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ABC, pág. 72 TRIBUNA ABIERTA JUEVES 20- 10- 88 O es posible conocer a fondo a I ñ i g o de Loyola sin ahondar en sus relaciones espirituales con las mujeres de su tiempo. Ni comprender lo que le ocurrió en Alcalá con los jueces de Toledo y más adelante con el maestro Ciruelo, sin rastrear cómo le fue al Santo su apostolado femenino en esta ciudad. En el mes de marzo de 1527 volvieron a sonar las acusaciones contra íñigo por temor a que en sus enseñanzas hubiese algunas cosas relacionadas con los alumbrados, muy activos entonces en Alcalá: No faltaban entre las discípulas de Ignacio las que padecían desmayos y convulsiones y lo que entonces se llamaba mal de madre manifestaciones todas que hoy sabemos que no son sino histerismos, pero que entonces daban que sospechar sobre influjos malignos. También de este segundo proceso salió indemne Loyola, y él y sus primeros compañeros pudieron continuar su vida ascética y su apostolado. Arreciaba por aquellos años en Castilla la persecución contra los alumbrados. El 23 de septiembre de 1525, es decir un año antes del primer proceso contra íñigo, la Inquisición había promulgado el Edicto de los alumbrados de Toledo, en que se ponía en guardia contra aquellos grupos de clérigos y seglares que se reunían en secreto, leían la Biblia, se constituían en maestros espirituales, tenían extrañas formas de oración y de dejamiento No es extraño que el grupo que se reunía alrededor de íñigo de Loyola suscitase serias reservas. N SAN IGNACIO Y EL APOSTOLADO FEMENINO Un hecho inesperado vino a levantar ele nuevo sospechas contra ellos y a turbar a toda la ciudad de Alcalá. Oigamos al mismo íñigo en su Autobiografía: De ahí a otros cuatro meses que él estaba ya en una casilla, fuera del hospital, viene un día un alguacil a su puerta, y le llama y dice: Venios un poco conmigo. Y dexándole en la cárcel le dice: no salgáis de aquí hasta que os sea ordenada otra cosa. Esto era en tiempo de verano y él no estaba estrecho y así venían muchos a visitalle; y hacía lo mismo que libre, de hacer doctrina y dar Ejercicios Diecisiete días estuvo en la prisión sin que le examinasen ni él supiese la causa dello. Al fin, el mismo vicario de la diócesis, Rodríguez de Figueroa, vino a verle, y después de examinarle de mu- de sobrenaturalidad. Son pocas en número las cartas que escribe a mujeres o recibe de ellas: 89 y 53 respectiPor Ángel SUQUÍA GOICOECHEA vamente. Tienen, sin chas cosas, hasta preguntarle si hacía guar- embargo, un valor incalculable para comprendar el sábado le preguntó si conocía dos der su dolorosa experiencia con las mujeres ciertas mujeres que eran madre e hija; y des- de Alcalá. Dejaron huella en él, y no tuvo to dijo que sí. Y si había sabido de su partida poca parte en ello la airada intervención del antes que se partiesen; y dijo que no, por el maestro Ciruelo que hemos relatado. En los últimos años de su vida, maduros y juramento que había recibido. Y el Vicario, luminosos, dirigió Ignacio a los entonces, poniéndole la mano en jesuítas portugueses unos avisos el hombro con muestra de aleen los que, entre otras cosas, les gría, le dijo: Esta era la causa decía: No conversaría con muporque sois aquí venido A conjeres mozas y de poca manera tinuación explica Loyola lo sucesino en iglesias y muy público, dido: Entre las muchas persoporque a una mano son leves y, nas que seguían al peregrino haora sea vero o falso, frecuentebía una m a d r e y una h i j a mente se levanta mal humo de entrambas viudas, y la hija muy las tales conversaciones, por ser moza y muy vistosa, las cuales ellas en general más ligeras, y habían entrado mucho en espírino constantes en el servicio de tu, máxime la hija; y en tanto Dios Nuestro Señor. que siendo nobles, eran idas a la Verónica de Jaén a pie, y no sé Pero tal