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72 A B C CAMPEÓN LUNES 23- 5- 88 Gran homenaje al Real y a Santillana, ¡Hala Madrid! ¡Hala Bertín! Andalucía puso el calor y el arte en la gran fiesta en honor del campeón de Liga y de Carlos Santillana. Setenta mil madridistas olvidaron su copioso almuerzo cuando el grupo Jaleo Jaleo cantó el ¡Hala Madrid! en una bonita sevillana. Las palmas y el baile se trasladaron a las gradas. La segunda sorpresa fue Bertín Osborne, que interpretó el himno merengue a you way Las muñeiras para Buyo y los corridos mexicanos para Hugo homenajearon al equipo por ser el menos goleado y el máximo goleador a nivel general e individual. Santiilana del Mar bailó con su hijo predilecto A las cinco de la tarde, como el tiempo no lo impidió, las tracas fueron los alguaciles que abrieron la gran plaza blanca para anunciar que comenzaba el homenaje. A esa hora, noventa minutos antes del partido con el Valladolid, Chamartín soportaba ya setenta mil espectadores. A esa hora, los dos mil protagonistas del festejo y los setenta mil aficionados retrasaron su participación en e ¡homenaje porque los homenajeados hacían su entrada al estadio. Los mil chavalines de los equipos inferiores hicieron el pasillo a sus ídolos, que tuvieron que estrechar más manos que Felipe González en Filipinas e Indonesia. campo, intentaron esconderse por las gradas. El ruido les asustó y dio un respiro a esos ratonzuelos de Concha Espina que los malvados dicen que visten de azul y grana. Apagados los primeros fuegos, los realizaron el primer desfile por un césped presidido por cuatro trofeos ligueros conseguidos en propiedad por la casa blanca. Se guardó plaza para una: la que SAR Don Juan de Borbón entregó al final del partido a Santillana, capitán del campeón 8889. Los infantiles, alevines y cadetes, contentos por su participación en este homenaje, fueron aclamados por todo el estadio. Las señoras de la limpieza se quejaron lastim o s a m e n t e desde la g r a d a en Chamartín. Un De Madrid al Cielo que cambia su denominación a del Madrid al cielo cuando el Real conquista un éxito deportivo. Parejas de chulapos y chulapas abrieron el cortejo del Madrid típico con estandartes que expresaban la temporada de cada uno de los veintitrés títulos ligueros conquistados. Marchas musicales aderezaron un paso encabezado con gracia por chulapitos de gorritas en las que casi no cabían los cuadros de pata de gallo y por chulapitas de seis ¡Cuánta ropa nos toca lavar esta años de edad con mantillas más pesemana! ¡Y además blanca! queñas que un pañuelo de Femando Martín. Los chotis que se marcaron los chavalillos y los mayorcetes hicieron saltar las lágrimas de damas que fueron las chicas del baile con esa música hace treinta años. Los chulapillos giraron tiesos y con un pie levantado apoyados en unas chulapillas que soportaron el peso de sus pretendientes con resignación castiza y el regocijo de padres y abuelos con la baba a la altura de sus juanetes. No se echó en falta a El Pichi y la Lina Morgan. Pero disfrutaron de la fiesta como si no tuvieran nada que lavar. Sus aplausos tuvieron más fuerza que su frotar y planchar cuando el grupo tradicional capitalino De Madrid al Cielo dio paso a la música y el baile La banda municipal de El Escorial puso la música marcial. Otro alevín, con la trompeta por mascota, fue el protagonista. Con medio metro de altura, el aspirante a Louis Armstrong le echó más garra que Santillana para mantener el paso de sus adultos compañeros de trompeta. El delantero blanco bailó con el grupo regional de su pueblo Corridos para Hugo, muñeiras para Buyo y chotis en honor de todo el equipo gatos abandonaron la tribuna cubierta y los mimos de las mujeres y volvieron a sus posesiones. Los ratones retornaron a sus escondrijos. Y la fiesta comenzó. Los mil muchachos de la cantera Gatos en tribuna Leo y sus jugadores entraron al