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II marzo- 1989 ABC ABC 1 II L tema amoroso tair alzó el vuelo Aly, más en contai r todavía sin el alto creto, su trataesplendor... etcétera. Rafael Alberti miento erótico han teniAlberti se nutre de la do en Rafael Alberti un Hiperión. Madrid, 1989. 49 páginas. 750 pesetas tradición petrarquista. cultivador insistente y Pero sería erróneo traperdurable: Recuérdense así, por ejemplo, el de la Oda- a la flor de Gnido en la concha zar cualquier similitud, con tos poemarios dé soneto a Amaranta, de Cal y canto, los sode Venus amarrado que los comentaristas signo platónico de algunos contemporáneos netos corporales de Entre el clavel y la es- hoy tienden a interpretar en su sentido más suyos: El caso más notorio sería el. de los pada y el extenso Diálogo entre Venus y crudo. El verso de Alberti se empapa de sexo, Sonetos a Violante, de Gerado Diego. En una Príapo también del mismo libro: Ahora, en femenino, y lo hace con esa dicción limpia, de sus piezas más intensas, La falta elr gesto de vitalidad que trae a la memoria el siempre elegante que es una de- las claves poeta- profesor- cantó la ausencia de la musa potente pincel octogenario del: Tiziáno o la de su estilortltiliza el autor la silva de verso escolar y la expresó con la misma configura- pasión por aquella iílrike Leveizowo conblanco de modo- preferente y también estrofas ción de la amádarestrella: Y miré a! cielo ysumió a Goethe (de ella salió la E eg a de tradicionales: la endecha el soneto; el Cuarteno te puse falta. Pero con esto se acaban Mariéñbad) Alberti ha vuelto a sumergirse en to, la redondifía. Eo una ocasión recurre al las concordancias. Ni la Violante, de Diego, ni las aguas poéticas de la carnalidad. El resulpoema en prosa Ven. Ven. Así. Te beso, la Guioroar de Machado, sonada, por el de- tado es Canciones para Altair, conjunto de Te arranca. es, posiblemente, él momento seo; AJtair. no es, en efecto, una nebulosa veinticinco poemas dedicados á la musa jóL de mayor frenesí erótico; de ahí la ruptura en la- noche, perdida; Palpable es, estrelísb vén que se cifra en ese nombrede) título. con las ataduras del metro. Los, dp ssonetos que: se. Joca, 4. musa, pues de carne y hue- ¡Arranca Alberti dé una cbrifjgíMf 2 fci 5 f? Trñftipa, que figurarr en el poemario tJoseén ta- alta so, como la que celebró Rubén Paño en su que abunda en la lírica renacentista y barroperfección del- rnaesto. El prometo dé ellos Balada i- presencia concreta, cuerpo, pot ca: la amada como estrella; como estrella Subes del mar, entras del mar ahora... quien el poeta queda; muriendo, agonizando; ai- rancada de su cielo, Ppr toda fenrádictóri esplende en fbtundMad de dicción y sentido; nuevamente volviendo, -faldeciendo p, tra petrarquista circula esté mito poético. A esta Ya estás deimar aquí, flor sacudios, estreVeZv. A V; estrella- amante el poeta la bautiza corno AK lla revolcada, descendida espuma- seminal El cicJOide; senectute no existe para; Rafaei tair. nombre al que cabe tarribién uscar ande mis desvelos. Cómo se habrá notado, Alberti. La veta elegiaca o meiancólica, pre tecédentésr tás canciones SStnbuyeri según la conocida configuración albertiana, la sénte n algunos, momentos de Los hqpsde) en tres partes, con once, cinco y nueve comamada se asocia cbri Jásiréná. drago y otros ¡poernas, (t 98 estaba omposiciones cada una: La primera describe la La- red imaginativa del libro se sostiene en pensada por otros más entusiastas, entré, llegada de Altair; la segunda se demora en varios nudos éí rriás insistente es ei del eltos los amorosos. Las suaves cadencias de; su presentía y, a) a vez, en su ausencia; la cielo, que se- presta a usoa diversos: cielo los poemas