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SÁBADO 26- 3- ESPECTÁCULOS A B C 85 Música Crítica de cine Serguei Yerogin: Una lección de aprovechamiento instrumental Teatro Real. 24- 3- 1988 (noche) Serguei Yerogin, piano (segundo premio del IX Concurso Internacional Paíoma O Shea) Programa: dos sonatas del padre Soler; Sonata opus 25, número 5 de Muzio Clemeríti; dos sonatas de Domenico Scarlattl; Sonata opus 164, D. 537 de Franz Schubert, y Cuadros de una exposición de Modesto Mussorgsky. El vent de Filia de Gerard Gormenzano Producción: Septimania Films Gerard Gormenzano. Guión dirección: Gerard Gormenzano. Fotografía: Xavier Gil. Color. Principales intérpretes: Simón Case! Mará Truscana, Ona Planas, Anthony Piley, Pitus Costas. Duración: Noventa y cinco minutos. Sala de estreno: Bellas Artes. Un arriesgado ejercicio de estilo que se traduce en una obra tan personal y diferente como, en última instancia, determinante del rechazo popular. Lo menos que puede decirse de El vent de l illa El viento de la isla -que, en el todavía reciente Festival. de Berlín representó a España en la sección Panorama, no competitiva, es que se trata de un filme diferente de una obra, en cualquier caso muy personal, que da fe de que a su autor, del que la película es el primer largometraje, sabe lo que quiere. Lo que cabe plantearse, a la vista de los resultados, es si Gormenzano no ha ido demasiado lejos, hasta el punto de alienarse él espectador, y en primer lugar, al público popular. Ya que, en su afán de desdramatización absoluta de lo que pudo ser un esplendoroso melodrama, la película resulta en exceso árida, hasta ser casi provocativa y, por momentos, irritante, r Es El vent de l illa un filme cuya historia transcurre en la Menorca colonial del segundo tercio del siglo XVIII, basada en los textos de su protagonista, el ingeniero militar inglés John Armstrong, que, tras vivir unos años en la isla, escribió una historia de la misma en forma epistolar. Se nos muestra el protagonista absoluto de un modo distanciado, lo mismo que el resto de los personajes, entre los que destacan, por su importancia, dos mujeres, inglesa- y pintora- la una y menorquina- y encerrada por sus padres en un convento- la otra. Y la distanciación se lleva a cabo no ya sólo por la manera de hacer moverse y hablar- e n inglés y catalán- a los personajes en cuestión, sino incluso por la aproximación que a los mismos hace la cámara, desde posiciones con frecuencia frontales. En consecuencia, nos encontramos ante unos seres humanos que casi no lo parecen, que recitan unos diálogos en un tono monocorde, casi bressoniano, y que, en última instancia, antes que en los de Bresson hacen pensar en los del portugués Óliveira, con cuyo peculiarísimo modo de hacer tiene más de un punto de contacto el de Gormenzano, aunque su modelo- en el supuesto de que lo haya sido- gustase de los decorados artificiosos y Gormenzano opte por los interiores y exteriores naturales, aunque, eso sí, estilizados a través de la dirección artística y la luzProcedente, entre otros, del campo de la dirección de fotografía cinematográfica- e n este terreno se le deban las imágenes de otro filme maldito y por muchos muy apreciado, Los motivos de Berta de José Luis Guerín- Gormenzano ha elegido, para su película, unas gamas frías, a veces glaciales, tan glaciales como el juego de los actores y actrices. Ha demostrado, en cualquier caso, que es alguien que tiene cosas que decir y que sabe decirlas a su manera. Ahora lo que queda por preguntarse es si esa manera, habida cuenta de la situación de crisis de espectadores por la que atraviesa el cine español, es la más oportuna. Porque lo cierto es que, en su asumido ascetismo, en su. buscada parsimonia, no resulta El vent de Tilla una película demasiado apropiada para el consumo, por así decirlo, masivo aunque en contrapartida, sea