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LUNES 9- 1- 89 ESPECTÁCULOS ABC. póg. 73 Caballé, Victoria, González, Rey, Kraus, Pons y Carreras, enuna memorable gala lírica Ros Marbá, Collado y Balada dirigieron a la Orquesta Nacional Se anunció como Gala lírica y nunca ha estaen el momento histórico en el que España asudo más justificada la etiqueta. No es frecuente me durante los próximos seis meses la Presiuna concentración de voces con tanta calidad, dencia de la Comunidad Europea, con la vista españolas por la gracia de Dios, empeñadas en fija en tierras de Hispanoamérica y como prólorendir su arte a la finalidad benéfica y hacerlo go de las conmemoraciones del V Centenario. Todo ello, recordado con palabras justas y medidas por Carmen Maura, lo mismo que en los símbolos proyectados en la pantalla gigante situada por Lluis Pasqual tras el estrado del coro, tuvo realización feliz y rigurosamente cumplida, con la excepción de una página que había de cantar Juan Pons que hubo de suprimirse por culpa de los materiales perdidos. Lo que, en actos de este carácter donde proliferan los cambios y las ausencias, se puede considerar un verdadero éxito. Lejos de mi ánimo el intento de crónica social, que no me corresponde, sí he de subrayar que en la excepcional audiencia congregada y presidida por nuestros Reyes, con el Príncipe y las Infantas, se captaba un clima de ilusión e interés desusados. Musicalmente los formularios acompañamientos, las lecturas apresuradas en régimen de bolo Kraus, Caballé, Carreras y Victoria de los Angeles que son habituales en las Galas, Festivales y Veladas Benéficas, daban paso a unas colaboracioductora con la simpatía natural los anteriores artistas. Para el tenes de nivel muy superior, muque derrochó en el dúo del Dúo nor guardaba su homenaje el púcho más cuidadas, que se aplaude la Africana con un Carreras blico en la actuación individualidieron a la Nacional. La Orquesvolcado para broche de la vela- zada, cuando, después de una ta fue destinataria de especial da. Pero lo excepcional de la soinmejorable, impresionante verpremio después de sus actuacioprano lo gustamos en Pleurez, sión de La tabernera del puernes sin voces en los dos fragpleurez mes yeux de Le Cid to -honor al maestro Pablo Somentos de la ópera Zapata dide Massenet, que cantó arrebarozábal- fue tal la ovación que rigidos por el autor, Leonardo tadoramente y con calidad insuno tenía fin y se mantuvo minuBalada- preciosa, evocadora, perable: ¡única! tos y minutos, aunque el artista con sordinas de trompeta y tromse negó a salir más veces que Alfredo Kraus parece poseer el bón, cello, vibráfono, cuerda sulos restantes colegas, en lección talismán del tiempo detenido. Su til, la Elegía la obertura La de ejemplar compañerismo. No voz suena fresca, tersa, incisiva fuerza del destino y la inevitapudo impedir en el retorno de- ¡qué forma de dar intensidad a ble, infalible y aclamada Boda Montserrat, la voz, esta sí, que los agudos! -y facilísima en las de Luis Alonso recogía el sentir general: José: alturas. Dice con línea de maes ¡te queremos! Dúo de La fortro. Lo fue en las arias de MarPero en la noche imperaban za del destino con Juan Pons, ta y en la de La Artesiana las voces. Abrió el camino Monen estupendo momento vocal, En ésta, el bellísimo Lamento tserrat Caballé, con el brillante por color y calor, que después de Federico alcanzó la cota de concurso del Coro Nacional, que había de confirmar con un Nelos grandes momentos. Fue, estrenaba uniforme, en ese cumico della patria de Andrea después, un Javier de lujo, en rioso y larguísimo Himno de las Chenier sensacional con faculel dúo de Luisa Fernanda con naciones de un Verdi lejos de tades e intención. Carreras, por Ana María González, soprano la genialidad, que juega al cosu parte, no regatea temperaque en La Traviata y por encillage con los himnos de Inglatemento, fuerza comunicativa en el ma de ligeras desigualdades en rra, Italia y Francia. Página tamfraseo- s u gran arma- y nos da el tono y cierto sonido nasal, lobién brillante para la Orquesta, su voz con generosidad que gró filados de exquisitez y primor dirigida con amplitud y grandeza asusta. Repito: ¡qué gran Sorociertos. (No sólo por la ocasión, por José Collado, se mostraron zábal nos brindó! incluso por esta gran calidad, ya en ella dos características de ¿no fue importuna e injusta la Montserrat: la inefable, prodigioVictoria de los Ángeles en la solitaria y estentórea voz negatisa belleza de su voz y su desenmimada, sutilísima Canción del va? voltura tanto si domina partes y negrito de Montsalvatge, en el textos, como si reemplaza con Salió José Carreras. Con Juan tan nostálgico y evocador Cants personalidad la perfección reproPons. Fueron aclamados, como deis ocells y las seguidillas de Gran ovación para Carreras y su impresionante versión de La tabernera del puerto de Sorozábal Carmen fue la gran señora de la musicalidad, la pureza en el fraseo, la vocalización, la claridad al pronunciar el español, el catalán o el francés, sin que se pierda una palabra y lució algunos sonidos- notas graves cálidas y dulces, sobre todo- en línea de su gloria. Isabel Rey. ¿Una debutante entre estrellas del canto? ¿Y por qué no, si es de España, representa el futuro y tiene tantas calidades? La voz no es grande en el volumen, pero sí bonita, igual, muy fácil en el mecanismo y muy justa en la expresión. Dijo preciosamente esa maravilla que es el Ah, non credea mirarti de La sonámbula belliniana. Se la ovacionó con entusiasmo. En realidad, como todo, en la noche de lujo lírico donde sería difícil establecer- salvo para Carreras después de La tabernera fundidos premio a la versión y circunstancias- primacías. ¿Kraus, Montserrat, Pons, Victoria... ¿Y los maestros? Ya se habló de Leonardo Balada, justa representación de los compositores de hoy, en espera de su Cristóbal Colón Arrancó sutilezas a la ONE en la Elegía y coloristas pintoresquismos en el Baile de bodas Antoni Ros Marbá, fue el maestro artista, sensible y muy atento a respirar y cortar a punto con los cantantes. La excepción- desigualdad en la clausura de la Seguidilla de Carmen -confirma la regla. Excelente la obertura de La forza del destino A José Collado quizá tendríamos que propinarle un cariñoso tirón de orejas. Maestro: cinco minutos de lectura previa, hubiese evitado que un español dirija el Himno Nacional, muy bien por cierto, ¡con partitura! Espero que no lo recogan los vídeos. José Collado es vehemente, muy temperamental y fogoso, puede ser que con peligroso exceso para el ajuste en la ovacionadísima Boda de Luis Alonso La ONE prestó una contribución atenta, con calidad en solistas y grupos. Se cumplieron así, venturosamente, las finalidades artísticas, lo mismo que se habían coronado las benéficas en esta gala del V Centenario, patrocinada por el INI. ¡Aleluya! Antonio FERNÁNDEZ- CID