vestuario. Las tracas persistieron en su llamada a la fiesta. El público se tapó los oídos. Los famosos gatos de Chamartín, que mantienen a raya a los ratones que viven bajo el A Carlos Alonso, desde el Rocío Esta vez he sentido más que nunca no estar en Chamartín. En los homenajes públicos, a la hora de las adhesiones, se agolpan los telegramas cargados de ineludibles compromisos. Contaban por aquí, querido Carlos Alonso- Santillana para romper el fuego, uno de los pueblos más bonitos del mundo- que algunos jugadores del Betis o del Sevilla llevaban al día, como asignatura de mayo, las cuentas de aquéllas tarjetas que enseñan los arbitros por una entrada o una protesta a destiempo. Un domingo antes de Pentecostés, si era posible, cargaban la suerte para provocar tan deseada oportunidad de puertas abiertas en el Rocío. ¡Ya sabes cuánto se exagera! Pregúntale a Gordillo, que conoce todo este escenario incomparable desde donde te escribo rodeado de carretas y rezos por sevillanas... ¡Para dar facilidades, para echarle el trapo por delante a los arbitros, estaba el Betis I... Los estudiantes piden que se adelanten o se retrasen los exámenes, los toreros y los artistas consultan el calendario a la hora de firmar sus contratos, los futbolistas desean que se haya resuelto la Liga cuando se acerca la romería del Rocío... Todos los años veo entrar con Coria o con Villamanrique, con Almonte o con Triana, la vieja gloria del fútbol de cercanías. El Rocío es un compromiso, que algunas veces coincide- como ahora- con un partido de fútbol que ha dejado de ser un trámite en el telón de la Liga. Es la despedida de Santillana, diecisiete años en el Real Madrid y una carta de presentación en el Racing de Santander que dejaba atónito al mismísimo Santiago Bemabéu. Permíteme estas líneas de recuerdo- desde el esplendor y el delirio mariano del Rocío- como una adhesión obligada de cronista en activo. Aquel verano del 71, apagados los disturbios estudiantiles que en Madrid tenían retraso e imitación del mayo francés, apareció en los periódicos una fotografía de un delantero centro en pleno vuelo, como una postal para promocionar el espectáculo del fútbol de todos los tiempos. Empezaban a ir al colegio mis hijos y empezaban a coleccionar cromos de este Carlos goleador, otro Alonso grande del fútbol que ha colocado el nombre de Santillana en una de las primeras páginas de la historia del Real Madrid. Sería interminable repasar goles importantes y entregas generosas de este futbolista que ha puesto ejemplo, además, de alto compañerismo dentro y fuera del campo. Un capitán así, con esta hoja de servicios, se puede marchar de los campos de fútbol y no olvidarse jamás. Desde la lluvia de plegarias rocieras, desde la arena de gracias de Pentecostés, mi admiración y mi abrazo al viejo y siempre joven Carlos Alonso, Santillana. Luis PRADOS DE LA PLAZA 2- 1: Brillante El gran capitán madridista, Santillana, tuvo un adiós lucido, a pesar de que el juego no fuera brillante en este encuentro del equipo blanco contra el Valladolid. Santillana, en él último partido de su vida deportiva, buscó uno más de esos magníficos goles que le hicieron famoso y lo encontró en el minuto 42. Todos sus compañeros se empeñaron desde el principio en que Carlos Alonso marcase en el día de su despedida. Pero el capitán supo lograr la diana en una jugada clásica para él, sin necesidad de ayudas especiales. Fue su salto, su remate de cabeza, su gol. Su mejor respuesta al homenaje que la familia madridista le ofrecía. Ese gol de Santillana llegó como consecuencia de un balón enviado por Gordillo, que ya había colaborado decisivamente en el primer tanto, al realizar el pase que aprovecharía Hugo Sánchez para batir a Wirth, también de cabeza. Esto ocurrió en el minuto 11, después de que el Valladolid dominara en el comienza No dio facilidades el equipo vallisoletano, e incluso tuvo algún deta-