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ABC, póg. 52- TRIBXMA ABIERTA JUEVES 31- 12- 87 A ciudad es pequeña en su c e n t r o y con cierta perezosa elegancia se va ensanchando. Los barrios limítrofes, torreones de vigilante protesta y amenaza retienen muchedumbres de descontentos. Podría creerse en algún momento, y pensándolo ligeramente, que aquellos no amaban a la ciudad; pero la menor circunstancia prueba que sí la quieren; con una pasión que contiene. posos de todas las pasiones; en singular, de liberación. Cuando se ven alejados de ella, de grado o por fuerza, la más encendida nostalgia sacude sus espíritus. Todos ellos- -los descontentos- -han ido acudiendo a su hospitalidad desde lo más lejanos puntos de la nación. En la mayoría de las provincias, en casi todos los pueblos se hizo imposible la vida a partir de 1936. Unas veces por unos, otras veces por otros, que los rencores y delirios humanos, aunque cambien su denominador, no alteran su sustancia. L LA CIUDAD (EN UN TIEMPO) En la ciudad cabe todo el mundo. Por su propia naturaleza hospitalaria, no obstante los exigentes emplazamientos para la depuración de sus habitantes en varios años y opuestas tendencias, ha resistido como gran hogar de todos los españoles. Una virtud, rara quizá, logró comunicar a los hombres: la de suavizar sus aristas persecutorias, poco a poco... La de permitir, como quien no hace nada, que seres que en su propio punto de origen estarían en peligro gracias a la virulencia o al celo de sus enemigos, en la ciudad pasan discretamente inadvertidos. En un tácito y humano convenio dictado por la ciudad. A las horas en que los tranvías, el Metro, los taxis son realmente imprescindibles e insuficientes, se ve cuánto trabaja la ciudad. Sólo entonces. Porque el resto del día, con un gesto muy señor y muy simpático, la ciudad parece ociosa, festejada, soñadora, tranquila y hasta ¿por qué no confiada? Las gentes extrañas, sobre todo las que proceden de extremos geográficos, cuya manía es la concreción exterior, sonríen con cierta desdeñosa petulancia a costa de este espíritu de la ciudad. Paréceles que un pueblo como el suyo, que pasa, y toma café, se apiña en las plazas legendariamente escogidas con tal fin, no trabaja; es un poco bobo e irresponsable... Pero se equivocan. La ciudad es el pulso de la nación. Pulso inquieto y pulso regulador. Los que trabajan y los que huelgan, llegado un momento histórico, se reúnen en silencio o a gritos y laten a España. La España de todos los siglos, que, en cada momento, puede ser una determinada España, porque la patria tiene cientos de facetas, bien talladas todas. Las horas y las calles, los jardines y los paseos tienen sus horas y su mundo especial. Qué extraordinaria multitud de muchachos, de preciosas adolescentes! En tiempos distantes, otras costumbres daban mayor elegancia a la juventud. Pero desde las guerras sociales del siglo actual, sobre todo en España, una sencillez, una franqueza, despreocupación que en algunas criaturas es loable y propicia a su mejor desarrollo moral, ha ido degenerando en nombre de la modernidad hasta emplebeyecerlo todo. Sí; esto también es cierto en la ciudad. Hay días, o momentos, sea en la zona que sea, ciosos y callados retiros, población de árboles llenos de prestigio, y unos atardeceres con Por Carmen CONDE cielo indescriptible. ¡Ese color rosado porde una plebeyez irritante. Son los tiempos, di- celana, ese fuego flamígero de las lejanías cen los optimistas para justificarla. Pero, sin en busca de sierras... Una hora entre la luz dejar de ser eso, es, además, mucho más difusa y las llamaradas finales del día, los grave el problema. Su análisis nos conduce a transeúntes discurren un poco en sueños. El azul se funde en el gris; las piedras de los lentísimas divagaciones. palacios, el seco crujir de las hojas en las ¿Qué significa la plebeyez dentro de la moavenidas, el apagado latir del dernidad? día, estallan con la precipitada ¿Qué es, en sí, la plebeyez y luz de las iluminaciones eléctriqué la pretendida modernidad? cas. Harto sé que en su definición Quizá entonces es la hora ino en las consideraciones que su trascendente del cóctel, del funaturaleza ofrezca, discreparenesto desliz... Pero lo es a su mos