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50 A B C CULTURA VIERNES 26- 5- 89 Marqués deQuintanar: Cien años Fernando Gallego de Chaves y Calleja, marqués de Quintanar y conde de Santibáñez del Rio, nació en Madrid hace, justamente hoy, cien años. Murió, a los ochenta y cinco, en la madrugada del 24 de diciembre de 1974. Su vida se resume en una palabra: fidelidad. A unos principios, los inspiradores de la tradición y del derecho públiÉl marqués de Quintanar puso su condición y su inteligencia al servicio de la Monarquía, a la que habría de rendir grandes servicios a lo largo de su vida. En su casa, en la madrileña plaza de Santa Bárbara, se gestaría, meses antes de la proclamación de la República, la revista Acción Española Con él, Ramiro de Maeztu y Eugenio Vegas Latapié ponían en la calle en el mes de diciembre de 1931 el primer número de la publicación. Tres inteligencias formidables con un propósito declarado: crear un movimiento doctrinal que, actualizando los principios del Tradicionalismo, defendiera y propagara los postulados- básicos del Derecho Natural y del Orden Social Cristiano j domicilio de la revista, el del marqués de Cl rtanar, De Quintanar dirá Eugenio Vegas, principal inspirador de Acción Española Aportó a la empresa (de Acción Española) su acendraco cristiano. A una institución, la Monarquía, y a quienes en cada momento histórico la encarnaron. A su patria, a su familia, a sus amigos. Ingeniero de Caminos, poeta, intelectual. Primer director, y uno de los fundadores, de la revista Acción Española en cuyas páginas se remansaron las ideas de sólidas inteligencias. y José Antonio Primo de Rivera. Más tarde conocería la deportación en Ibiza y Alicante. Colaboró activamente en el Alzamiento del 18 de julio de 1936, en defensa de las ideas que inspiraron el Movimiento Nacional. Sin embargo, estaría también entre los primeros en apartarse del camino de los vencedores. El 26 de febrero de 1957, en la conmemoración del aniversario de Acción Española recor daría- la primera época de la revista con estas palabras: ¡La Monarquía había caído unos meses antes y no ha vuelto todavía! En su condición de intelectual e historiador escribió Bismarck, artífice de la Tercera República La muerte de Alfonso XIII y Et príncipe que forjó una república Fruto de su devoción por las tierras lusitanas son Portugal y el hispanismo y Por tierras de Portugal Autor de cuentos- Cuentos de la. rivera -y ensayos de arte- El criterio antirresdo monarquismo, la agilidad y galanura de su pluma, su temperamento decidido y, sobre todo, su gran conocimiento de la obra del malogrado Antonio Sardinha, fundador del movimiento integralista portugués, que tanta analogía presentaba con el tradicionalismo español En esas fuentes bebió Quintanar. Fue amigo personal de Sardinha, de quien tradujo y prologó su obra La alianza peninsular Del movimiento doctrinal que inspiró Sardinha incorporó a la revista a dos miembros destacados, Hipólito Raposo y José Pequito Rebelo. Su relación con Portugal, país que conocía a fondo y amaba en sus tierras, en su historia y en su literatura, fue siempre muy abierta. Quintanar sufrió persecución y cárcel en la República por sus- convicciones y actividades en pr 9 06 la causa monárquica. Preso en 1932, compartió celda con Ramiro de Maeztu Él valor de la distinción Me piden en ABC unas líneas recordando a Fernando Gallego de Chaves y Calleja, marqués de Quintanar y otros títulos, de cuyo nacimiento se celebra hoy el centenario. No voy a trazar un retrato de su figura ni a estudiar su obra, sino a referirme a ambas con el recuerdo que conservo de su personalidad y de una parte de sus escritos. Si la memoria no me engaña, le conocí en 1932 ó 1933, y fui pronto amigo suyo, más que simple conocido. En las mejores páginas que sobre la Amistad- palabra que debería siempre escribirse con mayúscula- -se han escrito, que son las de Cicerón, el inmenso prosista y orador asegura que, para que sea perfecta, debe reinar entre amigo y amigo una plena coincidencia de opiniones, tanto públicas como privadas. Creo que este modo de entender la relación amistosa se refiere a ella en una plenitud que los caracteres y las infinitas circunstancias que se entretejen y componen cada vida sólo en contados casos la hace posible cabal y plenariamente. Pero una amistad, para ser verdadera y auténjica, no necesita alcanzar tal perfección. L 3 que yo mantuve