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K I) I T V 1) O PRENSA POR ESPAÑOLA SOCÍEDAD ANÓNIMA 19 DE JUNIO DE 1989 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ACE cincuenta años Coral Gables empezaba una vida distinta. Se habían programado burguesas urbanizaciones de casitas familiares, la mano del hombre había puesto orden en lo que aún era vegetación viciosa, y la Universidad tenía un valiente desarrollo. Hacia el mar, los hoteles crecían y albergaban a gentes que venían- y a- en busca de un reposo tranquilo o de un clima benigno. Más o menos, lo de siempre. Hoy aquellos hoteles son una lánguida presencia y las cosas han cambiado no poco. Los buenos burgueses siguen en sus urbanizaciones y la Universidad continúa su labor silenciosa. Las calles tienen aromas españoles: se llaman Córdoba o Segovia o Alhambra. Las casas conservan sus cubiertas de canales y cobijas y los árboles son una acariciante presencia: la palma real yergue su tronco liso y un penacho de pírganos y follasca tiembla en el aire tranquilo. Las támaras apuntan su frustrada madurez. Largas avenidas con parterres floridos, donde las matas hurañas defienden a los arriates de colores. Como entonces, los árboles frondosos se levantan sobre un césped cuidado y se piensa en California o se evoca a San Juan de Puerto Rico. Sin embargo, alguna columna señala la entrada de innecesarias puertas o la agresión del cemento denuncia el cambio. Pudo ser una especie de paraíso, perdido definitivamente. Porque la ciudad en seguida se vierte sobre las calles de Miami y no producen entusiasmo los rascacielos inmisericordes, ni las finanzas en manadas, ni las griterías insolidarias. Miami es tan impersonal como todas las ciudades nuevas y tan agresiva como la petulancia juvenil. Lo es ahora. ¿Lo sería hace cincuenta años? Cuando las arribadas forzosas todavía no habían varado en estas playas, ni la intrusión tenía forma de destierro. Sin embargo, junto a los grandes edificios muy llegados a menos, se encuentran casas bajas y feas y tiendas sin carácter, aunque los tenderetes de botánicas sigan vendiendo las hierbas para las santerías. (Santerías dicen a los ritos de las religiones africanas que practican las gentes de color. Como en tantos sitios de Estados Unidos, la mezcla de unos mozos rubios con un palo de béisbol y las negras viejas que ronronean por las esquinas. No merece la pena perderse en estas avenidas, aunque un barrio bohemio quiera pintar evocaciones europeas. Sin embargo, he venido obligado por mis trabajos y he querido asomarme a lo que son pedazos de mi cultura. Lo sé muy bien: en este mundo hostil también es posible la aparición de Dios. Un día, un poeta español sintió la presencia agresiva de alguien ABC que obligaba a un cambio, aunque ese alguien no tuviera forma ni fuera más que una sombra inane, fugitiva al palpo que se tiende y silenciosa a los labios que preguntan. Quise ver y saber. Pero aquella calle de la Alhambra poco iba a responderme. Y sé que allí vivió una voz singular e irrepetible de nuestra poesía. Entre los arriates, aún se puede escuchar su nombre. Los poetas siempre están de paso. Difícil cantar con el mismo tono, y el diapasón se ajusta a los cambios que le provocan. Porque Juan Ramón Jiménez vivió aquí. Quiero decir que vivió aquí. Una casa de dos plantas, compartida con el médico que la poseía. ¿Casualidad? ¿Pretensión buscada? (Hacíamos encuestas por Andalucía: en Moguer, nuestro informante conocía al poeta. Nos decía sus rarezas, el temor aquél a morir sin auxilios, el pariente médico que debía soportar su continua presencia. Lo mismo también ahora. Pero Juan Ramón se compró una casa y no pudo habitarla: el temblor de los árboles mecía el aire y los pájaros gorjeaban mañaneros. Era la nostalgia de Moguer que se le hacía insoportable: iglesias de ladrillo, altos muros de cal. La brisa sin reposo y los trinos infatigables. Juan Ramón volvió a la primera querencia. El médico lo recibió de nuevo. (Hoy han sido derribadas las casas de hace medio siglo y la manzana ofrece la mole agresiva de un Banco. No separemos las dos caras de la moneda: así debieron nacer los Romances de Coral Gables: Una madrugada me encontré escribiendo unos romances y unas canciones que eran un retorno a mi primera juventud, una- inocencia última, un final lógico de mi última escritura sucesiva en España. Así nacerían, con evocaciones que son de purísima belleza, como los versos de Árboles hombres R E I) C C HM VDIVHNLSTRACIOIV TALLERES- SERRANO. 61 28006- WADRID H PRODIGIO EN CORAL GABLES Ayer tarde, volvía yo con las nubes que entraban bajo rosales (grande ternura redonda) entre los troncos constantes. La soledad era eterna y el silencio inacabable. Me detuve como un árbol y oí hablar a los árboles. El pájaro solo huía de tan secreto paraje, solo yo podía estar entre las rosas finales Y ya muy tarde, ayer tarde oí hablarme a los árboles. No le demos vueltas. La casa. La brisa. Las aves. Y Juan Ramón se sintió sacudido. Todo le llevaba a comunicar el sentimiento que lo torturaba, porque lo había descubierto: ¿Qué es Dios sino un temblor que tenemos dentro, una inmanencia de lo inefable? Otro día de 1948, se sintió el poeta, como antes en Coral Gables, obligado a escribir los versos del Dios deseado y deseante. Era una premonición de lo que sería su español en Buenos Aires, cuando se sintió identificado con su lengua. Aquel día fue grande en los anales de nuestra poesía y lo sabemos por una carta a Ángela Figueroa. La escribe en octubre de 1949, cuando ya había acabado Animal de fondo; entonces dice: Dios estaba en mí, con inmanencia segura, desde que tuve uso de razón; pero yo no lo sentía con mis sentidos espirituales y corporales que son, naturalmente, los mismos. De pronto, el año pasado (1948) gran año para mí, al poner el pie en el estribo del coche, aquí en Riverdale, camino de New York, camino de la Argentina, lo sentí, es decir lo vi, lo oí, lo olí, lo gusté, lo toqué. Y lo dije, lo conté en el verso que él me dictó. Riverdale está muy lejos de Florida, pero la experiencia del artista fue la misma y la primera que contó fue en aquellos lugares cálidos y lujuriantes de Coral Gables. La presencia de Dios hizo el prodigio y el poeta trocó en espíritu lo que eran alientos de sensualidad. Todo se transmutó- e n Riverdale, en Coral Gables- y volvió a surgir en sentimiento entrañado: Mi plata, aquí, respuesta de la plata que soñaba esta plata en la mañana limpia de mi Moguer de plata, de mi Puerto de plata, de mi Cádiz de plata, niño yo triste soñeando siempre el ultramar, con la ultratierra, el ultracielo. MUEBLES Y COSAS DE DISEÑO d Permiinent PUNTO DE ENCUENTRO DEL MUE 8 LE Y LA DECORACIÓN... Son Bernardo, 118. Tol. 593 29 70 ¡jIFÍ El poeta se había purificado con el recuerdo; una y otra vez Dios iba de paso y dejó caer su presencia en aquellos rincones donde Juan Ramón, entre trinos y temblores, deshojaba sus nostalgias. Manuel ALVAR de la Real Academia Española