una obra original y con frecuencia sugestiva. César SANTOS FONTENLA Vaya por delante una afirmación categórica: no me ha defraudado nada el joven pianista soviético Serguei Yerogin, a pesar de ser muy hondo- y muy peligroso como antecedente, por (o tanto- el favorabilísimo recuerdo que tenía de su actuación del verano pasado en Santander. No me ha defraudado nada en cuanto hace referencia a la atractiva naturalidad de su mecánica, productora de una dicción de rara claridad; nada, tampoco, en lo que atañe al dominio de los recursos técnicos más variados, ni a su exacto sentido de la cudratura, siempre atendida y siempre compatibilizada con una línea suelta y musical. Pero en lo que quizá me ha vuelto a llenar más el ya espléndido artista ruso ha sido en su alto entendimiento, llevado a la práctica con enorme valentía y con seguridad máxima en sus propios criterios, de cómo deban solicitarse del gran piano de cola moderno los diversos estilos creadores, desde los que nacieron en contemplación de medios instrumentales anteriores hasta los que se apoyan ya en posibilidades mucho más amplias. He- hablado de valentía. Sí; hace falta poseerla en grado importante y estar muy persuadido de que ahí y no en ningún otro lugar reside la verdad para abordar con un ascetismo clavecinístico de tan formidable autenticidad, a menudo poco y mal comprendido por el auditorio, las páginas sonatísticas de Soler, de Scarlatti o de Clementi. Estoy seguro de que Yerogin quintaesenciará, afinará aún más su pensamiento sonoro- musical traslacional- e n ocasiones, tal la de la sonata en re menor de Sacarlatti, en límites peligrosamente cercanos a la pérdida de la consistencia mínima del sonido- pero lo que ya consigue, sobre hermosísimo, resulta estilísticamente ejemplar. He hablado también, en el título, de lección de aprovechamiento instrumental. Y. es que Yerogin, tras la anterior, dictó otras dos: la de hacer cantar con levedad y alegres colores al primer pianismo schubertiano de la sonata en la menor, con un segundo tiempo en el que hizo sutil demostración de independencia de manos, y la de sentirse igualmente seguro, cómodo y natural tanto en la ordenación macroestructural de los Cuadros de Mussorgsky, como en el piano orquestal y poderoso de su estampa de clausura. Hasta qué punto es dominador de esa dicotomía- finura, delicadeza expresiva, por un lado explosión, poderío sonoro, por otro- lo volvió a demostrar en el par de bises chopinianos que eligió: el vals de su predilección, el número 7, y la más popular de las polonesas. L. H. REAL COLISEO DE CARLOS San Lorenzo de El Escorial- Telf. 8904411 Falleció Robert Joffrey, un genio de la danza Nueva York. Afp El coreógrafo estadounidense Robert Joffrey, considerado como un verdadero genio de la danza murió ayer en el hospital de la Universidad de Nueva York, donde estaba internado desde hacía dos semanas. Pennie Curry, responsable de las relaciones públicas de su compañía, el Joffrey Ballet, informó de que la causa del fallecimiento había sido una afección hepática causada por medicamentos tomados contra el asma crónica que padecía. El asma, dolencia que sufrió desde pequeño, fue la razón indirecta de su afición al baile, arte que empezó a practicar en su tierra natal, -en el Estado de Washington, siguiendo recomendaciones médicas cuándo aún era un niño de corta edad. Robert Joffrey tenía cincuenta y siete años y hacía ya varios meses que permanecía recluido en su apartamento, desde donde seguía creando nuevas interpretaciones y dirigiendo la compañía. Hoy, d (a 26- 22,30 h. Recital de Pianoforte MÚSICA DE TECLADO ESPAÑOLA DE LA ÉPOCA DE CARLOS IIIY LA ILUSTRACIÓN Obras de: Manuel Blasco ce Nebra. Joaquin Montero, Femando Sor. Felipe Rodríguez. Rafael Anglés, Ramón Ferreñac. Francisco Rodríguez. Mañana Martínez. M, -del Carmen Hurtado y Torres y M. Dolores Estepa