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ABC. pag. 38- TRIBUNA ABIERTA VIERNES 13- 1- 89 ON Ramón Menéndez Pidal había durado tanto, que nos habíamos llegado a imaginar que lo t e n d r í a m o s siempre entre nosotros. Lo habíamos encontrado, todos nosotros, cuando abrimos los ojos a la vida histórica: ya estaba ahí. Y nos fue acompañando tantos años, dándonos sombra y luz al mismo tiempo, que nos fuimos acostumbrando á su presencia, con la ilusión de que iba a ser para siempre Don Ramón fue quizá el único intelectual importante que fue respetado por los españoles. Otros muchos han sido admirados, pero rara vez respetados; no sólo discutidos, sino zaheridos, hostilizados, negados. Menéndez Pidal suscitó un respeto casi universal y constante. Y digo casi porque hubo alguna excepción: la segunda vez que escribí sobre él fue en 1953, cuando cumplía ochenta y cuatro años, un artículo que titulé Nuestros viejos y fue movido por una excepcional falta de respeto. Por cierto, este artículo suscitó una extraordinaria adhesión, y se hizo una preciosa edición de él, seguida de una larga serie de firmas valiosas: es decir, se demostró precisamente el enorme respeto que inspiraba. Terminaba mi artículo con unas frases que me atrevo a recordar porque al cabo de treinta y cinco años no puedo confiar en que nadie las guarde en su memoria. su obra en descalificaciones abstractas. Principalmente, unos y otros tratan de disuadir a las Por Julián MARÍAS generaciones más jóvede la Real Academia Española nes de que lean y estupre a Menéndez Pidal, no como un erudito, dien cuanto escribió. La disuasión ha sido uno un investigador de los hechos, sino como un de los recursos más eficaces que se han emhombre de pensamiento, que pretendía- -y pleado en el último medio siglo para intentar lograba- entender, precisamente desde esos empobrecer y esterilizar España. datos, con escrupuloso respeto a la realidad, Y en esta empresa han encontrado facilidapero a la realidad íntegra, sin mutilaciones, des: no les ha faltado la colaboración de laÉ sin pasar por alto lo que es difícil de com- pereza; porque don Ramón ¡escribió tanto! Si prender o no conviene a una tesis previa, que nos convencemos de que no hay que leerlo, se intenta defender a toda costa- aboga- de que no vale la pena, ¡qué. alivio, qué inaudescamente hubiera dicho Unamuno- dita comodidad! ¿A costa de qué? Ya alguMi mayor admiración por la obra de Me- nos se han encargado de aquietar la conciennéndez Pidal nació después de su muerte, cia- l a intelectual y la otra- con sus descalicuando escribí España inteligible. Al enfren- ficaciones envolventes. Algo que algún día parecerá un escándalo tarme con la totalidad de la realidad española, desde la espinosa cuestión de sus oríge- es que no se ha reeditado nunca, en un cuarnes hasta, la adivinación de sus posibles to de siglo. El Padre Las Casas: su doble proyectos futuros, en nadie encontré más ilu- personalidad, publicado por única vez en Se ha decidido no escuchar o dar por minación que en Menéndez Pidal. No había 1963. escrito una historia de España, no había in- no oído cuanto en ese libro mostró; nó es vestigado más que algunas porciones suyas, que se lo discuta, lo que sería perfectamente pero al hacerlo había visto, al menos adivina- lícito, sino que se lo anula o se lo descarta do, su condición sistemática. La vida humana mediante una condenación previa que no enlo es. La historia también, y por eso puede tra para nada en el examen de su contenido, ser objeto de verdadero conocimiento. Uno de sus datos y sus argumentos. de los libros más fecundos de Ortega se titula Buena parte de la descalificación de MeHistoria como sistema, y el libro mío que aca- néndez Pidal viene de los escritores que se bo de nombrar tiene como subtítulo Razón suelen llamar periféricos con curioso eufehistórica de las Españas mismo, a los que se añaden muchos repre A la devoción transpersonal a los padres Menéndez Pidal, al penetrar por ciertos lu- sentantes suyos extranjeros. Se insinúa- o llamaban los latinos pietas, piedad. Y pensaban que sin ella no hay ciudad, estado, convi- gares en la realidad española, al hilo casi se dice con todas las letras que era cenvencia, es decir, patria Con los padres no siempre de sus preocupaciones lingüísticas y tralista cuando la. verdad es que tuvo prehay que estar de acuerdo, no se está nunca literarias, apoyándose en aquellos saberes sente la realidad integra de España, precisade acuerdo. Lo que se debe tener con ellos donde se sentía seguro, veía la realidad su- mente desde sus orígenes comunes y globaes concordia; y ésta sólo nace de la cordiali- byacente, los supuestos de aquello que direc- les, y siguió con fidelidad las vicisitudes