vez fue más decisiva si mendicando, y solas; y esto la intervención del maestro Cihizo gran rumor en Alcalá. Y el ruelo, y el proceso subsiguiente, doctor Ciruelo, que tenía alguna para persuadir a íñigo de que Ángel Suquía m protección dellas, pensó que el sus trabajos apostólicos eran Cardenal arzobispo preso las había inducido, por eso p r e m a t u r o s p r o p i o s de un de Madrid- Alcalá le hizo prender novicio ardiente pero inexperto, y He aquí, pues, el nudo oculto del conflicto: de que lo que verdaderamente le importaba dos mujeres nobles, María del Vado y su hija era dedicarse a estudiar en serio para obteLuisa Vázquez, protegidas por uno de los ner la necesaria formación teológica y moral, más autorizados profesores de la Universi- llegar a ser sacerdote y tener así la capacitadad, el doctor Sánchez Ciruelo, son atraídas ción y el prestigio necesarios. Por eso y porpor el magnetismo espiritual de un pobre y que en Alcalá, a pesar de la absolución, ya sospechoso estudiante primerizo, sin letras ni era mirado con recelo, aquel mismo verano Teología, que se atreve a enseñar los cami- de 1527 decidió ausentarse y se fue a Salanos del espíritu; entran en su círculo, no bien manca. Como en la ciudad del Tormes tamvisto por los celantes de la ortodoxia, y re- bién tropezó con dificultades, poco después pentinamente desaparecen de la pequeña marchó a París, donde, por ignorar el idioma ciudad, dicen que para peregrinar solas a la vulgar, se entregó de lleno al estudio. Allí le Verónica de Jaén. Consta que con ellas iba llevó, en realidad, la Providencia divina, portambién una criada llamada Catalina. El doc- que fue en París donde encontró los compator Ciruelo, maestro de Teología y ortodoxia, ñeros decisivos y de donde en realidad arranca la Compañía de Jesús. monta en cólera contra el estudiante. No le fue bien a San Ignacio en el apostolado femenino, aunque convirtió a meretrices y recogió doncellas; pero tuvo que sufrir no poco, incluso siendo ya general de la Compañía de Jesús, por causa de algunas mujeres que solicitaban su ayuda y su dirección espiritual. Siempre se negó a que la Compañía tuviese una rama femenina, como tenían las órdenes religiosas más venerables, y sólo consta de una mujer que hiciese los votos de pobreza, castidad y obediencia en la Compañía y muriese como jesuitisa: la. hija del Emperador, Juana de Austria, madre del Rey de Portugal don Sebastián y regente de España durante la ausencia del Rey Felipe II. En el episodio que acabo de narrar se entrecruzaron inesperadamente, como hemos visto, dos vidas: la de un célebre maestro de Alcalá, Pedro Ciruelo, y la de un insignificante alumno que, años andando, llegaría a ser la figura más radiante de la Reforma católica, íñigo de Loyola. LA MASÍA DEL CAVA Cocina catalana ALGUNAS DE NUESTRAS ESPECIALIDADES Pan de payés tostado con tomate y jamón con porrón de cava. L Arrosseixat de fideos con gambas. Escudella ¡carn d olla (solólos miércoles) Lenguado a la catalana. Bacalao all i olí. Conejo con cigalas. Pato con peras. Servicio de aparcacoches Cerrado domingos noche COSTANILLA DE LOS ANGELES, 12 (semiesquina Santo Domingo) TELEFONO 247 66 33 El jesuíta Hugo Rahner es, sin duda, uno de los conocedores más intuitivos y profundos de la historia de la espiritualidad ignaciana. Sus dos volúmenes Saint Ignace de Loyola avec les femmes de son temps (París, 1963) son una obra de gran precio para conocer tales relaciones. San Ignacio escribió poco: el Libro de los Ejercicios, las Constituciones, su Diario espiritual. Pero ahí están esas siete mil cartas, íntegras o extractadas, que nos descubren toda la entrañable humanidad ignaciana transida ácanas RESTAURANTE BOITE Abierto hasta las 4 de la madrugada. Cenas hasta las 3 de la madrugada. C Miguel Ángel ¡29- 31. Parking gratis. Reservas: Tels. 441.32 85- 442 00 22