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VIERNES 1- 9- 89 ESPECTÁCULOS ABC 61 la aventura Hoy se estrena en toda España la última peripecia fílmica de Indiana Jones, el arqueólogo que emprendió su propia cruzada Trabajando con instrumentos primarios, Jones no utiliza aparatos extraños, sólo su inteligencia, habilidad e ingenio. Spielberg lo describe como un auténtico héroe del cine, un héroe del pasado, buen amante y un sinver. güenza con dos puños de acero. Y no necesariamente sale airoso de todos sus embrollos. El que sea romántico y, a la vez, un poco cínico es lo que le hace tan interesante Su valentía, indomabilidad e independencia gustan al público remata Harrison Ford. Spielberg- El diablo sobre ruedas Tiburón Encuentros en la tercera fase E. T. El im- Doctor Jones y doctor Jones, dos formas de entender la investigación perio del sol y El color púrpura esta última candidata a once Óscar- ha dado por concluidas las aventuras de su héroe preferido con Indiana Jones y la última cruzada y lo ha hecho elegantemente revelando algunas claves del personaje para la posteridad, como cuando nos deja descubrir que la espléndida cicatriz que Indiana Jones luce en la barbilla es producto de un latigazo mal dado de muchacho. Pequeños detalles de Spielberg para que el actor siga siendo recordado por el personaje aunque interprete otros papeles, aunque sea apropiándose de esa cicatriz que era propiedad de Ford desde hacía ya varias décadas. Borrón y cuanta nueva también a Hollywood, que nunca supo reconocer que gracias a Spielberg la magia del cine ha conocido las cotas más altas de popularidad, al que el director dará un soberbio portazo trasladando los estudios Amblin Entertainment, casi con total seguridad, a Miami. Indiana Jones y la última cruzada de S. Spielberg- en su estructuración pueda haber de mecánico Pero la aventura es la aventura y el juego es el juego, e Indiana Jones 3 es, ante todo, un brillante juego sobre la aventura considerada poco menos que como fin en sí misma. Se trata, en suma, de mantener no ya el interés sino la emoción, a través de las dos horas de proyección, y a fe que ello se consigue, pese al eventual desgaste del procedimiento, a la, en algún momento, subyacente referencia al otro gran héroe de aventuras más o menos reciente, James Bond, que subraya y hace evidente la presencia en el reparto de su creador, Sean Connery, convertido en esta ocasión- los años no pasan en bald e- en el padre de Harrison Ford. Posee, en cualquier caso Indiana Jones 3 el mismo ritmo trepidante de la primera entrega, idéntica imaginatividad, y no cae en el embarullamiento del filme intermedio de la serie, en el que secuencias como la de la montaña rusa llegaban a ser auténticamente mareantes. Hay de, otra parte, en el filme un sentido del humor más calibrado que el de sus precedentes, que se manifiesta en gags al borde de lo genial, como el del autógrafo de Hitler, o el del derribo del avión enemigo mediante el envío de asustadas gaviotas. Pueden ponerse, por supuesto, reparos al filme, como el de hacer gala de cierto mecanicismo y, sobre todo, el de ceder, en la secuencia final, a la tentación de ios efectos especiales al estilo de los de las películas de terror de nuevo cuño. Pero no parecen éstos importantes, ante el caudal de diversión de la mejor clase que nos brinda. Spielberg, que en esta ocasión no interviene en la producción ni en el guión, parece haberse entregado, básicamente, a un ejercicio de estilo o, si se prefiere, a una especie de poco menos que circense- l a secuencia prólogo se desarrolla, justamente, a borde de un tren que transporta un circo- más difícil todavía En efecto, se trata de llegar al límite de lo que se puede hacer con un tanque en movimiento, con un tren en marcha, con una persecución a pie, a caballo o en lancha, y hay que decir que, en este aspecto, la película llega bastante lejos, logrando asombrar a la vez que divertir, lo que no es poco para los tiempos que corren. Que los personajes- buenos o malos -sean de una sola pieza forma parte de las reglas del juego, ya que, en cualquier caso, no se pretende engañar a nadie. Los héroes lo serán de cabo a rabo, los villanos de principio a fin, aunque, en el caso de la única mujer del reparto, resulte no ser lo que parecía. Y la búsqueda del Santo Grial, con milagro incluido, se llevará a feliz término entre bromas y veras, con brillantez y perfecto ritmo- -no hay en el filme tiempos muertos, ni siquiera los aparentemente imprescindibles para dar al espectador un respiro entre emoción fuerte y emoción más fuerte- para regocijo del espectador sin prejuicios. Por último, unas palabras sobre la interpretación. Sabido es Indiana: Papá, por favor ¡ya no soy Júnior! que en este tipo de cine, en el que lo que cuenta fundamentalmente es la acción, no hay lugar para los pesonajes complejos, como ya se ha apuntado más arriba. No lo son, pues, los de la película. Pero sí cabe decir que, lo mismo Harrison Ford que el joven actor que encarna a su personaje en sus años mozos- River Phoenix- saben en todo momento establecer una distancia que, en otros tiempos, se habría calificado de brechtiana entre ellos y el espectador. Aunque, en cualquier caso, en esta ocasión quien se lleva la palma es un eminente Sean Connery, cada una de cuyas bienhumoradas miradas vale un potosí. César SANTOS FONTENLA