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18- ABC OPINIÓN AAE AEN 6 f 5 p ÉTe TOCA SÍ tiARúpN ¿A MÁS F A, EW Y 6O9- SCRf SÁBADO 9- 7- 88 Prensa extranjera Cultura hispana en EE UU América, la gran receptora. De cada cultura que llega a sus fronteras, adopta nuevos ingredientes Puede que sea mejor dar, pero es más divertido recibir. Hoy recibe una nueva y rica corriente. Cada vez más, las peJículas norteamericanas, el teatro, la música, él diseño, el baile y el arte adquieren espíritu y color hispano. Mire a su alrededor y podrá descubrir esa luz especial, esa gravidez que la distingue, el ingenio portátil, el giro personal. Los nuevos nombres tienen sonido español En el cine, el verano de La Bamba el año pasado dejó via libre al otoño de Nacido en el Este de Los Angeles En el panorama discográfico la historia se repite El mundo del arte está abriendo sus ojos a los artistas hispanos, cuyo trabajo, agudo y entusiasta, debe su fuerza a una inteligencia esté: tica, no a un escenario étnico. Mientras tanto, Jos dramaturgos hispanos proveen a los offBroadway y a los teatros regionales con nuevas voces. Y cuando todavía la gran novela hispano- norteamericana está por escribir, las espléndidas figuras de la literatura hispanoamericana- Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes- se traducen directamente a la literatura estadounidense, ¿sin mencionar las listas de los best- sellers Las influencias hispanas, hasta ahora para la mayoría de los norteamericanos tan sólo un detalle picante, se están convirtiendo en parte vital de una cultura más amplia. La demografía es la razón principal. El número de -hispanos en los Estados Unidos ha aumentado en un 30 por 100 desde 1980, para alcanzar los 19 millones. Representan el 7,9 por 100 de la población norteamericana J Existe otro motivo más sutil. El trabajo, creativo de los hispanos hoy más que nunca es considerado por los estadounidenses como el trabajo de los, digamos, hispánoanorteamericanos. Pinturas y música procedentes de canales hispanos aparecen filtradas por la sensibilidad del norte Los artistas y comediantes hispanos cortejan a una audiencia masiva que habla inglés La creciente presencia de ios hispanos en el panorama cultural recuerda que las raíces de la cultura española están bien asentadas en la vida norteamericana, especialmente en el terreno más fértil de la imagen nacional: el Oeste. La mayor parte de los Estados del Oeste, de Texas a California, eran territorio español y después fue mexicano. Los nombres españoles de muchas ciudadades 1 del Oeste- Los Angeles, San Francisco, Santa Fe- -son testimonio de los asentamientos de los primeros frailes franciscanos. La primera exploración en suelo norteamericano fue realizada por los descubridores españoles en Nuevo México, en 1598. Todavía en las colinas de Nuevo México y en las viejas misio, nes de la costa del Pacífico, los descendientes de los colonizadores españoles que conocieron a tos pioneros ingleses se divierten (y algunas veces no tanto) al verse perennemente arribando en la conciencia nacional. Como afirmó una vez Lu ¡s Valdez, autor y director de La Bamba, En realidad, no llegamos a Estados Unidos. Los Estados Unidos vinieron a nosotros. Time. Edición europea. EN EL A propósito: DESCONCIERTO L AS últimas encuestas publicadas sobre la situación de la opinión pública española y la intención de voto ante unas hipotéticas elecciones confirman el desconcierto y la indiferencia qué caracterizan las actitudes públicas de nuestros conciudadanos. Prosigue el reflujo del PSOE que pierde una parte dé los votos, procedentes del centro y de la derecha, con tos que en 1982 se formó a q u e l l a mayoría para el cambio a cuyos lomos alcanzó el poder y la gloria. Pero nadie recupera los votos de quienes abandonan el embeleso socialista, percibido repentinamente como embeleco. Solo el empuje califal de Anguita logra para el PCE y sus aliados los mejores resultados potenciales desde el desastre de 1982. El dato más revelador y, a la vez más preocupante es esa enorme parte de la opinión pública que no se siente identificada con ninguna de las opciones políticas existentes y que se refugia en ese socorrido y descorazonador no sabe, no contesta que según la encuesta del Instituto Demoscopia alcanza el 39 por 100. Si le sumamos ei 13 por 100 de los que, ya desde ahora, sé apuntan a la abstención se llega a un 52 por 100 de electores insuficientemente motivados y proclives a pasar de política. AP recibe en las encuestas unos resultados excepcionalmente bajos, aunque no debe perderse de vista que este partido se beneficie de un voto oculto o vergonzante que no se refleja nunca en las encuestas, pero que acaba apoyándole en las urnas. Harían mal, sin embargo, los dirigentes aliancisteas si se arroparan en ese argumento pues bien podrían quedarse compuestos y sin votos. AP ha proyectado en la opinión una imagen de crisis e inestabilidad que también es la base de sus modestos porcentajes y que sólo un esfuerzo titánico- basado en el trabajo serio y no en unas engañosas relaciones públicas- podría enderezar. El congreso que AP celebrará en enero es, desde muchos puntos de vista, una última oportunidad para el partido de la derecha. Los dirigentes de AP no deberían perder dé vista ér consejó del profesor Fuentes Quintana: La crisis de liderazgo de lá derecha es menos importante que su falta de riqueza ideológica. Sería un error no pensar más, que en el problema del poster sin saber cuál es M alternativa que se pretende ofrecer a los ciudadanos. Tampoco acaba de arrancar el CDS sin que pueda consolarse, en su caso, con un teórico voto oculto pues este partido ha recogido normalmente erijas urnas unos resultados muy cercanos á los porcentajes de las encuestas; La indigencia ideológica del CDS es la más grave de todos los partidos situados a la derecha del PSOE y la hipertrofia de liderazgo de que disfrutapadece no acaba de cuajar en esa baza decisiva que podría convertirle en la alternativa. Cada vez va a ser más difícil lograr votos sin articular previamente ofertas serias y suficientemente coherentes. Esto será positivo en la medida en que sea cierto y vale para cuantos tratan de deshancar al PSOE de sus posiciones. Esta opinión pública políticamente desmedulada no es buena para la solidez de la democracia, pero podría tener un cierto aspecto positivo. Los españoles empiezan a no confiar demasiado en la política como instrumento para resolver todos sus problemas. Cada vez se cree menos en el Estado redentor y de ahí un cierto escepticismo político. Los partidos deberían esforzarse en interpretar estos síntomas y esta nueva mentalidad. Alejandro MUÑOZ ALONSO