todos. Pues hay muchas vez del descanso, del ganado remaneras de interpretar cada poso, de la mágica mirada a las cuestión. Podemos atenernos a estrellas sobre la ciudad. su aspecto externo, en cuyo caso la plebeyez será consideraEn ese conglomerado de coda como una de sus formas. Lo sas que integran la ciudad, están más importante, sin excluir aquéde manera principal las casas llas, es el fondo; la plebeyez inque la constituyen. Cualquiera terior, no la zafiedad. de las nuevas e impecables casas de la posguerra, ¡puede ser En definitiva y en seguridad, tan inocente y dramática a un un acento íntimo nos revela la Carmen Conde tiempo! verdad del asunto. La plebeyez de la Real Academia no puede ser confundida con la Española Por tal espléndida, suntuosa generosidad, ni con el loco desescalera, puertas labradas con pilfarro, ni el aturdimiento, ni la imprevisión... más apariencia que realidad artística... luces Por culpa de Charles Morgan podríamos pen- tenues o vivas, cacharros de porcelana ausar ¿irreverencias? en la sensatez como téntica, cuadros, plata cincelada... Y en unas elemento adyacente. El plebeyo puede ser alcobas tan blandas y lujosas, entre sedas y sensato, esto es indiscutible. pieles decadentes se mueven mundos de angustia que coinciden con aquellos otros de Algo muy sutil y estimado nos alarma de su los torreones que flanquean la ciudad, sin vecindad. Nada importa que la estridencia no identificarse en las características. Lo que enacompañe al temible síntoma. En reclamar tre éstos se debate a voces, con los cuellos atención, en ofrecerla, en presumir de ella hinchados de tendones y venas exasperadas, puede haber tanta plebeyez como un vulgar en aquéllos es una obstinada y silenciosa reempujón dado en la vía pública a cualquier serva. Lo que allá es cuestión que se ventila desconocido. en público y exige pública reparación o venganza aquí difumina sus contornos y casi los En la pretensión de modernidad ocurre diluye a fuerza de autodisciplina. igual que en el revoco chillón de una casa vieja. Todos sabemos- los que conocen el Esto lo sabe, como lo sabe todo, la ciudad. edificio, ¡claro! -que hay- grietas, rincones teElla es a un tiempo matriz y red de cauces; nebrosos, polilllas, telarañas... pese a los hontanar y sistema de riegos. chafarrinones de las paredes. Queda además el tiempo; que es o no es Porque una cosa es comer con sano apeti- propicio para unos o. para otros y siempre to, para reponer fuerzas noblemente gasta- afirmativo por lo que a los hechos en sí se das, y otra cosa es aumentar adiposidades refiere. obscenas. Mas esto, desde luego, se corresponde con otro tema. ¿Una misma cosa puede ser tolerable e intolerable, abyecta o sólo censurable, reparaUna alegre y despreocupada e inconscienble o sin recurso? te generación se embriaga o se emborracha, Las formas entran con gran importancia en juega, pierde, gana, se aburre mortalmente, la vida de la ciudad. He aquí lo que pueden peca, disimula; exhibe, vocifera... Los padres aportar la plebeyez en la vida de la ciudad y que se conservan al margen de los acontecila modernidad. Mas, que nadie se desoriente; mientos, aferrados a sus viejos principios, suplebeyez no j 3 s jamás estigma de una daser fren las consecuencias morales de los terreni modernidad privilegio de otras. Ambas hamotos sociales. Los padres que van con la bitan la ciudad. Todos habitan en la ciudad. corriente, que la comprenden, suelen incurrir En el hogar suntuoso, en la habitación ruidoen efla. sa, en el espantable tranvía urbano, en el coHay muchas familias que salpicadas por medor de lujo donde cualquiera, pagando, los tiempos, no son heridas, sino superficialpuede llenarse de grasa hasta las cejas, mente en su auténtica sustancia. A pesar de mientras el albañil, cenceño, consume su parpertenecer al fenómeno moderno, de adoptarvo almuerzo entre los complicados andamialo en ocasiones, la firme herencia de su san- jes de una casa más de cemento. gre acaba por sobresalir del caos. Entonces lo vivido es una grave experiencia, y sirve, Es porque ciudad significa muchedumbre como es lógico, para enmendar la vida. de muchedumbres que, en la mayoría de los casos, suelen estar formadas por hombres. La ciudad tiene bellísimas avenidas, deli-