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Carta de Barcelona ABC de ías arTe Hernando Viñes y la generación del 27. J. A. Niebla S grato siempre volver a encontrarse con Hernando Viñes, a quien la Sala Dalmau dedica una muy completa miniantología, con cuadros que van desde 1928- año de su primera individual, en París- hasta casi hoy mismo. Viñes se hace acreedor a todos los homenajes que, como éste, se le puedan seguir rindiendo, desde aquella cena de despedida que en 1936 les dieron a él y su esposa en Madrid: la de la famosa fotografía en que aparecen en compañía de Neruda, Buñuel, Pepín Bello, García Lorca, Rafael Alberti, Guillermo de Torre. Pepe Caballero y muchos más. En el catálogo, por uno de esos lapsus en que todos podemos incurrir cuando escribimos demasiado deprisa, se dice que los Viñes habían ido a Madrid, invitados por Buñuel, con motivo de la exposición Españoles residentes en París que la Sociedad de- Cursos y Conferencias había organizado, a través de la Residencia de Estudiantes, en el Jardín Botánico... Y no; esa exposición no se celebró en 1936, sino siete años antes, en marzo de 1929. Si reparo en el error es, más que nada, porque me da pie a insistir en que a los más de los artistas españoles que siguen llamándose de la Escuela de París- común denominador que poco dice, aparte la generalizada tendencia, que se consolidó entonces, a moverse en torno a París, lo que a éste se le debe reconocer, y no, como antes, en torno a Romadeberían llamarse de la generación del 27 Esta generación de artistas, que tenía en Picasso, Gris y Miró sus faros, era coetánea y compañera de viaje de la generación de poetas del mismo nombre, y tuvo, como aquélla su fe de bautismo en el homenaje a Góngora del Ateneo de Sevilla, su primera cita emblemática, como tal generación, precisamente en aquella exposición del Botánico. Y hasta puede tomarse como una declaración en tal sentido lo que en la nota de presentación det catálogo se dice acerca de los que- a l contrario de Picasso, Bores, Viñes, Cossío, Gargallo, Miró, M. Ángeles Ortiz, Peinado, De la Serna, Pruna o Fenosa- no vivían en París. Véase, si no: La presencia- s e dice en esa nota- de los pintores de Patencia y Dalí con el escultor Alberto, que residen en España, se justifica por la íntima relación ideológica y técnica, a más de fraternal, que guardan entre ellos. Deliberadamente destaco en cursiva el final porque en él se contiene casi una declaración de principios, no ya de un grupo meramente generacional, sino de todo un JUEVES 26- 5- 88 E colectivo que, en cuanto a tal, la y francesa- ésta a través de toma posiciones en ese momento Lulú Jourdain, su esposa- como con vocación y voluntad de verda- también por su modo de enlazar, dera escuela. más que sus compañeros, con Volviendo a Viñes, quien quizá Bonnard y los intimistas de una haya sido de todos ellos el que parte, y con los foves, Picasso o más homenajes ha recibido a lo incluso, aunque más ligera y espolargo de su vida, alguno tan signifi- rádicamente, con los surrealistas, cativo y clamoroso como el de la de otra, ese papel de gozne o articitada cena madrileña en 1936, re- culación (de frontissa, como se sulta que, en cierto modo, viene a dice bellamente en catalán) siemser desde París el gozne de esa pre abriendo más que cerrando escuela de artistas españoles que puertas, pero manteniéndose fijo se fraguó en la exposición del Bo- en su sitio- u n lugar por el que, mente y, a veces, conseguidas como a pulso de sus irrepetibles figuras femeninas, de sus inconfundibles interiores y paisajes, todos ellos muy bien representados en esta exposición de Dalmau. De aquí, también, esos homenajes a que, repito, hoy como ayer se sigue haciendo acreedor Hernando Viñes: en nombre propio y en el de esa generación del 27 o de la exposición del Botánico tan bier representada por él. J. A. Niebla: Autorretrato (1987) tánico, o si se prefiere, para su más cabal homologación con los poetas de su tiempo, de la escuela de artistas españoles de la generación del 27 Esta última denominación nos permitiría, además, incluir en ellas artistas que apenas residieron en París y que estuvieron tan en contacto con los poetas de su tiempo, como, por citar tal vez el ejemplo más calladamente alto, el finísimo pintor y escritor Ramón Gaya. Por su doble vinculación españocomo por las puertas que los goznes accionan, se ha de pasar casi forzosamente- es el que a Viñes pareció haberle sido especialmente asignado. Por eso su pintura es tan rica de presencias, de aperturas y, rasgo compartido por los más de su generación, de cancelaciones hacia lo intimo para, consigo a solas, poder recrear aquéllas con holgura o intensidad mayores. De aquí, en su caso, las vivaces y casi estridentes armonías- perseguidas afanosa- H. Viñes Sala Dalmau Consejo de Ciento, 349 Hasta el 28 de mayo J. A. Niebla Galería Theo Enrique Granados, 27 Hasta el 15 de junio Me había prometido hablar hoy de Niebla, y no quiero dejar de hacerlo, aunque no haya de ser con la extensión que quisiera y él se lo merece. Su exposición de la Theo se destaca sobremanera entre las demás en curso, cuando la extraordinaria exposición de Les demoiselles d Avignon, un hito impresionante- y no exagero- en mucho tiempo, casi no deja respiro para más. Tengo en verdadera estima a José A. Niebla. Admiro el talante independiente y combativo de este andaluz de Tetuán, formado en Sevilla, en Barcelona y en el mundo, luchador tenaz que ha sabido imponerse aquí y fuera de aquí, hoy con sendos talleres, uno en Basilea y otro en el pequeño pueblo ampurdanés de Casavell. A veces ha abordado empresas como las de los grandes murales de 240 y 210 metros cuadrados que realizó a la vista del público en S. Feliu de Guixols y Playa de Aro, respectivamente. Pero no se trataba de unas acciones sólo aparatosas, tipo Mathieu. Niebla, de apellido predestinado a los grandes espacios (nomen est ornen, se decía en latín) nunca pierde la vista a la Pinturao, mejor, ella nunca lo deja del todo de la mano- y en aquellos extemporáneos casos, como más concentradamente en esta exposición de Theo, se nos impone por su talento, la calidad de lo que pinta y lo singular, pero no solamente atrevido, de sus inspiraciones. Cuadros como los que expresivamente titula Arte- todavíá, La noche, la tramontana y la espera, Te quería escribir, un magistral y personalísimo Autorretrato, pero sobre todo el espléndido Blancos de Zurbaran son de los que acreditan a un pintor de cuerpo entero; El último de los lienzos citados, con sus blancos modulados sobre blanco, el fino bodegón espectralmente caligrafiado, también en blanco sobre blanco, y la enorme Zeta que campea en el espacio, como suntuoso y a la par lacónico homenaje al gran maestro de Fuentedecantos, es de los que no se olvidan fácilmente. Rafael SANTOS TORROELLA A B C 23