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70 A B C SUCESOS DOMINGO 29- 1- 89 El enigma de loscrímenes del mesón El Lobo Feroz Los dos esqueletos fueron encontrados en un sótano cubiertos de cal viva y muy próximos Ante cualquier crimen la Policía siempre se hace las preguntas de ¿quién, cómo, cuándo, dónde y a quién beneficia? Y en esta ocasión las cuestiones habrán de formularse por partida doble por cuanto el caso que se investiga no es otro que los crímenes descubiertos e! pasado lunes en el sótano del mesón El Lobo FeAhora, a seis días vista del macabro hallazgo realizado por un camarero que limpiaba el sótano del mesón con la intención de instalar un negocio en sociedad con otras dos personas, las preguntas que desde un principio se han hecho tanto la opinión pública como la Policía continúan sin respuesta, pues, como en todo crimen, lo primero que ha de conocerse es la identidad de las víctimas. A estas alturas es lógico pensar que el trabajo de recopilación de datos se efectuará contra reloj y en dos frentes: en los laboratorios de antropología forense y en los locales del Grupo de Homicidios de la Brigada de Policía Judicial. Sus funcionarios se enfrentan ahora a un auténtico reto, ya que su trabajo consistirá, como en otros, en proteger la escena del crimen para, con posterioridad, buscar huellas o indicios que permitan localizar al asesino. En esta ocasión el dilatado tiempo transcurrido hará posiblemente que esta práctica no arroje tanta luz como en un asesinato reciente y, por el contrario, la recopilación de datos y el tirar del hilo del ovillo a base de preguntas quizá sea más fructífero a la hora de reconstruir la historia. Y decimos recomponer un solo rompecabezas, pues la existencia de dos cadáveres no significa necesariamente que tengan que contemplarse móviles diferentes para la justificación de dos asesinatos. Al menos, en apariencia, lo lógico sería pensar que ambas víctimas fuesen prostitutas que acabasen a Se trabaja contra reloj reuniendo datos que ayuden en la identificación de las víctimas roz, situado en la calle de Lucientes, 9, en pleno corazón del Madrid castizo, allí donde se dice que nunca pasa nada o, a lo sumo, las crónicas negras hablan de delincuentes menores, que hace años proliferaban por la proximidad del Rastro y ahora han sido sustituidos por navajeros y pequeños traficantes de drogas. Aunque en un principio se difundió la noticia de que los nichos donde fueron encontrados los cadáveres habían sido construidos cuidadosamente bajo el hueco de una escalera, el camarero que realizó el hallazgo comentó a ABC que no era así. Uno de los esqueletos estaba tan sólo cubierto por una capa de cal y escondido bajo un montón de cajas vacías y otros desperdicios. Para encontrar el otro sólo fue necesario que la mirada experta de los investigadores del Grupo de Homicidios recorriese la estancia y que se desplazasen asimismo unas cajas apiladas en un rincón y, con la punta del pie, palpasen unas baldosas, que se movían. Debajo, prácticamente a flor de piso, se hallaba la segunda víctima. Eran tan sólo dos esqueletos cubiertos con algunos harapos de lo que en su día parece que fue ropa femenina. Pero también se hallaron algunos efectos personales, como es el caso de una cruz de curioso diseño- cuya pista se sigue celosamente por las joyerías- un trozo de cuerda con la que podría haber sido maniatada una de las víctimas, una pulsera de cuero repujado que sirvió como tobillera, un anillo, una botella de refresco con fecha de caducidad y un trozo de cabello rubio. Al cabo de los días, la edad de las asesinadas se situaría entre los treinta y cinco y tos cuarenta años. ¿Sadomasoquismo? ¿Una orgía con trágico final? ¿Un ajuste de cuentas? ¿Un crimen manos de su proxeneta, chulo o macarra, bien por no someterse a sus propósitos o porque quisieran escapar del sórdido mundo al que se habían visto abocadas. Y dentro del terreno de las teorías, es lógico igualmente considerar que una de las dos pereciese únicamente por saber demasiado acerca de la muerte de su compañera. Un lugar idóneo Hay que tener en cuenta que el lugar donde se hallaron los esqueletos quizá sea idóneo a la hora de acallar los gritos de auxilio de las víctimas, pues se trata