Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
E D 1 T A DO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 11 OCTUBRE DE 1988 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC Lo malo es que las meras estadísticas no son demasiado orientadoras. Hay que interpretarlas, verlas en contexto, analizar los proyectos, tener presente el horizonte de las posibilidades. En estos países se difunde la impresión de que están muy mal, y España admirablemente bien, una especie de Jauja. Se compara la inflación española- modesta, como todas las de Europa occidental- con la verdaderamente incomprensible de estos países, que cada mes supera con mucho las anuales europeas. Pero no se tiene presente que en Europa no tiene compensación, mientras que la llamada indexación mitiga los efectos de las australes. Y se olvida el nivel de desempleo, tan angustioso, y la cuantía de los impuestos, que de tal manera reducen los ingresos reales. Con esto quiero decir que las dos fuentes casi exclusivas son insuficientes y en muchos casos pura y simplemente desorientadoras, porque son tendenciosas, porque buscan dar una imagen que conviene al que la facilita y difunde. Si se quiere tener alguna claridad, no hay más remedio que ver; y todavía más, pensar. La primera vez que hablé en detalle de un país que no era el mío llegué a la conclusión de que el único método fiable era éste: impresionismo y análisis. Siempre que renuevo mi contacto directo con el Brasil me sorprenden unas cuantas cosas. Este país enorme, poco menor que Europa entera- digo entera, la que algún día volverá a ser- tan difícil de recorrer y abarcar, que muy pocos de sus habitantes conoce en su conjunto, tiene una única lengua, el portugués, hablado de un extremo a otro por toda la población, de manera que todos pueden entenderse sin la menor dificultad. Y tiene una historia común, indiscutible y, lo que es más, indiscutida, que constituye el patrimonio más importante, el fundamento de la identidad y, por consiguiente, de la capacidad de proyectar. Tiene también- y en esto coincide con la mayoría de los países hispánicos (o ibéricos, que es lo mismo) incluida España- una alta dosis de vitalidad, de manera que es un país divertido, y no sólo en tiempo de carnaval, que no he contemplado nunca. Y paradójicamente, tanto más cuando más deprimidas (estadísticamente) son sus regiones, porque una cosa es la depresión de los economistas y otra es la del ánimo. Sorprende en el Brasil, en los círculos más REDA C C ON ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 2 8006- MADRID L encontrarme una vez más en las tierras de América del Sur, al enfrentarme con una realidad cambiante, pero que conserva una continuidad más importante que la variación, y que se suele pasar por alto, se me ha ocurrido preguntarme de qué se compone sustancialmente la idea que unos países tienen de otros, por ejemplo, la que los españoles tienen de las grandes naciones de esta porción del mundo. Y he llegado a una conclusión inesperada. La mayoría de los hombres de nuestro tiempo se nutren para opinar sobre los elementos integrantes del mundo que los rodea y ¡os condiciona de dos fuentes principales: las imágenes que les da la televisión y los datos que proporcionan las estadísticas. Lo primero que salta a la vista es que ambas fuentes son bastante recientes: hasta hace unos decenios, la televisión no existía: su difusión amplísima, en la que reside su principal influencia, es cosa de los últimos veinte o treinta años, según los países. En cuanto a la estadística, es ciertamente más antigua; pero su uso, su vigencia, el recurso habitual a ella, todo eso tiene aproximadamente la misma edad que la televisión. Podemos decir que los hombres contemporáneos, cuando escuchan el nombre de un país que no es el suyo, evocan por lo pronto, las imágenes que les ha servido la televisión. En muchos casos, desde luego en España, son de gran simplicidad y se repiten incansablemente. Son casi siempre las mismas. Esto tiene un sentido literal: no es que sean parecidas sino idénticas; hemos visto diez, veinte, cien veces las mismas manifestaciones, los mismos desfiles, los mismos mozalbetes lanzando piedras o incendiando neumáticos- o automóviles enteros- los mismos policías cargando sobre ellos, golpeándolos, disparando balas de goma- o de las otras- usando poderosos chorros de agua. Se tiene la impresión de que en algunos países no se