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84 ABC ESPECTÁCULOS. SÁBADO 26- 3- E Semana de Cuenca Música Pop rock La Wiener Mozart: Orquesta de Cámara y Coros Cuenca. Antonio Fdez. -Cid, enviado especial Solistas, coros y orquesta vieneses para un programa integrado por obras de Mozart de signo religioso, con el intrusismo espiritual de un Concierto Brandemburgués del patriarca Juan Sebastian Bach, garantía de solvencia musical, por el origen, la tradición musical de los artistas austríacos, su probada seriedad y disciplina en el trabajo. Todo ello, ia fuerza de las partituras y atractivo previo de los intérpretes, determinó el lleno rebosante de la iglesia de San Pablo, de nuevo con el regalo de un tiempo de excepción y un paisaje entorno que nos embelesa con pasmo siempre renovado. Confesemos sin ambajes una cierta desilusión en el Quinto Concierto de Brandemburgo, de Bach, porque ni la dirección rutinaria de Uwe Christian Harrer, más especializado en regir voces, ni la actuación de los solistas pasó, en conceptuación generosa, de lo discreto, mejorado el nivel por los conjuntos. El violinista Karl Schmiz cumplió a secas, el clavecinista Alfred Halberts- Lager no se vio muy beneficiado por el instrumento. La flautista Dorit Pawikobsky sonó gris, un tanto borrosa y en todo faltó la vida y equilibrio deseables. Mucho, mucho mejor, antes, los Tres Motetes, de Mozart, de distintas épocas: Sancta María, Misericordias Domini, con diseño que anuncia el del Himno de la alegría, de la Novena beethoveniana, y esa perla que es el Ave Verum, tan breve como inspirado. Equilibrado, afinado, sensible el coro- treinta y tantas voces de buena calidad global- y excelente e conjunto instrumental. Lo mejor, con todo, vino después, en las Ve Perae solemnes de Confessore, fruto de un maduro Mozart de veinticuatro años que, en 1780, ha vuelto al servicio del arzobispo Colloredo en Salzburgo y se consuela de su suerte con pentagramas como éstos, llenos de luz, fragantes de inspiración, con seis partes admirables por lo justas en el desarrollo y el perfecto dominio del cuarteto solista- buen cuarteto: Monika Lenz, Zeger Vandersteene, William Masons y una mezzo cuyo nombre no figuraba en los programas- el coro y la orquesta, con cuerda, fagot, trompetas, trombones y timbales; el contrapuntismo fluido, la frescura de la inventiva, la orginalidad, la inspiración del tan hermoso Laúdate Domino, para soprano a la que se incorpora el coro, nos cautivaron y estos aproximadamente sesenta artistas vieneses hicieron honor a lo que de ellos esperábamos, llevados, aquí sí, con acierto por Uwe Christian Harrer. La reacción del público estuvo en consonancia y las ovaciones fueron generales y largas. Y de nuevo comprobamos lo agradable que es gustar la Semana de Música Religiosa lejos del agobio y las concentraciones turísticas de la Semana Santa. Bienvenido el cambio de fechas! Triunfo de Steinberg con la RTVE y el Réquiem de Verdi Teatro Real. 24- 3- 1988 (tarde) Orquesta SinftS nica y Coro de RTVE. (Director dei Coro: Jordi Casas. Solistas: Silvia Mosca, soprano; María Luisa Nave, mezzo; Mihai Zamfir; tenor, y Vladimir de Kanel, bajo. Director: Pinchas Steinberg. Programa: Misa de réquiem de Giuseppe Verdi. Supertramp: El dinosaurio despertó y engulló al público No estuvo mal Supertramp. No hace falta decir que a sus fieles les parecería una maravilla, pero incluso los más escépticos, quienes despachan al grupo con la palabra dinosaurio, no pueden dejar de. apreciar la bondad y honestidad de éstos. Hicieron un concierto excelente y a eso no pueden dársele más vueltas. Una vez huido del grupo Roger Hodgson y su voz atiplada, el resto de los componentes se vieron en la necesidad de realizar una especie de redefinición y lo consiguieron mejor que Génesis. Si e) Supertramp clásico, el de s Crime of the Century Crisis, what Crisis? Even in the quitest moments o Breakfast in America era un grupo de pop algo bombástico y afectado, pero pop al fin, el nuevo Supertramp se decantó más y más hacia una suerte de rhythm and blues también ligero, pero capaz de facilitar ciertas inflexiones jazzísticas que, paradójicamente, modernizan su sonido. La presencia escénica no se ha recargado en exceso y apenas había más efecto especial que su sempiterna pantalla de proyecciones, donde en un momento dado volvió a aparecer la pelícuSa de un tren a cámara rápida que ya utilizaron en su gira