hasta su muerte con Quintanar dibuja su perfil en un solo dato. Con ocasión de un infortunio familiar, vino a mi casa nada más conocerlo. Se abrazó a mí llorando y se derrumbó en una butaca con aflicción sincera. Fue la última vez que le vi y apenas pudimos cruzar unas pocas palabras. Semanas después, y acaso afectado por el inteso frío de aquella noche de diciembre, Quintanar moría en su casa madrileña donde tantas veces habíamos departido. Cuando asistía a su entierro reviví con intensidad la cercana presencia del amigo que con su visita había sellado en mí la imagen de un afecto indeleble. Le adornaba una gran distinción personal, ese algo que, como la estatura, la belleza oel talento, se tiene o no: pero si no se tiene, ni con todo el oro del mundo puede adquirirse. Ese don es un modo de ser y de actuar que actualmente se desprecia y se ridiculiza, como si no se tratase de algo valioso y estimable. La distinción es un valor; lo que demanda es su reconocimiento, dentro dé la jerarquía de los valores, en el puesto que le corresponde, es decir, detrás de otros muchos de más empinada entidad, pero emplazándolo en su sitio. Tal operación provoca en infinitos casos un rechazo hipócrita, porque son incontables las almas que, sintiéndose insatisfechas, al repudiar la distinción en realidad acreditan, cierto vil dolor de no poseerla. Y añado además la falta de sensibilidad y la miopía que hace patente todo aquel que no sabe descubrir la inconfundible distinción aposentada en la traza de humildes operarios o de pobres labrantines. Quintanar fue un ingeniero de Caminos que reunía con esta profesión la calidad de escritor y de hombre de mundo. Hombres públicos que pertenecieron al escalafón de Caminos, Canales y Puertos los hubo en tiempos más o menos remotos y situaciones políticas diversas; si no recuerdo mal, a esta rama de la ingeniería pertenecieron Sagasta, Amos Salvador, Saavedra, Guadalhorce, Mortes... Desconozco el grado de cultura humanística que ellos poseyeron como blasón enriquecedor de su preparación técnica. Por ello nombro aparte a Echegaray, dramaturgo célebre en su época, y a Leopoldo Calvo- Sotelo, uno de los ingenieros que más me han llamado la atención, por su perspicaz curiosidad universal y su dotación en humanidades, de cuantos he conocido a lo largo de mi vida. Quintanar se Sintió siempre más atraído por las lettas que por la técnica. Tardó diez años en incorporarse al ejercicio de su profesión, y lo hizo en la jefatura de Obras Públicas de Segovia, provincia en la que poseía una hermosa finca de monte y labranza por cuya casona 0 palacio han desfilado multitud de personalidades de ¡S sociedad, del arte y las letras: desde Lozoya y Maez J hasta don José Ortega y Gasset. Cuando concurren eri unos anfitriones, Fernando y Elena, su mujer, las prendas de cultura, afabilidad y humor que en ellos concurrían, almorzar, cenar, conversar allí equivalía a disfrutar, delicada, sencillamente, del profundo placer de la amistad en la paz del campo. Tan pronto se hablaba de temas elevados, literatura e historia sobre todo, como se glosaban hechos políticos o se comentaban actitudes personales en tono festivo, con mayor dominio del reconocimiento o elogio de lo positivo que de la crítica injusta o acerba. Pienso que en una historia de la vida social- tomada en su perfilado sentido, que incluye lo selecto, pero en todos sus órdenes- no debería faltar, por lo que atañe a buena parte de nuestra época, la parcela de éstas risueñas reuniones. Pero las letras y la política (en la más alta y noble acepción de la palabra) le atraían más ¿fue cualquier otra ocupación por sugestiva que fuese. La parte que tuvo en la fundación de Acción Española representaba igualmente su vocación literaria y su vehemente monarquismo, su proverbial lealtad a la institución y a la Familia que la encarnaba. No puedo olvidar dos libros que muestran su fervor por la Monarquía; en ellos acredita, al servicio de la Historia, una fácil, amena y a menudo brillante pluma. No la de ciertos historiadores que al perseguir el obligado rigor científico olvidan que el arte debe resplandecer en la forma, dando vida al pasado e iluminando sus cenizas, sino la del ágil evocador la del escritor que se identifica con lo que siente y sabe loar o aborrecer, movido por la fidelidad a cuanto cree verdadero. No en vano Quintanar era también poeta. Su lírica tiene por recinto media docena de l