hace otra cosa, que ésa es la ocupación continua y virtuosa A veces hay otras series: aparecen admirables demagogos que electrizan a las masas oprimidas y claman contra el imperialismo. En ocasiones esto se asocia a la música sabiamente concertada por una u otra organización internacional. Finalmente, hay algunos intermedios festivos; todos hemos visto mil veces el carnaval de Río, las danzas orgiásticas acompañadas de estruendo. Si el espectador español- y no sólo español- hace balance de su información sobre la América hispánica, encontrará que se reduce a muy poco más que lo que acabo de decir: apenas es una caricatura, porque comprende por lo menos el 90 por 100 del total. Cuesta un poco de trabajo creer que estos países puedan reducir su vida a este mínimo reoertorio de actividades. Pero- se dirá- ésta es la imagen popular Hay otra seria que es la que poseen los hombres de negocios, los economistas, los sociólogos y, sobre todo, los políticos: es la que proporcionan las estadísticas. Se sabe que la deuda externa de la Argentina, el Brasil, Venezuela, el Perú, México, es inmensa- no se suele saber nada de la de Polonia o Rumania, que no es menos gigantesca, y no se sabe bien a quién se debe: de la de Cuba se prefiere no hablar, y menos averiguar en qué sentido es externa y qué querría decir esta palabra. A TELEVISIÓN Y ESTADÍSTICAS cultivados, la presencia de una cortesía que parece antigua porque en casi todas partes ha dejado de usarse. Hace unos días he dado una conferencia en el hermoso edificio de la Academia Paulista de Letras, con tan bellos muebles, de las maravillosas maderas del país, cuadros y sabrosos retratos. Pero el refinamiento y la cortesía de las personas vivas que allí estaban eran actuales, pertenecían al presente, y se me ocurrió pensar si no sería que la falta de ello que en otros lugares se advierte es algo pretérito, una vuelta atrás, una recaída en el primitivismo. Lo que me parece indudable es que en el Brasil domina el desencanto de la política; no quisiera equivocarme, pero tengo la impresión de que afecta a toda política. Los brasileños parecen esperar muy poco de los políticos, de lo que ofrecen, y menos aún de lo que probablemente van a cumplir. Este desánimo me parece inquietante, porque al fin y al cabo los partidos y sus jefes van a seguir su camino, y si lo hacen ante la mirada distraída o desinteresada de los ciudadanos, se pueden temer muy diversas cosas. Creo que esta falta de confianza nace de uno de los rasgos más importantes del país: su magnitud. El Brasil no tiene un centro no tiene una Plaza Mayor; lo era en cierta medida, a pesar de su posición excéntrica, en el Atlántico, la prodigiosa ciudad que es Río de Janeiro, pero la para mí desdichada decisión de trasladar la capital a Brasilia ha disminuido la esencial función de Río, tan necesaria en una nación en que es tan difícil que nada tenga alcance global. Es improbable que nada- salvo la televisión- llegue a todo el Brasil. Los periódicos, algunos excelentes, tienen gran difusión, pero limitada a fracciones del país. Creo que es urgente crear ciertos instrumentos inteligentes que puedan ejercer su influjo sobre el Brasil entero- a l menos, sobre las minorías activas de todo é l- de manera que puedan existir opiniones, acciones, proyectos coherentes, que movilicen al conjunto hacia un futuro interesante. Y hay un rasgo más que me impresiona de los medios intelectuales del Brasil: su apertura, su interés por lo que acontece fuera del país- cuyo tamaño colosal podría justificar algún provincianismo- El número de libros españoles que se ven en manos de muchos brasileños, en las librerías, es sorprendente: son muchos también los que son traducidos y publicados en el Brasil. Y cuando llega la hora de pensar, se tiene en cuenta lo que en otros lugares- por ejemplo en España- se ha pensado. El caso más notorio e ilustre fue el de Gilberto Freyre, muerto hace un año, autor, entre tantos otros, de un libro titulado El brasileño entre los demás hispanos (que nadie se ha cuidado de traducir) Acabo de leer un libro de Gilberto de Mello Kujawski. A crise do século XX, de una amplitud de lectura y reflexión que sorprende: y en él hay una presencia viva y constante del pensamiento español de nuestro tiempo, que en la América de nuestra lengua es difícil de encontrar: y en España, imposible. AEROLÍNEAS ARGE VF A AS Julián MARÍAS de la Real Academia Española