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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 30 DE JULIO DE 1988 ABC pues no hay dolor más grande que el doflor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida cons ciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto y el temor de haber sido y un futuro te rror... y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir pur la vida, y por la sombra, y por lo que no conocemos y apenas sospechairnos, y la carne que tientSLCOXLSus- Jrescos- rack mos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adonde vamos, ni de dónde venimos! REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA DR estas fechas se debe recordar a R u b é n Darío que publicó su libro Azul en la ciudad de Valparaíso el año 1888. Las numerosas ediciones de este libro que hizo después son todas diferentes, muy diferentes, y puestos a elegir, nos inclinamos por la primera. Nos encontramos, pues, en el centenario de esta publicación, y es de rigor recordar también que Azul fue comentado por don Juan Valera en los Lunes del Imparcial, y este comentario, justo y casi adivinatorio, consagró, dentro y fuera de España, tanto al libro como al autor. Hasta el fin de sus días lo agradeció Rubén Darío. Ahora que nadie discute la importancia de aquella nueva escuela: el Modernismo, creo qnp preguntamos qué es lo que queda de Rubén para un poeta de nuestro tiempo. ¿Puede enseñamos algo aún? ¿De qué modo está vivo todavía? Éste es el tema que me propongo tocar en este artículo. A la pregunta: ¿Puede enseñarnos algo? contestó afirmativamente: Creo que sigue enseñándonos y, además, que su enseñanza sigue teniendo validez. Quien enseña algo válido está vivo, pertenece al futuro y va delante de nosotros. Y bien: ¿En qué consiste esta enseñanza? En varias cosas que pretendemos aclarar. P ¿QUÉ NOS SIGUE ENSEÑANDO RUBÉN DARÍO? tiene entre nosotros, quiero decir entre los poetas españoles, una gran actualidad. Yo diría que es 4 a poesía más- aetuat que se hace ahora. Tiene muchos y buenos cultivadores, y consiste, propiamente, en basar el poema en un personaje histórico. En estos poemas, la invención poética y la fidelidad histórica son coincidentes, y esto parece proporcionarles un seguro de vida. Siempre son jóvenes. Veamos este poema de Rubén que, además de ser excelente, es un poema adivinatorio: sigue gozando entre nosotros de permanente actualidad METEMPSICOSIS Yo fui un soldado que durmió en el lecho de Clenpatra la mina Su hlangtay su mirada astral y omnipotente. Esto fue todo. ¡Oh mirada! ¡oh blancura! y ¡oh aquel le cho en que estaba radiante la blancura! ¡Oh la rosa marmórea omnipotente! Esto fue todo. Y crujió su espinazo por mi brazo, y yo, liberto, hice olvidar a Antonb. ¡Oh el lecho y la mirada y la blancura! Esto fue todo. Yo, Rufo Galo, fui soldado, y sangre tuve de Galia, y la imperial becerra me dio un minuto audaz de su capricho. Esto fue todo. ¿Por qué en aquel espasmo las tenazas de mis dedos de bronce no apretaron el cuello de la blanca reina en broma? Esto fue todo. Yo fui llevado a Egipto. La cadena tuve al pescuezo. Fui comido un día por los perros. Mi nombre: Rufo Galo. Esto fue todo. Comenzaré diciendo lo que considero más importante y menos discutible: un poeta siempre es algo más que una escuela poética. Las escuelas perviven históricamente y terminan muriendo. Los poetas no mueren. Los poetas siguen viviendo mientras tanto haya alguien que recuerde sus versos, y yo recuerdo muchos de Rubén. Algunos de estos versos me han enseñado a vivir, algunos de estos versos siguen aún constituyendo mi futuro. Por ejemplo: Mi juventud, ¿fue juventud la mía? que Antonio Machado repitió sin saberlo: tan dentro de él estaba. Hay versos que se repiten siempre porque siguen constituyendo, para los hombres, lo que yo llamaría la ley del corazón, y éste, indudablemente, es uno de ellos. O bien, este aforismo que se aproxima tanto a la verdad. Por eso ser sincero es ser potente, de desnuda que está brilla Is estrella; Sí, en poesía la sinceridad se convierte en fuerza. En poesía hay que ser tan sincero como la estrella que está desnuda, o está vestida únicamente, por su luz. No dejaremos de decir que su luz constituye su fuerza. Naturalmente. Y para terminar este apartado, recordarnos ahora el poema de Rubén que todos los poetas recordamos: La segunda verdad que nos ha legado- para mí, al menos, sigue siendo verdades su increíble capacidad de exigencia artística. Se suma siempre a lo mejor. Cuando escribe, no se contenta con lo que hace, sino al nivel más alto. Recuérdense sus palabras: Podría repetir aquí más de un concepto de las palabras liminares de Prosas profanas. Mi respeto por la aristocracia del pensamiento, por la nobleza del arte, siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura estética, apenas si se aminora hoy con una razonada indiferencia. Y nos dice también que la forma poética no es lo suyo. Así, sin más, ni más: Hago esta advertencia porque la forma es lo que primeramente toca a la muchedumbre. Yo no soy un poeta para las muchedumbres. Pero sé que, indefectiblemente, tengo que ir a ellas. No es partidario de la forma, sino de la idea, y así lo escribe muchas veces. Rubéh Darío se suma a la aristocracia del pensamiento y no a la mediocracia pensante. La expresión es suya, y la ironía también es suya. Así, pues, no olvidemos que su segunda lección es la siguiente: sumarse siempre a lo mejor. Aún le debemos más. Rubén Darío también ha adivinado un tipo de poesía que LO FATAL Dichoso el árbol que es apenas sensitivo y más la piedra dura, porque ésta ya no siente, AEROUWEAS ARGBA TÍA AS Descansar para ir a más. Ahora quisiera hablaros, finalmente, de la enseñanza que considero privilegiada. En nuestro tiempo, el arte se ha desvinculado de imitar a la naturaleza. La imitación, al paredón. La pintura no necesita tema: ella es su propio tema. En la pintura no figurativa no hay más tema que el cuadro. Se acabaron las reglas, puesto que todo arte se origina a sí mismo, todo arte es creación. Así, pues, ni el arte de la ordenación de las imágenes en el cuadro, ni el arte de la ordenación de las palabras en ei poema deben estar sujetas a imposición de yugo extemo alguno, puesto que acaba de nacer la verdad que dice: El arte no es un conjunto de reglas, sino una armonía de caprichos Éstas son las palabras que separan el arte tradicional del arte contemporáneo. Pues bien, estas palabras las publicó Rubén Darío eFt 1907. Ha sido más que un precursor. Luis ROSALES de la Real Academia Española