de. su dad. Cuando una y otra faltan, sobreviene la tamente estudiaba; descubría, sobre todo, la fragmentación tras la invasión musulmana y discordia; ya nada se recuerda, se pretende vida que fluía por debajo de esos hechos, los su posterior reconstrucción. Lo que se reproborrar con mano torpe y rencorosa el pasado, proyectos en que consistía esa forma de vida cha a Menéndez Pidal es precisamente su fise reniega de los padres y todo ello quiere colectiva que llamamos España. Cuando se delidad a lo real, su resistencia a caer en nindecir que se ha perdido la cordura. Y no se lee a Menéndez Pidal se encuentra siempre guna de las versiones circulantes de la olvide que la impiedad sólo suele ser la más- esa realidad profunda que está sustentando historia- ficción cara cínica. con que la nada encubre su mie- los acontecimientos, las formas lingüísticas, Y hay otro reproche que se suele hacer a las obras literarias. do a lo real. don Ramón Menéndez Pidal: la de. haber sido Hizo revivir al Cid y nos lo devolvió, hecho nacionalista Creo que el no haberlo sido Después he escrito muchas veces sobre Menéndez Pidal, lo he estudiado bastante a fondo, inteligible, porque a la vez reconstruyó su Es- nunca le costó bastantes sinsabores a lo larme he nutrido de su inmenso, increíble saber, y paña y nos permitió comprender su vida cir- go de su vida, especialmente en las épocas todavía más de la profundidad de sus ideas, de cunstancial y la estela que dejó y de la cual más duras de nuestra historia reciente, cuansus métodos, tan mal conocidos; y he recibido se vivió tan largo tiempo. Y, como el Cid, do se vio marginado y excluido, sin ir más lela lección de su insobornable probidad intelec- ganó batallas después de muerto: hace, bien jos, de la dirección de esta Academia. Pero lo tual. Porque don Ramón fue, no lo echemos en poco apareció en la que fue su Historia de más curioso es que la imputación de nacionaolvido, uno de los intelectuales más veraces de España su asombroso estudio sobre La len- lismo suele proceder de los que consideran nuestro tiempo, en España o en cualquier parte. gua castellana en el siglo XVII donde no se que es la suprema virtud, con tal de que se Es difícil encontrar un error en su obra enorme, sabe qué sorprende más, si la inverosímil aplique a realidades históricas y sociales que pero es posible, porque el hombre es falible y concentración de saberes o la perspicacia nunca han sido naciones, sobre todo en una las informaciones, hasta las suyas, pueden ser con que son utilizados para dar razón de esa época anterior a su existencia. deficientes; lo que parece imposible es hallar realidad, para mostrar su verdadera significaPor todo esto digo que casi nos hemos una página en que haya intentado engañar a ción histórica, humana. quedado sin Menéndez Pidal desde hace nadie o se haya engañado a sabiendas a sí misPero he titulado estas palabras Veinte veinte años, desde que se levantó la veda de mo. años sin Menéndez Pidal y con ello no he su memoria. Se ha hecho, se está haciendo, Por eso ha aclarado tantas cosas y, lo que querido recordar simplemente que murió hace un denodado esfuerzo para que perdamos es sorprendente, no ha enturbiado ninguna. ese tiempo, que nos dejó su ausencia, sino uno de los bienes más importantes de nuesMe interesó vivamente su interpretación glo- que desde entonces se ha iniciado un proce- tro siglo, capaz de ayudarnos a tomar posebal de la historia de España, puesta al frente so que me preocupa por el porvenir de nues- sión de lo que somos y así poder contar con de la gran obra que dirigió; me admiró cómo tro país y de la ciencia en general, y que el porvenir. Urge volver los ojos a su inmenhacía funcionar el trasfondo histórico, la reali- además me produce alguna repugnancia. sa, maravillosa obra; que esté de nuevo en dad humana en su integridad, para entender Tengo la impresión de que son muchos los las manos de los que aspiran a entender; que los hechos lingüísticos y literarios, por ejem- que están pesarosos de haber respetado a recibamos de nuevo la lección de su impaviplo, el Romancero o la poesía juglaresca; don Ramón, como si eso los disminuyera a dez, de su veracidad, de su espíritu de liberdescubrí los métodos de gran alcance y fe- sus propios ojos; parecen querer hacérselo tad, de su irrevocable vinculación a España cundidad que estaban latentes en sus escri- perdonar, unos mediante el simple olvido, entera y a lo que de ella ha manado durante tos- -ejemplo ilustre del estado latente que como si no hubiera sido así; otros van más medio milenio, a ambos lados del Atlántico y magistralmente mostró y justificó- Vi siem- allá, y tratan de negar su valor, de envolver aun más allá. D VEINTE AÑOS SIN MENÉNDEZ PIDAL