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56 A BC SAN ISIDRO 1989 LUNES 15- 5- 89 7 Patio lel desolladero- Historia de la plaza de toros de las Ventas POB FIN, LLEGO UMA QBEJA Madrid. J. L. S- G. El segundo día ferial trae aires de una primavera que busca ritmo de estío. La animación en los alrededores de la plaza es grandiosa. Hoy, como ayer, como mañana se va a poner el cartel de no hay billetes Es el santo Patrón- S a n Isid r o- el que pone hoy el coso a rebosar con el cartel- s o b r e el p a p e l- más bajo del abono. Al llegar a los jardincillos que rodena la plaza nos encontramos con el doctor Fernando Claramunt, que no sólo es una autoridad de la Psiquiatría, sino un eminente escritor taurino, que acaba de publicar Historia ilustrada de la tauromaquia, una obra en dos tomos que debe de estar en la biblioteca de todo aficionado. Le acompaña su elegante esposa. También saludamos- hablando de libros de t o r o s- al que fue veterinario de la plaza de Madrid Ramón Barga Begunsiañ, cuya obra está a punto de salir a la luz. No falta Cuqui Fierro, que vuelve a ser una asidua. Marcial Lalanda. Ángel Luis Bienvenida, El Estudiante, JumiMano y Pepe Dorninguín son los cinco matadores ds loros que divisamos al recorrer los ga ilos de la plaza. A Luis Gómez El Estudiante y a Emilio Ortuño Jumillano les acompañan sus guapas esposas: Mariví y Angeiita, respectivamente. Fernando García de Tola suele ser habitual en la plaza por estas fechas. El Soro- forzosamente en el dique s e c o viene a ver a sus compañeros, pensando en la reaparición. Jaime Urrutia, del Gabinete Caiigari, se presta a ver el festejo dominical. Como tantos años la imagen del restaurador Lucio vuelve a ser familiar a las Ventas. El pintor gallego Antón Lamazares es otro de los fijos. Después de las corridas comenta las incidencias de ésta con sü bellísima amiga, Carmen, y su compañe- ro de localidad, Pepe Campos. Carlos Fernandez Lerda es de los fijos- c o m o todos los miembros de la Peña La Lidia, que preside el abogado Pablo Zarco, seguidor impenitente de Juan Mora. El matador de toros colombiano El Puno abre los juicios críticos de hoy. El Puno asiste a las corridas junto a su esposa y nos dice: Me alegro del triunfo de El Boni. Tiene la cabeza despejada y espero que se coloque pronto. Han salido tres toros bravos. Asi piensa el escritor Javier Villán: Me ha decepcionado la corrida de Murteira. A Palomar se le ha escapado un toro Bote se ha equivocado al no dar distancia y El Boni tiene la mente clara y merece un compás de espera. Al marqués de la Vega de Anzo le pareció así el juego de los toros: no se entregaron. Llevaron la cara alta. El Boni me ha gustado en el primero. Dolores Matos Careaga es una mujer guapísima. Asiste a la corrida con su padre, Antonio Matos: El Boni ha dado unos cuantos pases. El conjunto flojo. 1969: El toro Baratero hace resurgir a Andrés Vázquez y consagra a Victorino Mil novecientos sesenta y nueve es el año de las guerrillas de El Cordobés y Palomo Linares. Por primera vez desde que confirmó su doctorado, el de Palma del Río no acude a las Ventas por San Isidro, mientras que Sebastián Palomo sigue sin presentarse en la Monumental cuando se cumplen tres años de su alternativa: una cornada en Castellón en 1967; el pleito de los galaches, un año después y precisamente con El Cordobés, y la alianza posterior con éste tuvieron la culpa. El caso es que Palomo se unió con Manuel Benítez para ir en contra de los grandes empresarios que querían recortar el dinero de los toreros Azares del destino, pues El Cordobés había sido el que le había quitado de debutar en Madrid en 1968 por querer para sí la corrida de Paco Galache. Se entabló una polémica, convertida en pleito, por los toros salmantinos de Villavieja de Yeltes, y Victorino Martín, un ganadero de nuevo cuño afincado en Galápagar, puso a disposición de los dos toreros una corrida suya, oriunda de los viejos albaserrada marquesales y que habían ido poco a poco perdiendo su cartel en las manos de los hermanos Escudero Calvo. Éstos descuidaron su buena casta, aunque tuvieran en su haber el ser et ganado lidiado en Valencia el día de la alternativa de El Choni, en el año 1944, y haber servido para terminar de catapultar a Santiago