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XII ABC ABC Hiera río 5 agosto- 1989 La última palabra Calvert Casey, veinte años después fínales del pasado mes de mayo- creo que sin aparente memoria pública se cumplieron los veinte años de la muerte en Roma, de Calvert Casey. Un escritor de obra breve, aciago destino y oscurecida posteridadDos intensos y sorprendentes libros de relatos El regreso y Notas de un simulador que se publicaron en Barcelona en 1967 y 1969, respectivamente y que desde hace muchos años están agotados, forman, con otras páginas dispersas publicadas en Cuba, el conjunto de esta obra tan singular como olvidada. Obra berve y aciago destino, Calvert Casey, hijo de norteamericano y de cubana, que vivió años en Estados Unidos para no soportar la dictadura de Batista, regresó a Cuba con la ilusión de libertad que parecía traer la recién llegada Revolución. Allí, durante un tiempo, colaboró con el nuevo régimen, pero pronto llegarían las desavenencias. Parecería que Casey hubiera comprado todas las papeletas para que no le tocase nada en la rifa castrista era homosexual, aunque muy apegado a Cuba, era en parte norteamericano y además tenía una visión universal y antidogmática de la cultura. También era lúcido y era honesto. La batalla estaba perdida. Salió de Cuba, deambuló un poco sin brújula por el mundo y un día de espesa primavera, en su pequeño apartamento romano, decidió acabar- soledad y barbitúricos- con el peso de su historia y de su histeria. Hasta aquí, muy someramente, un resumen de su vida y su obra, pero también una pregunta ¿por qué es hoy imposible conseguir un libro de relatos como El regreso que considero una de las escasas obras verdaderamente notables de la narrativa contemporánea en castellano? ¿Por qué, entre tantos editores privados y públicos, que, en un empeño digno de mejor causa, ofenden nuestro gusto y nuestro bolsillo con ediciones de cuanta bobería se pergeña en España y fuera de ella, no han vuelto a recordar este pequeño, gran libro? Lo más curioso es que si actualmente, para una mayoría de lectores, Calvert Casey es un absoluto desconocido, no lo fue ni lo es para una significativa minoría. Aquí en España lo editó Carlos Barral, y en Italia, ítalo Calvino lo mandó traducir, escribiendo además una aguda y entusiasta presentación De La Habana nos llega uno A 7 6 de los nuevos escritores hispanoamericano más significativos. Su amigo Guillermo Cabrera Infante- entre otros textos sobre el tema- ha escrito un impresionante homenaje, ¿Quién mató a Calvert Casey? Dos escritores españoles de reconocido prestigio han publicado textos fundamentales sobre él. Uno, el profundo ensayo de María Zambrano, Calvert Casey, entre el ser y la vida donde nos da un un personalísimo retrato del hombre y de su espíritu. Otro, un emocionado y contenido- por eso más emocionanate- poema en prosa que, con el mismo título de Casey, El regreso publicó José Ángel Valente en su libro El fin de la edad de plata Y ahora que todos los viajes se funden en una sola y blanca víspera, cómo imaginar que en otros, en los muchos viajes que sin cesar se cruzan en las sendas cegadas del mismo laberinto, no habríamos de vernos. Pero entre todos los tributos a su memoria, creo que el mejor que le podemos rendir es volver a sus páginas escritas y, en especial, a las sangrantes y premonitorias de El regreso uno de los relatos más conmovedores que jamás haya leído. Como conté hace años en un poema, a Calvert Casey le vi tres veces en unos pocos días que pasó por Madrid. La última vez, la más extensa, una tarde en casa de mi madre, pude comprobar muy bien dos cosas hasta qué punto era entrañable y la medida mezcla de cultura y de vida que alentaba en su tartamudeante conversación. Al despedirnos, me regaló un libro con esta dedicatoria A J. L. P. un poco esperando con él a los bárbaros, aterrorizados. Casi un mes después, cuando me dieron la noticia de su muerte, comprendí del todo el sentido de esta frase escrita por su mano. También entendí mejor aquellas otras que escribiera Un día, la terrible conciencia que tenía de cada uno de sus actos alumbró la suma total de los actos de su vida y se quedó absorto. Mientras las releía, ya los actos y las sorpresas de Calvert Casey eran un poco de olvidada ceniza. La sombra de una sombra en un cementerio romano, donde ya no le pueden llegar estas otras palabras que le nombran. Juan LUIS PANERO V.