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JUEVES 31- 12- 87 TELEVISIÓN Películas fin de semana ABC 91 Primera sesión Chitty, Chitty, bang- bang Director: Ken Hughes. 1968. Color. Ciento treinta y siete minutos. Sábado, a las cuatro, por la Primera Cadena, en Primera sesión Largometraje Especial Un lugar en la cumbre Director: Jack Clayton. 1958. Blanco y negro. Ciento doce minutos. Viernes, a las cuatro treinta y cinco, por la Primera Cadena, en Largometraje Especial Filmoteca TV Regreso del infierno Director: Jesse Hibbs. 1955. Color. Ciento dos minutos. Sábado, a la una menos diez, por la Primera Cadena, en Filmoteca TV Aunque de origen británico- d e hecho su productor no es otro que Albert R. Broccoli, a quien se debe la serie Bond el filme se diría salido de la factoría Disney, opinión que se sustenta no sólo en su propia estructura y resolución, sino en el hecho de que su intérprete principal, Dick van Dyke, y los autores de las canciones, Richard M. y Robert B. Sherman, sean los mismos de Mary Poppins Dicho esto, hay que decir también que, en parte por su desmedido metraje- -casi dos horas y media- y en parte también por la inanidad de un guión que firman el propio realizador, Ken Hughes, y Roald Dahl, la película resulta escasamente atractiva. Es difícil, por descontado, el cine fantástico, pero para ello lo menos que hay que tener es una imaginación más desbordante que la de que se hace gala en Chitty Chitty... cuyos trucos dejan de interesar- y de divertir- rápidamente. Contribuye a ello el hecho de que Van Dyke es actor de recursos muy limitados, mientras Sally Ann Howes, su oponente, se limita a estar bella. Ya emitida por Televisión Española a mediados de este mismo año, Un lugar en la cumbre es película que, en su momento, se sitúa a la avanzadilla del movimiento que no tardaría en conocerse como free cinema y que, con raíces en el teatro de los young angry men produce una verdadera revolución en la producción británica, que se hace realista contra lo que había venido siendo en los años anteriores. Opera prima de su realizador, que procedía del campo de la producción ejecutiva y había realizado previamente algún documental, la película, de impecable factura, nos cuenta la irresistible ascensión social de un hombre ambicioso que no duda en arrasar cuantos obstáculos se oponen a sus designios, incluida la mujer a la que ama y de la que es amado con pasión. Lo que pudo ser, simplemente, un excelente melodrama, se convierte, por gracia de un sólido guión, en una muestra de cine, por así decirlo, comprometido que incluso, para los estándar de la época, resulta particularmente osado más aún que por la franqueza de alguna escena de Simone Signoret amor, por el retrato que en filme se hace de las relaciones entre las distintas clases sociales, en el ámbito de una ciudad provinciana del Norte de Inglaterra. Simone Signoret obtuvo un Osear por su interpretación en el filme, merecidamente. Aun sin estar a su nivel, Laurence Harvey resulta más convincente que en otras ocasiones. Y Heather Sears se limita a no desentonar, en su ingrato papel. Audie Murphy, el protagonista del filme, fue el soldado más condecorado de la II Guerra Mundial, y Regreso del infierno no es sino su biografía pasablemente novelada, siendo el propio Murphy quien se interpreta a sí mismo. Le vemos en su primera juventud y, sucesivamente, en las campañas del norte de África, de Sicilia e Italia en general, y de Francia, donde realiza su mayor hazaña. Y la película nos lo presenta, claro está, como el héroe puro y sin mácula, a través de un guión lindante con lo hagiográficoJesse Hibbs, un director oscuro, de quien pocas películas han llegado a España, y que cultivó, de preferencia, el western y el cine de acción, dentro de la modestia de la serie B para refugiarse, a partir de los últimos años cincuenta, en la televisión, ha hecho un trabajo simplemente correcto, poniéndose, ante todo, al servicio del actor y el personaje centrales, que en este caso son la misma persona. La mayor sorpresa que ofrece, posiblemente, es la que constituye el hecho de que, contra toda esperanza, Murphy resulte un actor bastante convincente. Largometraje especial Cara de ángel Director: Otto Preminger. 1952. Blanco y negro. Ochenta y ocho minutos. Sábado, a las dos treinta, por la Primera Cadena, en Largometraje especial Largometraje Especial El rebelde orgulloso Director: Michael Curtiz. 1958. Color. Noventa y nueve minutos. Sábado, a las cuatro, por la Primera Cadena, en Largometraje Especial Inédita, salvo error, en nuestras pantallas comerciales hasta el año que hoy termina, Cara de ángel es una auténtica obra maestra del cine negro y lo mejor que de ella puede decirse es que está a la altura, aunque no posea su hálito poético, de ese otro jalón en la carrera de su autor que es Laura Como en él, en la película que ahora se nos ofrece, se hace un fascinante retrato de un personaje femenino, el de una mujer sin escrúpulos que bajo su apariencia angelical, es capaz de todo, incluso del crimen, para satisfacer sus deseos. Y, en buena parte, la originalidad del filme consiste en haber hecho su protagonista de la dulce Jean Simmons, a la sazón, especializada en papeles de ingenua. Tiene la película fuerza, garra y, en todo momento, una tensión interior que supera a la que pueda producir la mera concatenación de situaciones. Una espléndida fotografía en blanco y negro de Harry Stradling y una inspirada partitura al mantenimiento del clima tenso. Y, en definitiva, el filme se ve hoy con el mismo interés, o incluso pasión, que cuando se produjo, hace ya treinta y cinco años. Jean Simmons está insuperable en un papel que resulta irle como anillo al dedo, pese a tas previsiones en contra, y Robert Mitchum hace una auténtica creación de su personaje. A destacar igualmente el trabajo del veterano Herbert Marshaíl, sensacional en su impávida frialdad. Michael Curtiz, un hombre que pasó la mayor parte de su vida contratado por los estudios Warner Bros, para los que realizó títulos tan legendarios como Casablanca y otros que, siéndolo menos, cimentaron las famas dé actores como Errol Flynn, dirigió esta p e l í c u l a para M e t r o Goldwyn- Mayer, y cabe decir que no le acompañó la misma fortuna que en sus mejores días con sus viejos patronos. Con todo, es El rebelde orgulloso un filme que se ve con cierto agrado, de carácter, por así decirlo, familiar y ello por partida doble, ya que no sólo sus personajes centrales son un padre y un hijo, sino que los actores que les encarnan lo son también en la llamada vida real Se nos cuenta en la película el periplo de un hombre que recorre el país, tras la guerra de secesión, buscando remedio a la enfermedad de su hijo, que ha quedado mudo a consecuencia de un shock Y el encuentro de los dos con una mujer sola que cambiará sus vidas. Todo en clave, por así decirlo, de western ¡ntimista, y tratado con la contención propia de Curtiz, que, gracias a ella, podía tocar todos los géneros sin correr el peligro de caer en la caricatura, ello sin contar que el western fue uno de los campos de predilección. Alan y David Ladd son el padre y el hijo en cuestión, y ambos resultan, si no excelentes, sí eficaces. Olivia de Havilland compone con su habitual dulzura, pero también con un nuevo brío, su personaje.