de Amor en vito, (sección tíje) -M- tercera insiste en su celebración y señala ei real; cielo del, amor vuélame á tus cieias oro títado) íian cedido aquí el paso avestoss retorno de la estrella a su cielo. La refererv amargos oielos (y quizá haya que. ver: en versos temblantes. de pasión, que... tía mitológica cierra también la- serie: -Altair ellos una alusión a los obstáculos quC se ya Golfo de sombras. (t 986) mequívooo trajo consigo rosas rojas -las del amor- oponen a (os amantes; lo- mismo ocurre- -eri bre el ámbito temático y existerjtíail de Ja últia su vuelta, alguien bañó las flores- en agua No hagas caso, Altair, d é las murmuradoma lírica albertiana. J poeta se muestra, ep, nueva y dulce, y aquí están encendidas y ras, ciegas constelaciones música celesdefinitiva, fiel, al vitalismo que recorre toda su otra vez rosas rojas obra y ta unifica, corno abiertas, esperando El a c a b a et destirio de tantas flores y plantas de la mitología del tomo- 4 de Obm clásica; -el laurel, el narcompleta. ciso o la vid- se vislum Leer estos poemas es bra en esta imaginería. sumirse en un gozoso Tal encuadre mítico no descenso a- la carnalidebe hacer pensar en el dad, sin que nunca el tratamiento espiritualizaescritor abdique de; la do de lá matena amoroconciencia artística. A sa: El amor aqut es carigual distancia del erotis nalidad, sexualidad ciframo decadentista que de da en una p r e c i s a y la pomogrírfía, el más jor recurrente topografía. El ven de los poetas espapoeta habla de tas pierñoles da una nueva tec; nás de A l t a i r de su tíón de fuerza oreadora perdida golondrina y de desenvoltura, exisque se convierte en la tencial y literaria. Lejos insomne golondrina de las imágenes estátien la oculta derramada cas e inevitablemente golondrina cuya identiesderotizadas del poeta dad se declara de modo oficial, Alberti sigue aten. expreso. El mismo acto -to atas solicit 2i ciones del amoroso- es nombrado vivir. Y tas celebra con la sin ambages, ya visto -plenitud estilística que desde la perspectiva de en él resulta habitual, Altair dulce de espumas lentas que le llete potro celeste La imagen de ia estrella sobre todo cuando se instala en. el universo van 7 casi a morir sin voz... ó bien desde el- lo vertical- -contrasta o complementa a la de la canción, de la lírica pura, ángulo del poeta Te beso. Te arranco, t e imagen de la Tierra- lo horizontal- Esta reAlberti es aquí un poeta erótico, al modo arrebato. Te compruebo en lo oscuro que lación dialéctica, dinámica, trenza un juego de Rubén, esto es, sorprendido, espantado, de sugestiones líricas que sirve de marco al también se vale de medios metafóricos: Me como éste, ante el misterioso tacfo. as impoderoso erotismo del poemario. Altair es, dé beberé tus algas, los licores de tu más espulsivas fuerzas que; arrastran con poder este modo, estrella a pie por los, caminos condida, ardiente flora. Los seis dibujos del pasmoso... Salinas llamó, homo eroticus al astro huido que cambia de constelación, o luz autor ilustran este tratamiento de la materia nicaragüense. Cabria aplicarte a. Alberti la deequivocada que el sol ilumina por la espalda. erótica. nominación. Esa concepción, descoyunta su También el nombre de la amadarestrella enSólo una moral pacata podría, a estas altuverso en presencia de lo inefable: Los en ras, impugnar la aproximación albertiana. gendra sus propias relaciones: la más, insissombra suspiros, los sin retomos ecos. tente es la altitud de Altair; alto fuego volcaCuatro siglos despuésel poeta, desarrolla, en do alta Altair en aquella alta noche, Alsucesivas variaciones, el verso garcilasiano Miguel GARCÍA- POSADA E Canciones para Altair Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro