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15 octubre- 1988 ABC UTÍV V Q ABC III IIL novecientos sión, las desventuras ochenta y de un grupo de turistas ocho esta por Egipto durante Francisco Ayala siendo un año afortuunas Navidades. El Editorial Montena, Madrid, 1988. 127 páginas. 650 pesetas nado para Francisco contraste del título Ayala. A la concesión (Navidades- Infieles) andel Premio Nacional de las Letras Españolas jardín de las malicias (los recortes de Pren- ticipa el carnaval ridículo en que se resuelve hay que agregar su comparecencia editorial sa y los Diálogos del amor que en la se- el relato. Las páginas introductorias, con su con varios títulos: la reedición, en Alianza, de gunda Días felices donde el tono lírico se hiriente presentación de las Navidades cristiaLos usurpadores; la edición, en Crisol, de una superpone sobre el humorístico. Los relatos nas- culto del consumismo, sazonado por un versión ampliada de los artículos sobre el de El jardín de las malicias se presentan or- atraco callejero- enmarcan esa oposición cine; la publicación, en forma definitiva de denados en una escala creciente: desde el dentro de la percepción sombría de nuestro su autobiografía Recuerdos y olvidos, y, en tiempo que el autor transmite. Con ajustada fin, la salida a la luz de El jardín de las malisimetría conceptual, el cierre del relato enlaza cias. De aquellos años oscuros en que la con su apertura, al informarnos de que los tuPrensa fascista arremetía contra el gran relaristas cristianos no pudieron al fin visitar la to La vida por la opinión pasando por la iglesia de San Sergio, lugar que, según la traprohibición ulterior de las Obras narrativas dición, dio refugio a la Sagrada Familia, y en completas, que Aguilar debió imprimir en cambio sacaron muchísimas fotografías en México, a estos días de ahora, ha mediado el viaje... El relato permite, por lo demás, ilussin duda un vasto trecho. El reciente discurso trar el proceso de transfiguración de lo real en el que, con motivo de la entrega del Preseguido por Ayala. En la última parte de Remio Nacional de las Letras, el actual ministro cuerdos y olvidos, se refiere el autor a la elide Cultura elogiaba el talante crítico del escriminación que llevó a cabo en el cuento de tor, representa acaso la culminación de una cuanto hubo de positivo en la experiencia viparábola existencial. Queda, sin embargo, vida. El texto conecta, sobre todo, con un aruna tarea importante por hacer: que los lectotículo de Ayala, en el que ironizó también sores jóvenes intensifiquen el contacto con la bre el turismo: Roma sin turistas (1985) obra ayaliana, uno de los más considerables Con El camino de nuestra vida pasamos corpus narrativos de la literatura española de del turismo a la geriatría y sus mitos: se trata este siglo. La aceleración editorial en curso de una burla contenida del mito fáustico, citatendrá seguramente consecuencias sobre el do al comienzo de la narración. El narrador, particular. de nuevo en primera persona, parodia al M El jardín de las malicias A la búsqueda sobre todo de ese público más joven se dirige El jardín de las malicias. Público juvenil y literatura conforman un binomio problemático: las necesidades de la industria y la d ¡versificación del mercado, haz y envés de una misma hoja, han desembocado en eso que se llama literatura juvenil: un género confuso porque los planteamientos están viciados de raíz. No se puede- n o se debe- escribir para jóvenes, como no se puede escribir para católicos, o socialistas, o anarquistas. Pero si hay una moda juvenil, ¿por qué no también un libro juvenil? El resultado son los numerosos catálogos llenos de mala literatura. Al final, lo único que permanece son los textos que nacieron sin esos propósitos: Poe, Stevenson, Swift, etcétera. Los seis relatos que integran este volumen no están todos inéditos en libro, pero el conjunto sí es nuevo en la medida en que conforma una específica estructura agridulce, un poco al modo de El jardín de las delicias. La variante paronomástica del nuevo título ilumina con sagacidad la persistencia de esa línea dominantemente grotesca que preside el arte de Ayala desde Historia de macacos (1955) Tras la perspectiva trágica de Los usurpadores y La cabeza del cordero, aquel libro inauguraba la visión grotesca de la realidad, con la que Ayala se ha situado entre los maestros de esta corriente, en la literatura europea contemporánea, desde Valle- lnclán a Gombrowicz. Tanto arraigó en él esta visión que no dudó en aplicarla incluso a la guerra civil española en e! relato, ya citado, La vida por la opinión una parodia del honor calderoniano; introdujo además en nuestra literatura el asunto de los topos que cobraría perfiles patéticos tras la muerte de Franco. La narración se incluyó en la segunda edición de La cabeza del cordero (1962) El grotesco de Ayala tiene grados. Es más fuerte, por ejemplo, en la primera parte de El grotesco atenuado del cuento inicial, Dulces recuerdos hasta la explosión cruel, en el que el humor se vuelve puro sarcasmo, de El prodigio El título del volumen tiene mucho de clave sobre la poética que lo sustenta. Es quizás una parodia del primer jardín, según sugiere Rafael Conté en el prólogo: la parodia de la literatura forma parte eminente de lo grotesco, y Ayala la ha practicado con frecuencia. Flores maliciosas crecen, por lo demás, en este nuevo recinto ajardinado del escritor: enfocados con lente crítica desfilan la infancia Dulces recuerdos los viajes turísticos Una Nochebuena en tierra de infieles, o son como niños la ciencia moderna El camino de nuestra vida el eterno femenino Él rapto y, en fin, la inteligencia condenada al menosprecio y a la destrucción El prodigio La pieza que se aleja más de este canon es el Glorioso triunfo del príncipe Arjuna donde lo trágico y el tono solemne parecen imponerse. Pero ieído con atención, el texto encierra un sutil menosprecio del poder, y eso, además de muy ayaliano, guarda relación con la visión grotesca. Dulces recuerdos enlaza con algunas páginas de la segunda parte de El jardín de las malicias. Veteado el cuento por una suave nostalgia de la infancia, el narrador, en primera persona- recurso característico de Ayala- traza una crítica, amable y melancólica a un tiempo, de las fiestas burguesas, centrada en el universo ritual de los dulces. Una Nochebuena en tierra de infieles... en cambio, pinta con ferocidad el mundo de los viajes turísticos. Ayala recrea en él un reciente viaje a Egipto (1984) El texto contiene todas las mejores características del Ayala grotesco, que dibuja casi con saña, hasta la irri- Dante, tanto en el título como, seguramente, después, cuando se refiere a las fabulosas selvas tan temibles en el pasado eco probable asimismo de los versos primeros del Infierno Del mundo moderno retrocedemos al añejo tema de los equívocos amorosos- seducción y desengaño entrelazados- en El rapto uno de los más celebrados relatos de Ayala, concebido como una novela ejemplar cervantina: lo está en el movimiento y diseño general y en la mirada lúcida, implacable, del narrador. Pocos textos tan crueles con la mitología del amor. El grotesco ayaliano luce aquí en su plenitud. Esa crueldad lo conecta, sin solución de continuidad, con El prodigio el más brutal de la serie: Ayala se basó en la historia del niño Chtistian Heineken, que vivió en el siglo XVilí y que a los dos años hablaba alto y bajo alemán y tenía múltiples conocimientos, según aclara una nota incluida en El tiempo y yo y datada en Puerto Rico en 1951. Este texto ofrece los versos laudatorios procedentes de un grabado de la época, donde aparece el prodigio rodeado de libros e instrumentos científicos, que en el cuento constituyen el epitafio de ia desdichada criatura. Más distante se presenta el Glorioso triunfo del principe Arjuna una especie de apólogo oriental. Es un relato iniciático: se trata de la iniciación de! príncipe en el misterio profundo de la realidad- u n sueño- en el amor y en la muerte. Es el cuento que menos se acoge a la poética grotesca, dada su vinculación a la idea oriental del nirvana. Con todo, el humor funciona como nítido estribillo en la secuencia erótica. Y el desenlace del relato es consecuente con la vieja concepción ayaliana del poder como usurpación, además de enlazar con lo grotesco, según señalé antes. La unidad del libro no se resiente. Miguel GARCÍA- POSADA