Martín El Viti el día de su alternativa, al lidiar un sobrero de esta divisa. El caso es que al ganar El Cordobés la batalla de los galaches y quedarse Palomo sin San Isidro nadie hizo caso a aquel paleto simpático que en seguida se pondría a la cabeza de los ganaderos de bravo y cuya leyenda sólo es comparable a la de Miura. Pero el reto- desde las páginas del antiguo Alcázar y en una entrevista hecha por Vicente Zabala- estaba echado para quien lo quisiera. Toros de problemas antiguos, de dificultad manifiesta, de varia y problemática- diversidad se ofrecían para ver la otra cara de la fiesta: la de la lucha, la que se apartaba de la comodidad. Y con ese reclamo Victorino se presenta en Madrid el día 18 de agosto con Pepe Osuna, El Paquiro y Adolfo Rojas en el cartel. Es tal su éxito que repite el día 8 y el día 22 de septiembre. En la primera fecha la corrida es aun más terrorífica que la del debut y se salva con ella el salmantino José Luis Barrero; es herido el también charro Flores Blázquez, que ve cortada su carrera y naufraga el jerezano Juan Antonio Romero, qué había vuelto a empuñar la muleta y el estoque de los matadores de toros después de pasar por las filas subalternas a las órdenes de Antonio Ordóñez y Victoriano Valencia. La corrida del día 22 es más asequible para el torero, dentro de la habitual fiereza, y sirve para que El Paqüiro corte Una oreja, dé una vuelta al ruedo El Inclusero y cumpla en su papel Paco Cebállos. agosto llegaría la conjunción de un toro bravo y celoso- Baratero -con un torero castellano, seco y profundo, que quería siempre beber en las aguas clásicas del clasicismo. No era otro que el zamorano Andrés Vázquez, torero lanzado por Madrid, un tanto oscurecido y que salió a flote en ese festejo con un toreo purísimo, volviéndose a erigir en predilecto de la afición madrileña, pues los dos años siguientes tuvo dos temporadas sensacionales que sólo se cortaron por una inoportuna cornada en la feria de Sevilla de 1972, inferida por un toro de Samuel Flores. Pero antes Andrés había desarrollado en el verano madrileño de 1969 aquel toreo recio y macizo ante Baratero de Victorino Martín. La casta y el valor se conjugan con el toreo hondo, despacioso y sentido. Las dos orejas del bovino de hierro marquesal van a parar a las manos del Vázquez de Villalp ndo, Aquel Victorino fue pórtico para que Andrés Vázquez (el viejo Nono de las capeas castellanas) torease siete corridas en las Ventas en 1970: el 3 de mayo se enfrenta a seis Victorinos, y otra vez ganadero y espada aunan sus nombres en el éxito conjunto. Después llega el San Isidro redondo rematado con su triunfo con los alonsomoreno en compañía de Tinín y Antonio Lomelín; la corrida del Montepío de Toreros, junto a su homónimo Hernando; la de la Prensa; la del homenaje a Parrita- m a n o a mano con Gregorio Sánc h e z- allá por octubre. Y más adelante, la corrida de la reaparición de Antonio Bienvenida, en 1971, un día de lluvia, junto a Curro Rivera, y en la que bordó el toreo. El mano a mano con el maestro de General Mola, en la misma feria, y en el que cambió el triunfo por una grave cornada. Victorino y Andrés Vázquez se hermanan para siempre por mediación de aquel toro Baratero en una tarde en la que Joaquín Bernadó cortó una oreja, en una de sus muchas buenas tardes en Madrid, y es tercer espada aquel Aurelio García Higares que poseía unas excelentes maneras que no acabaron de cristalizar. Pero este 1969 tiene muchas, más cosas en su haber y que hay que recordar: el gran triunfo isidril de Ángel Teruel- c o n dos actuaciones sensacionales- la maestría de Paco Camino- q u e torea cinco tardes en el ciclo- -y de El Viti. Los dos rinden al máximo. El 19 de mayo se va entre silencios, injustamente, un torero que paseó el nombre de Madrid muchos años con gloria: se llama Julio Aparicio y su casta, su ardor y su coraje forman una de las páginas más importantes de la tauromaquia de los últimos cuarenta años. José Luis SUÁREZ- GUANES Pero sería en 1969, y en el verano, cuando Victorino alcanzaría el entorchado de ganadero predilecto de la afición de Madrid. Ya el 20 de abril había vuelto a reverdecer laureles en corrida que estoquearon Luguillano, El Paquiro y Sánchez Bejarano, pero el día 10 de