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JS? JUEVES 31- 12- 87 ESPECTÁCULOS ABC 95 Crítica de cine La princesa prometida de Rob Reiner Prod. Scheinman Reiner para Interacces (USA) 1987. Director: Rob Reiner. Guión: William Goldman. Fotografía: Adrián Biddle. Color. Música: Mark Knoffler. Duración: Ciento un minutos. Principales intérpretes: Cary Elwes, Robin Wright, Christopher Sarandon, Mandy Patinkin, Christopher Guest, Wallace Shawn, André The Giant, Billy Crystal, Carol Kane y Peter Cook. Salas de estreno: Roxy B, Azul, Narváez y La Vaguada. Cuento espurio de piratas y espadachines románticos, penetrado de humor y fantasía y apto para mayores y pequeños. Tiburón, la venganza de Joseph Sargent Producción: Joseph Sargent para Universal Pictures (USA) 1987. Director: Joseph Sargent. Guión: Michael de Guzman, basado en los personajes creados por Peter Benchley. Fotografía: John Me Pherson. Color. Música: Michael Samll. Duración: Noventa minutos. Principales intérpretes: Lorraine Gary, Lance Guest, Mario van Peebles, Karen Young y Michael Caine. Salas de estreno: Amaya, Tívoli, El Españoleta (V. O. y La Vaguada. Pálida continuación de la mítica película de Steven Spielberg. En 1973, William Goldman- guionista, entre otros títulos, de Dos hombres y un destino Los hombres del presidente o Marathón Man -escribió una novela- pastiche donde, al abrigo de una clara intención satírica, se abordaban varios esquemas clásicos de los cuentos de hadas mezclados con otros, no menos clásicos, de las historias de piratas y de espadachines. De un lado, Andersen o los Grimm, y del otro, Salgari, Sabatini o Zevaco. Catorce años después, Goldman ha visto realizada en imágenes su novela tras haberla convertido previamente en guión. El resultado- gracias a Rob Reiner, realizador además de productor- es una película sumamente divertida que juega en la cuerda floja del humor trenzado con la acción, sin caer en ningún momento en las procelosas simas de lo cursi o lo ridículo y sin aburrir, por supuesto. Reiner y Goldman parten de la época actual, del nieto resfriado y en cama a quien su abuelo va a leer- ante su asumida desesperación- un cuento de besos donde también hay piratas, esgrimidores de espada, monstruos, un gigante, un milagro y algún mago, además de un malvado príncipe, dos enamorados tiernos y un perverso caballero con seis dedos en la mano derecha. La convención de la lectura permite interrumpir la otra narración, la que protagonizan la bella Buttercup y su adorado Westley, agilizándola, al tiempo que se mantiene una relativa distancia de ella, Jo que permite una mejor circulación de una clara corriente de humor e ironía, sin que por ello desmerezca la parte de acción espectacular. Las desmesuradas peripecias de Westley, sus enfrentamientos con un espadachín español, un auténtico gigante de bondadosas maneras y un príncipe malvado y torturador se siguen con interés, así como su deambular por un pantano tétrico y lleno de trampas mortales. Todo dentro de un clima de simpática espectacularidad, sin perder el tono desenfadado y optimista de la narración. En el mantenimiento de ese tono juega baza fundamental la dirección de actores y el trabajo de éstos. Cary Elwes anima el romántico personaje de Westley, el apolíneo enamorado y diestro esgrimidor, siempre en el tono más adecuado. Otro tanto sucede con Mandy Patinkin, que encarna al ardiente Iñigo, el espadachín español motivado desde la infancia por un afán de venganza. Notable resulta asimismo la composición de Chris Sarandon como el perverso príncipe Humperdinck. Y divertidos los disfraces del cantante Billy Crystal y la joven Carol Kane, como un matrimonio de ancianísimos y milagrosos magos. Desmerecen, en cambio, aunque no para cambiar de signo la narración, los trabajos de Robin Wright, la enamorada Buttercup, y del gigantesco ex luchador André The Giant, aunque este último