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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 7 DE ABRIL DE 1988 ABC ANAGRAMAS Otras veces el anagrama asciende a más limpias esferas. Maurice Scéve, el príncipe del Renacimiento da a su libro un doble título: Délie (la amada consagrada a la isla de Apolo) o L idée (la no menos platónica idea) Los cerebros trabajan a pleno rendimiento en estos pintorescos retorcimientos. No nos extraña nada que Saavedra Fajardo vea en sueños a los escritores de toda laya compilando afanosamente enigmas, laberintos, anagramas, repertorios... Raro seria que no acudieran también los locos al olor de la nueva y ñoña moda. Un tal Pierre Le Loyer manosea infinitamente su Odisea en griego hasta encontrar en un verso de ella, con desorden anagramático, el propio nombre y patria del lector, del que así Hornero resulta precursor profético (mucho más tarde, Balzac presentará en Les fonctionnaires la inolvidable figura de Colleville, compositor impenitente de anagramas agoreros) y en cuanto a España, la Nacional conserva dos ejemplares de un folleto titulado Luces de la aurora, días del sol, colección de poesías mañanas publicadas en Valencia y en 1665 por Francisco de la Torre y Sebil (distinto, desde luego, del divino poeta) a la que un doctor Noguera antepuso (récord digno de un Guinness literario) el más largo anagrama que se conozca, un revoltijo de 141 letras que resuelve en devotos fervores el nombre y títulos del protector del autor y de la obra, marqués de Astorga, virrey de aquella ciudad. Ya estamos en el XVIII. Los académicos de Laputa enseñan a Guiliver su famoso invento, el aparato de combinar letras y palabras que ahorrará mucha materia gris a los eruditos. Pero no van a necesitar de ella Arouet l (e) j (eune) transformado en Voltaire, al que invocan los amigos con o alte vir; ni, nuevamente en la borrasca ideológica, los enemigos ingleses de la Revolution (love to ruin) los vendeanos (Revolution frangaise la France veut mi sain) los antibonapartistas (Napoleón, Empereur des Frangaís Un Pape serí a sacre le noir démon) o los liberales de 1820 (Sainte Canaille) Esto nos ha llevado al XIX. La fiebre anagramática remite salvo entre los literatos españoles, que ya disfrazaban sus nombres en el XVII (Gracián) y XVIII ÍMayans, Iriarte, Moratín padre, Nicasio Gallego; son los tiempos de la utópica Sinapia Ispania hallada en el archivo de Campomanes) y siguen haciéndolo en las épocas de Larra, Cavia, Rubén y nuestro coetáneo Jericó Nulo. Y ahora, una resurrección. Hacia 1910 se diría que el anagrama ha aburrido ya a sus propios cultivadores. Pero no. El gran lingüista Ferdjnand de Saussure comunica a Antoine Meillet su inquietante, casi patológica teoría del anagrama- volvemos al CrátHo- como fuente primordial de la creación lingüística. Y es que el antiguo juego se ha puesto de moda, entre otras razones porque la industria juguetera ha hecho real la máquina swiftiana con esa eficaz fábrica de anagramas que es el scrabble No acabaríamos nunca si habláramos, REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA I C O F R Ó N de Calcis, miembro de la Biblioteca de Alejandría a sueldo de Ptolomeo II, oscuro y culterano poeta, gran artista del verso, no sabía cómo complacer a su real mecenas, amigo de la lisonja como todos los de su género. De pronto brotó la chispa: presentaría a la augusta pareja sendas adivinanzas que barajaran las letras de sus nombres. El rey Ptolematos sería un gobernante dulce como la miel (apó mélitos) su esposa y hermana Arsínoe, una bella y púdica violeta de la diosa Hera (ion Eras) Poco podría imaginar el sabio que oficiaba así en un nuevo culto que iba a llegar, más extendido que nunca, al siglo XX o Dios sabe hasta dónde. En realidad no sabemos cómo llamó a su invento: mil quinientos años después, otro raro bibliómano, Eustacio, patriarca de Constantinopla, estampa en pergamino una docena larga de lo que él sí denomina ya anagramatismos anagrama es creación del latín humanístico) es decir, algo así como palabras puestas patas arriba La innovación, en efecto, había traído cola. El ensayo lingüístico Crátilo nos muestra a Platón insinuando tímidamente etimologías anagramáticas Artemidoro de Daldis se muestra atento a los balbucientes anagramas con que la pesadilla del paciente facilite su interpretación. Los papiros mágicos egipcios enseñan a