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Antonio Mingóte pronuncia hoy su discurso en la Española Fernando Lázaro Carreter le dará la bienvenida Madrid. Tulio H. Demicheli Antonio Mingóte Barrachina pronunciará hoy su discurso de ingreso en la Real Academia Española. Ninguna otra figura de nuestro mundo cultural suscita semejantes unanimidad y simpatías. Prueba de ello es el homenaje que en estas páginas le dedican Máximo, Peridis, Nieva, Tip, Coll, Gila, Chumy Chúmez, Dávila, Gallardo y Montesol. Testimonio, pues, simpático y unánime: de todos los colores, de todas las alturas y de todas las edades. Mingóte por Dávila Hoy, Antonio Mingóte pronunciará, a las ocho de la tarde, el preceptivo discurso con el que confirma su ingreso en la Real Academia Española, al que contestará Fernando Lázaro Carreter. ¿Qué pinta un chico como él en un sitio tan grande como éste? Convertir- sin duda- la r minúscula de su sillón en una mayúscula mayor: la del humor, ese diario, instantáneo y conciso coger al toro de la actualidad por sus azarosos cuernos y primero torearlo con las suertes del capote del ingenio, y luego fulminarlo de una estocada hasta el puño de la espada: la espada del lenguaje en el puño de la imagen. Sí, a partir de hoy, la Española se libierte, y lo hace con todas sus letras y con la saludable pero insobornable libertad de nuestra risa. El 22 de diciembre de 1987, tras dos votaciones previas, Mingóte obtuvo los votos necesarios para ocupar el sillón r minúscula- séptimo de los de nueva creación- en esta casa de los inmortales. A la tercera fue la vencida y, cuando se supo la noticia, hubo, como la hay ahora, una absoluta unanimidad. Pocas veces una figura de nuestro mundo cultural ha suscitado una simpatía semejante: La derecha y la izquierda, los más altos y los más bajos, vascos, catalanes, andaluces, castellanos, canarios, gallegos, guapos y feos, los hombres de negro a la vez que los jóvenes posmodemos, mancos, cojos, sordos, incluso los ciegos, todos a una, lo celebraban. Quizá porque Mingóte, además de ser mucho Mingóte, como un rey a todos nos pertenece. Y es que, plagiando una frase afortunada del escritor venezolano Alejandro Rossi, bien pueda afirmarse que un gran humorista es el monarca de un mundo en plena fuga A este mundo insólito vino Antonio Mingóte el 19 de enero de 1919, en Sitges. En la Daroca zaragozana- l a patria chica paterna- habría de transcurrir su infancia. Luego, los Mingóte se trasladarían a Calatayud y a Teruel, donde el humorista compaginaría el Bachillerato con los estudios musicales- piano y composición- para continuar la tradición familiar. Al estallar la guerra civil, Mingóte, que contaba diecinueve años, se incorporaría al ejército nacional en 1938, luchando en Zamora con la V División de Navarra. Abandonaría la vida militar en 1953 con el empleo de comandante. Antes, en 1944, había fijado su residencia en Madrid; tan sólo dos años después publicaría su primera viñeta en La Codorniz, revista en la que publicaría hasta su desaparición, y para la que crearía la archifamosa Pareja siniestra Su colaboración diaria en ABC se inició el 19 de junio de 1953, situándose en muy poco tiempo entre los humoristas más respetados de toda España. En 1955 funda el semanario humorístico Don José, dependiente del diario España, de Tánger, en el que colaborarían todas las grandes figuras del humor contemporáneo. A partir de entonces la actividad de Antonio Mingóte se multiplica y comienzan a aparecer libros y libros, incluso alguna noMingote por Peridis vela, como Las palmeras de cartón (1948) ¿Quién no ha tenido alguna de sus obras entre las manos? Algunas de ellas (Historias de la gente, Pequeño planeta, Historia de Madrid, Historia del traje, Historia del mus. Hombre solo; Arturo y Pepe; Serios, decentes e inmutableds; 25 años de Madrid, villa interminable; Historia de la gente o Las Fiestas nacionales, además de siete tomos de sus Chistes) han conseguido ventas millonarias y millonarias reediciones. Mingóte ha ejercido, a lo largo de su dilatada carrera, la crítica social, la sátira moral, la pura imagen o el comentario de la más insolente actualidad. Sus temas abarcan el desarrollismo y sus mitos; la vida política nacional tanto como la social; los juegos, las diversiones y, también, las historias de la Historia. La distancia, una acida y antisolemne ecuanimidad, su feroz liberalismo, le han convertido en una de las voces más destacadas del periodismo nacional. -Dibqjo de Antonio Mingóte En el dibujo está Dios y Antonio Mingóte. No es que Antonio Mingóte haya muerto, sino que es inmortal, que no es lo mismo. Mingóte está más vivo que nunca y Dios no digamos. Dios tiene en sus manos un dibujo de Mingote y lo contempla con atención infinita. Dios calla, como es costumbre en él. Calla y otorga, dice a sus feligreses un cura a medio camino entre el discurso del método y el refranero. Dios, que aunque nada dice, todo lo oye, mira hacia el cura y luego a un coro de ángeles que no vienen en los Evangelios y que cantan loas y alabanzas: son los críticos de arte. Dios piensa que los críticos de arte, tan controvertidos, a veces tiene tanta razón como si fuesen santos. Dios, evidentemente, en este dibujo, está de acuerdo con la crítica y con otros tronos y dominaciones y cree que el dibujo de Antonio Mingóte que tiene entre las manos es un dibujo divino. A todo esto, y en el mismo dibujo, Antonio Mingóte lo está pasando fatal, ya que Antonio Mingóte, aunque respetuoso y reverente con el Creador de todo tipo de creadores, no sabe muy bien por qué diablos está en este dibujo, modesto como es él, y piensa que figurar él mismo en un dibujo en el que también está Dios, dibujo en el cual Dios en persona contempla tan admirado como divertido un dibujo suyo, tiene que ser alguna broma absurdamente teológica de algún amigo y colega suyo que podía haberse limitado a poner el típico triangulito, el ojo y demás y no meterle a él, Antonio Mingóte, en estámpanos semejantes y dibujos que no se entienden. Antonio Mingóte, que, además va de frac (y ésa es otra) mira en este dibujo de reojo ora a Dios mismo ora a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, que también se han acercado a curiosear la lámina, y francamente no sabe muy bien qué hacer, si seguir de pie o recostarse en una nube disimuladamente. ¿Durará mucho esto? piensa Antonio Mingote. Aquí los minutos parecen eternos. Que este buen Dios no se entere al menos, piensa Antonio Mingóte, que además de dibujar, escribo. No me vaya a pedir algunas de esas cosas que yo tecleo sin darle importancia y para pasar el rato y me tenga aquí delante viéndoselas leer. Pero, claro, Dios sabe perfectamente que Antonio Mingóte escribe y que escribe tan bien como los ángeles escritores. Sabe incluso que este gran hombre se llama Ángel antes que Antonio y por supuesto ha leído, si no inspirado, todos sus libros Anda, anda, genio, salte de este dibujo y vete ya a la Academia, donde ingresas esta tarde Y Mingóte descendió a la Academia por muchos años y Dios se quedó con un dibujo de Antonio que para sí lo quisieran museos y museos. MAXiMG