tenga la defensa de su descomunal apariencia. La fotografía, de Adrián Biddle, es de gran calidad, marcando con la oportuna diferenciación el contrapunto entre la historia fantástica y la lectura del cuento, a cargo de un Peter Falk caracterizado sin esfuerzo y eficaz como casi siempre. La música, de Mark Knoffler, es brillante y adecuada, subrayando tanto el lirismo y la acción cuanto la ironía de la historia, apta y digerible para todos los públicos. Pedro CRESPO Stanley Kramer prepara un filme sobre Lech Walesa Nueva York. Afp El director de cine norteamericano Stanley Kramer ha anunciado que está preparando una película sobre Lech Walesa, el dirigente del sindicato polaco Solidaridad. El proyecto, en el que está asociado el escenógrafo Dan Taradash, será financiado por un grupo de americanos de origen polaco. Para realizar el trabajo, Stanley Kramer, de setenta y cuatro años de edad, a dejado su retiro de Seattle (en el estado de Washington) y a regresado á Hollywood después de ocho años de ausencia. Según ha indicado Kramer, durante 1987 mantuvo en Polonia varias entrevistas a lo largo de diez horas con Lech Walesa, que fueron registradas en vídeo. En una reciente entrevista indicó que el dirigente de Solidaridad trabaja de seis a catorce horas en los astilleros navales de Gdansk, que regresa a su casa para descansar y que pasa el resto de la jornada en reuniones sindicales Los doce años transcurridos desde la aparición en las pantallas mundiales de Tiburón han servido, fundamentalmente, para acentuar las distancias entre Steven Spielberg y sus imitadores. Por sus merecimientos- e l ritmo narrativo, la tensión que estallaba varias veces a lo largo del relato hasta concluir espectacularmente, la música de John Williams, los propios artefactos mecánicos utilizados para representar a la horrible bestia marina, y ios intérpretes, sólidos y bien caracterizados, siguiendo las pautas marcadas por la novela de Peter Benchley- Tiburón se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine. Posteriormente, Jeannot Swarcz hizo un Tiburón II que pasó sin penas mayores ni sobradas glorias; llegó a hacerse un nuevo intento, en tres dimensiones, firmado por Joe Alves, que no alcanzó las pantallas españolas, y aún hubo un sucedáneo- italiano, por más señas, y sin calidad alguna- que sí lo hizo, incluso con pleito posterior. Y ahora, de improviso, se presenta esta, Tiburón, la venganza como los restos de un naufragio, provocado por el primitivo y gigantesco escualo blanco. Casi nada queda en ella del original. Unas mínimas localizaciones iniciales en la ya mítica Amity, unos compases de la música de ataque del tiburón, debidos a John Williams, y uno sólo de los personajes iniciales: Ellen, la mujer- aquí, la viuda- del sheriff Brody. Tanto el investigador y biólogo que encarnaba Richard Dreyfuss, cuanto el maniobrero alcalde personificado por Murray Hamilton, han desaparecido. También cambia, en esta nueva entrega- cabe esperar que sea la última- el escenario de las tropelías tiburoneriles Joseph Sargent, en complicidad con el guionista Michael de Guzman, ha fabricado una continuación que carece claramente de la fuerza del tema original, en la que se ha procurado cargar las tintas sobre la obsesión producida en la viuda Brody por el monstruo marino, recurriendo además al concurso de un excelente actor, como Michael Caine, al que sitúa, sorprendentemente, en un personaje que sirve para reforzar una cierta línea humorística, poco o nada convincente, fue subyace en la segunda mitad de la historia. La interpretación- Lorraine Gary, sobre la que han pasado los últimos doce años dejando abundante huella; Lance Guest, el moreno Mario van Peebles o la rubia Karen Youngno resulta especialmente significativa. P. C. Kll La Publicidad le informa. Le pone al día délas últimas novedades. Recuerde que la decisión de compra siempre la toma usted.