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JUEVES 7- 7- 68 ESPAÑA EN VACACIONES A B C 65 grito de ¡San Fermín, San Fermín! Desde primeras horas de la mañana El riauriau fue suspendido a los la gente se echó a la calle con la es- pocos minutos de comenzar por inciperanza de vivir estas nueve jornadas dentes de los mozos con los miembros con paz de la Corporación en su libro Fiesta, y por la hospitalidad de este pueblo. No importa no tener lugar donde residir. Basta un trozo de jardinera o de soportal o, incluso, la capota de un coche para echar unas cabezaditas y reposar el cuerpo, que, como es natural, Se resiente con el paso de los días. tras tanto una en el balcón principal del Ayuntamiento. Varios mozos intentaban agredir a los concejales, que eran protegidos por agentés de la Policía Municipal. Como consecuencia de los enfrentamientos, dos policías fueron trasladados a un centro hospitalario y otros ocho resultaron contusionados. Inmediatamente, el alcalde decidió suspender el riau, riau La tradicional marcha es un acto cívico en el que la Corporación se traslada a la capilla de San Fermín para asistir al canto de la víspera del Santo, mientras que los mozos pugnan por retrasar la llegada de la comitiva al son del vals de Astrain. Este acto sólo ha podido terminar en dos ocasiones en los últimos seis años. uno de los motivos fundamentales de su celebridad erí el mundo entero. Los mozos, que corren determinados tramos, suplican al Primer Obispo de Pamplona, antes de que se abra el portalón de los corrales de Santo Domingo, protección. A San Fermín pedimos, por ser nuestro Patrón, que nos guíe en el infierno dándonos su bendición dice la letra que cantan los corredores instantes antes de ponerse delante de las temibles astas. Hoy tiene lugar también uno de los actos más emotivos y bellos de esta fiesta: la procesión de San Fermín. La imagen del Patrón es paseada por distintas calles del casco viejo de la ciudad. A lo largo del recorrido, en el que se sitúan miles de pamploneses, se interpretan numerosas jotas que ponen los pelos de punta. Los cronistas sanfermineros suelen señalar en sus artículos que no existen unos únicos sanfermines, que los sanfermines son unas fiestas que cada uno se monta a su medida. Existe un programa oficial, muy variado, y tantos otros como personas hay en Pamplona durante estos días incomparables. Un programa variado Ayer por la tarde, después de la comida, tuvo lugar el llamado riau- riau Los concejales, vestidos de frac y acompañados por banda de música y la comparsa de gigantes y cabezudos, sé desplaza procesionalmente desde el Ayuntamiento a la iglesia de San Lorenzo, donde se encuentra la imagen del Santo moreno, Patrón de Pamplona, para cantarle las vísperas. La marcha, un año más se volvió a suspender ya que la enorme masa humana que se dio cita impedía deliberadamente el avance del cortejo. A los pocos minutos de haber comenzado la procesión, se desplegaban varias ikurriñas cerca del cortejo municipal. Un edil de HB colocaba mien- Protagonista: el toro A partir de hoy, día grande de esta novena de jolgorio, el toro se convierte en el principal protagonista. Todas las mañanas, a las ocho, tiene lugar el famoso encierro. Una carrera de 825 metros de gran colorido, emoción y riesgo, que es esencia dé los sanfermines y Entre lo profano y lo religioso Madrid. S. de Documentación El patrono de Pamplona, que da nombre a una de las fiestas religiosas y profanas más populares de España, era hijo de padres paganos. El padre desempeñaba un destacado cargo público de la a d m i n i s t r a c i ó n romana en el siglo III; su madre se convirtió al cristianismo y encargó al presbítero y mártir Honesto la educación del pequeño Fermín. Este hizo tales progresos en la ciencia sagrada que a los dieciocho años se le confirió la orden del presbiteriado. Más tarde fue consagrado obispo sin sede fija. Dedicado a la predicación, fue martirizado en Amiéns el 25 de septiembre del año 250, aunque otros sitúan el hecho en 303. Tanto Amiéns como Pamplona celebraron durante siglos la fiesta de San Fermín el 10 de octubre, fecha de la entrada en Amiéns del predicador. Durante toda la Edad Media, en la capital navarra fue una fiesta religiosa de notable arraigo, como demuestran antiguos documentos. Sin embargo, las fiestas de toros, torneos, juegos de cañas y otros festejos de la capital seguían celebrándose, por motivos climatológicos, el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol. Ante el incremento profano que adquiere la fiesta de San Fermín, las autoridades solicitaron a la Iglesia el traslado del día de San Fermín del 10 de octubre al 7 de julio. La solicitud fue aprobada por el Sínodo diocesano el año 1590, siendo obispo de Pamplona don Bernardo de Rojas y Sandoval. En 1591 se celebran por primera vez los Sanfermines. A finales del siglo XVI las fiestas de San Fermín eran amenizadas por grupos de bailarines. En el siglo siguiente, se sacaban a la calle gigantones que polarizaban el jolgorio popular. La inauguración de la capilla de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo, en el año 1717, supuso la definitiva institucionaización de la festividad religiosa, que a partir de entonces no dejaría de combinar el fervor con la diversión popular. En 1754 y 1758 se prohibieron en España las corridas de toros por diversos motivos, como la escasez de carne, pero el Ayuntamiento de Pamplona consiguió el privilegio de la excepción al alegar que en Navarra sobraba carne. Durante la Guerra de la Independencia no hubo Sanfermines: el Ayuntamiento asistió a la función de Vísperas, pero no se organizaron espectáculos ni atracciones. Desde el comienzo de los Sanfermines, las corridas de toros se celebraban en la plaza del Castillo. Se encargaba a los ganaderos que seleccionaran los toros de las diversas ganaderías navarras, las cuales estaban obligadas, por orden de los virreyes, a entregar sus mejores toros para las fiestas del Santo. La traída en la madrugada de los toros, por los carniceros escoltados a caballo por los representantes del Ayuntamiento, constituyó el origen de los actuales y famosos encierros. La Casa de los Toriles se instaló en 1683 en la plaza del Castillo, y allí aguardaban su turho los toros que iban a ser lidiados por la tarde. Más tarde, los toros serían traídos por las calles, desde extramuros, por los mozos pamplónicas, lo que configuraría el primitivo recorrido hasta la antigua plaza por el portal de Rochapea, calle de Sanio Domingo, plaza de la Fruta y calle del Chapitel. Ante las dificultades que suponía la celebración de las corridas en la plaza vieja del Castillo se comenzaron a construir plazas de toros portátiles en el siglo XIX, hasta que se construyó un coso fijo en 1852, precedente del actual, terminado en 1922. En pleno siglo XX, el nombre de San Fermín y sus encierros se convirtieron en cita obligada del turismo internacional, que acrecentarían la cinematografía y la televisión. Famosos de todo el mundo, artistas y escritores como Ernesto Hemingway, rubricaron con su presencia y dejaron plasmados en sus obras el carácter insólito de esta lucha anual de los mozos pamplónicas con los astados, este desafío viril a la muerte bajo la protección del siempre oportuno capote de San Fermín.