de un sótano, pieza, por otro lado, muy a propósito para esconder los cadáveres y no correr riesgo de traslados a la vista de miradas indiscretas. Y también es natural pensar, que le sería fácil al asesino llevar hasta el lugar algunos sacos de cal viva con los que cubrir los cuerpos y borrar las huellas del crimen. Una operación más que apropiada para una persona de escasa fuerza física, incapaz de arrastrar por sí sola dos cadáveres hasta un lugar alejado. Es indudable que en el caso de los crímenes descubiertos en el mesón El Lobo Feroz el tiempo ha sido el principal protagonista para que se sintieran seguras aquellas personas que pudieran estar involucradas en los mismos. A medida que pasaban los días desde la comisión de los crímenes el tiempo y la cal viva efectuaban su labor destructora en los cadáveres y en las huellas del caso. El crimen del capitán Sánchez Madrid. S. D. El reciente descubrimiento de dos esqueletos humanos en el mesón El Lobo Feroz trae a la memoria otros casos en los que las víctimas fueron hechas desaparecer emparedándolas, método empleado en alguna ocasión por la mafia italiana. Indudablemente, esto también recuerda a un suceso espeluznante que conmovió a la opinión pública a principios de siglo: el crimen del capitán Sánchez, individuo que, junto a su hija María Luisa, degolló y emparedó a un pretendiente de la muchacha: Rodrigo García Jalón. Este caso pudo esclarecerse completamente gracias a los reportajes publicados por el cronista de la Villa Francisco Serrano Anguita. Las primeras noticias sobre el escabroso asunto aparecieron en los periódicos de la época en el mes de mayo de 1913, cuando se publicaron informaciones acerca de la misteriosa desaparición de un viudo de cincuenta y cuatro años y padre de tres hijos varones llamado Rodrigo García Jalón, personaje, por otra parte, que gozaba de buena posición económica y que era conocido en los ambientes del juego. El caso fue objeto de comentario por todo Madrid y, dado que la Policía no lograba aclararlo, éste fue cobrando interés a medida que pasaban los días. La primera noticia se obtuvo en el Círculo de Bellas Artes, donde, a finales del mes de abril, García Jalón había dejado en depósito cinco mil pesetas a cambio de una ficha, al tiempo que recomendaba al cajero que no se entregara el dinero a nadie más que a él. El día 25 de ese mismo mes, una muchacha se había presentado en el lugar para cambiar la ficha mencionada. El cajero se negó y ordenó a un botones que la siguiese. Y de esta forma se supo que la muchacha residía en la Costanilla de las Trinitarias, que se llamaba María Luisa Sánchez Nogueral, planchadora de profesión y que su padre era capitán del Ejército, destinado en la Escuela Superior de Guerra. Ante las fundadas sospechas de que padre e hija podrían aclarar la desaparición, el juez ordenó su arresto, si bien quedaron en libertad tras prestar declaración. El caso pronto sería aclarado definitivamente a raíz de que el capitán ordenase a unos reclutas que desatascasen un retrete en las habitaciones que ocupaba en la escuela militar, dando como explicación que la causa del hedor reinante eran unos conejos podridos que había tirado. Esto llegó a oídos del director general de Seguridad, Ramón Méndez Alanís, quien sospechó y ordenó practicar una inspección del alcantarillado, donde se descubriron restos humanos. Para entonces la Policía estaba ya convencida de la culpabilidad de Sánchez y se ordenó un registró a fondo en la vivienda. En el sórdido lugar se observó que una pared, recientemente retocada, sonaba a hueco. Un boquete abierto en la misma descubrió los restos descuartizados de Rodrigo. A partir de entonces comenzó a conocerse la historia en todo su horror. Quien la contó fue María Luisa, pues Sánchez mantuvo hasta el fin su actitud de inocencia. La muchacha explicó que Jalón le había propuesto que fuese a vivir bajo su protección y que ella había contestado que antes tenía que consultarlo con su padre. Posteriormente le invitó a su casa y, una vez dentro, el capitán atacó a martillazos a Rodrigo hasta matarle. Después, descuartizó el cuerpo y lo emparedó. El capitán Sánchez fue fusilado ese mismo año. Su hija, condenada a cadena perpetua, enloqueció en la cárcel.