trabajado yo (página 154) Con las características de la novela de espías reducidas a un desarrollo mínimo, El hombre de Madrid esboza ciertos fenómenos del mundo actual con unos personajes extraídos de la realidad madrileña en una geografía cosmopolita. Fausto Diosdado es un pusilánime fotógrafo de agencia arrancado de su resignación al abandono de sus sueños de aventura por la aparición de un supuesto arquitecto ruso, Grigori Kovalenko, el cual posee una extraordinaria gama de recursos en sus variopintas aficiones y cometidos. Sin saberlo inicialmente y con veladas sospechas después, Fausto es utilizado en trabajos de espionaje que lo llevan a Gibraltar y a París. El escándalo salta cuando el diplomático- espía soviético es expulsado de España y las investigaciones posteriores acaban arruinando algunas carreras políticas y enturbiando el ambiente de una galería de arte donde Grigori había entablado sus relaciones con gentes de la política y la cultura. Sobre este eje argumental se aborda el planteamiento de algunas cuestiones actuales: problemas políticos de los dos bloques militares, movimientos pacifistas, supuestos El autor no profundiza en ninguno de los asuntos tratados ni en la dimensión política de lo relatado ni en la confrontación dialéctica de ideologías meramente contrapuestas El punto de vista de Fausto no aporta razones que justifiquen tales deficiencias, a pesar de sus constantes apelaciones al lector, lo cual da a su narración fuertes dosis de relato oral, y de sus divagaciones metanarrativas, que, por su rechazo de toda cualidad de escritor, resultan incoherentes con su figura. Y el propósito de ofrecer su versión de los hechos, ante la falta de pruebas para aviso de incautos no pasa de ser una excusa encubridora de tales deficiencias. Sí hay aciertos en las visiones irónicas del narrador- protagonista, en ciertas presentaciones distanciadas de ambientes reducidas a clichés y lugares comunes que aparecen fundidos para resolver cualquier situación anodina, por ser habitual, en pocas líneas (véanse, por ejemplo, las páginas 30 y 36) y también en la suspensión derivada de las sucesivas perspectivas en el análisis de los acontecimientos, con el lógico retardamiento de la aclaración de los mismos. Pero esto no es suficiente aval de calidad para un relato que no concluye lo poco que promete, abusa de tópicos, comodines y frases hechas, prodiga innecesarios datos de enciclopedias y guías turísticas y cae en juegos de palabras como éste: Diñase que la ciudad le importaba un pimiento y eran precisamente los pimientos rellenos la especialidad que más celebraba Ángel BASANTA