invocar a los dioses ignotos en forma encubierta que no les encolerice; es decir, mediante anagramas y palíndromos. Ni falta el ingenioso monje medieval que, descontento ante la pregunta dejada en el aire por Pilato (quid est ventas? excogite un satisfactorio est vir qui adest. Pero los siglos dorados del anagrama son el XVI y XVII. Los humanistas descubren el vetusto entretenimiento y se aplican gozosos a él. Unas veces, por simple diversión; otras, por deseo de enmascarar el propio nombre al pie de escritos atrevidos o poco serios (pero, anota con agudeza Camilo José Cela, no olvidándose de dejar un vanidoso rastro para la posteridad) Los licenciosos escritos que tanto éxito obtendrán no los firma Pietro Aretino, sino Partenio Etiro; las desvergüenzas de Frangois Rabelais son atribuidas por su autor a un estrambótico Alcofribas Nasier. Y, sobre todo, el anagrama es empleado como arma arrojadiza en toda clase de controversias. Por ejemplo, las religiosas. Calvinus se pone bajo la advocación del gran enciclopedista medieval Alcuinus, ataca ferozmente al propio Rabelais (Rabelaesius) llamándole el rabioso (rabie laesus) y tiene, en cambio, que soportar que el autor de Pantagruel le designe procazmente como Jan Cu y que otro reformista le lance en son de vituperio un Lucianus evocador del impío y cínico sofista griego. Entretanto, para los protestantes jesuíta equivale a sevitia, mientras los hijos de S. Ignatius de Loyola cantan sus laudes (O ignis illatus a Deo! y los enemigos de Cornelius Jansenius consideran que en realidad el que está hablando por su boca es nuevamente Calvino (Calvini sensus in ore) L por ejemplo, de Cortázar o sobre todo del genial Cabrera Infante. Pero ya mucho antes una de las preguntas del famoso catecismo del Ulysses inquiere sobre los anag r a m a s que de niño haya p o d i d o componer sobre su nombre Leopold Bloqm: uno de ellos es Molldopeloob; es decir, el barrunto freudiano (ya estamos otra vez en Artemidoro o en Vladimir Nabokov, para quien todos los sueños son anagramas de la realidad diurna de la futura Molly Circe Penélope. Salvador Dalí, todos lo saben, es ávida dollars para el mordaz André Bretón; el amable presidente Vincent Auriol, cuyo nombre ofrece la ventaja de poseer las cinco vocales, es asaeteado por picardías como court en vain o incluso voilá un crétin; a la viperina Carmen Tessier, la commére del France- Soir de nuestra juventud, se la define como étre sans merci; Lawrence Durrell profana el digno latín Tune con una obscenidad. A Wystan Hugh Auden, ya sucio anagramatista de sí mismo en la niñez (hug a shady wet nun) le costó mucho encontrar algo que molestara suficientemente al exquisito y heterosexual T. S. Etttot; litotes, la cortés atenuación de la Retórica griega, no era suficiente; toilets, en cambio, resultaba perfecto. Jorge Luis Borges, que nunca hizo anagramas, tampoco estaba destinado a salir ileso: no es anagramático precisamente el Jorge de Burgos con que Eco hizo de él el malo de la novela; pero Nabokov, gran autor de anagramas (Sig Leymanski Kingsley Amis y tantos otros) no resistió a la tentación de llamar Osberg a alguien con quien se obstinó siempre en no ser comparado a pesar de las evidentes concomitancias entre ambos. ¡Misterioso mundo del anagrama! En el poema de John Donne llamado precisamente The Anagram, una mujer tiene las facciones incorrectas y desparramadas, pero una vez que se encuentra la oculta armonía de su rostro, éste se torna hermoso como un anagrama bien resuelto. Orden en el caos. Pero también caos frente al orden y de cierta manera símbolo de las desvalidas generaciones que vienen siguiendo a la nuestra. Hace menos de un año que Faber y Faber publicaron Anagrams, obra de una novel llamada Lorrie Moore. Se trata probablemente de un retazo autobiográfico: sus personajes son muchachos atacados por el virus del descontento entre los cuajes la narradora ha hecho de su vida un juego de naipes que baraja sin cesar: fracasos, embarazos, tabaco, un tedio tal como para que sea acogida con cierta expectación la posibilidad luego no confirmada de un cáncer de mama. Todo inconexo, saltuario, sin principio ni fin, como un anagrama planteado. Y nada, desde luego, dispuesto por Dios, nr siquiera por el destino. Patético tejer y destejer de una vida que- juguemos algo también nosotrosno ama ni grana en fecunda granazón. Manuel FERNÁNOEZ- GALIANO