triunfal del 77, fecha de su primera visita a España. Por lo demás, unos cuantos varilites y focos suficientes. En realidad venían a hacer música sobre la complicidad que les otorga disponer de un amplio repertorio de éxitos masivos, de aquellos que ya pertenecen a te memoria colectiva y los más jóvenes indentifican con igual facilidad y mayor alborozo que los mayores. A tos cuatro miembros originales de la banda (Rick Davies, voz y teclados; John Helliwell, saxo; Dougie Thompson, bajo, y Bob C. Benberg, batería) se les han unido más percusiones, más teclados, guitarras e incluso una sustitución a la voz de Hodgson en la persona de Mark Hart. Tales inclusiones no están destinadas a hacer bulto físico y sonoro, sino a la complejificación de una música que se escuchaba perfectamente en un Palacio de los Deportes casi lleno. (Art Ensamble of Chicago, Miles y Peter Gabriel también sonaron muy bien. Se ve que es cosa de saber. Por lo demás, y en medio del agrado que produce escuchar a unos perfeccionistas simpáticos y no pagados de sí mismos, ir desplegando una ristra de canciones, como poco bien construidas y bastante reelaboradas, el espectador podía ir ampliando su sonrisa. No era, por decir así, un concierto seductor, pero sí uno tranquilo y placentero, realzado puntualmente por joyas como pueden ser Bloody well right Rudy o incluso alguna más reciente como Cannonball El cronista sufrió durante todo el día decenas de risitas cuando explicaba su obfigación de ir a este concierto. Sin embargo, a veces la música trae estas sorpresas y quienes se quedaron viendo Luz de Luna perdieron un buen momento. Tampoco de alucinar, pero bueno. J. M. COSTA ALQUILE CON TIEMPO SUAR KIAMENTOl Consulte las páginas de Anuncios pcx palabras de A RC Veinticinco minutos de retraso en el comienzo del concierto por retraso de la soprano Silvia Mosca, que a su vez había tenido que sustituir a bastante última hora a la prevista, en principio, Aprile Millo, eran incidentes que parecían hacer presagiar toda suerte de desgracias sobre e) vigésimo programa de las agrupaciones radioteievisivas. Me apresuro a decir que no fue así. Al revés: tanto la actuación de esos grupos como los resultados globales de la sesión del jueves me han parecido muy superiores a casi todos los últimos. Se afirma a menudo, con demasiada superficialidad, que lo más importante para lograr buenos resultados en el Réquiem verdiano es contar con un buen cuarteto solista. En efecto, son precisas cuatro voces, no sólo de calidad, sino con las características especiales que la dramaticidad de la página exige. Pero tan importante como eso es disponer de un coro y de una orquesta que se sepan producir con idéntica propiedad en los muy diversos estadios expresivos que se suceden y con un director que acierte a centrar en sus justos términos la carga de teatralidad que Verdi quiso insuflar a su misa Por lo opinado más arriba, se puede ya deducir que, en mi criterio, se ha dado con holgura la talla en todos esos aspectos. El arranque de la obra, con los chelos en pianísimo que auténticamente lo era y con unción expresiva cuidadosamente moldeada, puso ya de relieve una de las virtudes conductoras de Steinberg: su preocupación permanente por ofrecer un discurso en el que todos los matices dinámicos y expresivos aparezcan puntual y detallísticamente atendidos. Junto a ello, tampoco descuida la obtención de una macroestructura ampliamente contrastada en tempi y en climas internos, con la consecuencia inmediata de que se pueda disfrutar de una versión viva y aun agonísticamente inquieta. Por otro lado, Steinberg sacó el máximo partido que actualmente puede obtenerse de las agrupaciones de RTV; partido que es mucho mayor del que otros maestros pueden hacer creer. La Sinfónica se mostró flexible, compacta, ajustada y más capaz que nunca de versatilidades cuantitativas. Las exhibió también el coro, que supo por su parte enfrentar poderosas redondeces a sutilezas cuasisusurradas. En cuanto al cuarteto solista, colaboró en su voloración conjunta el estupendo nivel de la traducción como todo. Sin embargo, se pueden- y se deben- señalar los que estimo techo y suelo de su contribución. Aquél, la soprano sustituta, Silva Mosco, de clarísima emisión, afinada y de suficiente expresividad; lo menos feiiz, la calidad mate de) tenor, Mihai Zamfir, de atractivo fraseante timitado por to muy justo de su fiato! Leopoldo HONTAÑÓN