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34 -A B C INTERNACIONAL Vientos de renovación en Taiwan MIÉRCOLES 30- 1- 2- 87 Insólitas manifestaciones de protesta en las calles y en el Parlamento La oposición exige mayores cotas de participación política Taipei. Javier Buendía, enviado especial Representantes del Partido Democrático Progresista chino de Taiwan han intervenido ante el Parlamentó exigiendo la celebración de elecciones legislativas y presidenciales libres, al tiempo que una manifestación de varios miles de personas les apoyaba con sus gritos desde las calles de Taipei. Este partido de oposición pretende que las recientes medidas liberalizadoras vayan más allá de la posibilidad de visitar China continental. Esto lo podían hacer ya los habitantes de la isla- por ejemplo vía Hong Kong- antes de que se adoptase esa medida en noviembre pasado. Lo que se pide es una mayor participación en las decisiones políticas que, hasta ahora, son tornadas por el Gobierno nacionalista presidido por Chiang Ching Kuo. El debate parlamentario que se celebra estos días tiene como fondo cuestiones que afectan a la futura fórmula de Gobierno en la isla y decidirá una serie de medidas para hacer más libre y democrática la vida política. La oposición pretende acelerar al máximo el proceso y ha trasladado el debate a la calle. Ver miles de manifestantes en la congestionada Taipei no es un hecho frecuente, sino mas bien insólito. Y más aún si lo manifestado es un clamor contra el Gobierno como en este caso. Esto es ya un signo de los caminos aperturistas por los que el régimen del hijo de Chiang Kai Chek está dispuesto a entrar. Que once parlamentarios reciban con abucheos en la Asamblea Nacional al presidente Chiang tiene todos los visos de que el debate va por ese camino. El problema, más que en la adopción de una serie de medidas de apertura, se plantea en la consideración que Pekín y Taipei tienen dé Taiwan como provincia de China. Ni el recientemente renovado Partido Comunista chino, ni el legítimo Gobierno chino de Chiang Kai Chek, recluido en la isla tras su derrota en 1949, están dispuestos a ceder en tan importante cuestión. Va de por medio el reconocimiento de la soberanía para ese territorio y su virtual independencia. Una solución, ésta de Ja independencia, impensable para la gran mayoría de los taiwaneses- apertura interna al margen- y, por supuesto, para las autoridades de Pekín. La fórmula propuesta por el comunista Deng Xiaping para Hong Kong, un país, dos sistemas es rechazada sistemáticamente por Taipei por considerar que los tentáculos de la planificación central del PCCh tardarían muy poco en ahogar el espectacular avance económico que ha protagonizado Taiwan en los últimos diez años convirtióndole en uno de los países más industrializados del mundo. Y además de esto, la inconciliable postura del Gobierno nacionalista y conservador de Taipei con la del PCCh de Pekín. Nadie parece querer meterse a fondo a estudiar el futuro de Taiwan, pero es evidente que se hacen cada vez más necesarias las soluciones, porque desde Pekín se viene ejerciendo presión en este sentido y porque en Taipei, la situación de provisionalidad no puede alargarse por mucho tiempo sin que se produzcan rupturas y tensiones que, a la postre, no benefician a esa pujanza económica imparable hasta hoy. Las úftimas manifestaciones quizá sean el principio de esas tensiones, aunque por el Una patria común, dos modelos antagónicos J. B. El frenesí ideológico que provocó en China la Revolución Cultural de Mao Zedong no afectó de igual forma en todos los sectores de la población. Porque, si es cierto que muchos vibraron con la locura destructora de todo objeto o idea de procedencia occidental, otros repudiaron desde el principio la tan radical medida llevada hasta sus últimas consecuencias por el carismático líder comunista. Cuatro décadas más tarde, los derroteros de los dos grandes grupos en que puede dividirse al pueblo chino atendiendo a ese criterio- pro o antioccidental- son en parte distintos y en parte coincidentes. Coinciden en la necesidad de proyectar su cultura hacia el exterior y de ponerla en contraste con el resto del mundo, del que China estuvo aislada durante toda su milenaria historia. Pese a las mentadas rupturas que el comunismo al estilo chino pretendió desde el comienzo de la Revolución, el armatoste partidista y gubernamental que de ella surgió se ha visto en la necesidad de conectarse a la red internacional y obtener la energía necesaria para su funcionamiento. Con algunos matices, no consiste en otra cosa el ambicioso proyecto de modernización emprendido por Deng Xiaoping. Pero esta es una coincidencia de última hora, ya que el otro grupo siempre fue consciente de tal necesidad. También son coincidentes en lo relativo a la conservación de su cultura. Pero ni uno ni otro ven ahora tantos peligros de contagio en los modos de vida que acarrea el contacto con Occidente a través de las imprescindibles relaciones económicas. El bienestar- aseguran al unísono- no está reñido con la tradición. Es la pequeña hipocresía que ambos tratan de eludir, siempre, naturalmente, en función de la cotización del dólar Las diferencias se marcan en la forma de llegar a esas conclusiones, porque mientras el régimen de los sucesores de Mao ha tenido que desbrozar pacientemente y con no poco esfuerzo el corpus marxista que recibieron en herencia- para poder vender el producto en esta parte del mundo- los prooccidentales, capitaneados ideológicamente por Sunt Yat- Sen, ya habían advertido que rupturas tan radicales sólo llevarían al estancamiento económico y a una eventual vuelta a su secular aislamiento. Deng ha dado marcha, atrás quitando hierro a una situación de revolución permanente en la China continental, al tiempo que Chiang Ching- Kuo continúa el proyecto de Chiang Kai- Chek y Sunt Yat- Sen en la isla de Taiwan con evidente estabilidad política y éxito económico. Ya es tiempo para las comprobaciones y contrastes, y la realidad ha demostrado que es posible salir adelante sin tantas convulsiones, vaivenes y rompimientos. Nunca es tarde si la dicha es buena. Soló se necesita ahora un entendimiento que haga posible compartir un proyecto común. El camino es difícil, pero lo pueden allanar los deseos de estabilidad y bienestar que Pekín y Taipei tratan de buscar entre los países libres e industrializados de Occidente. Todo un reto que los dirigentes de lo que en la práctica son dos países tienen que aceptar. Mar de China- -Oriental- -Yrmgmingshan anchunA Vni 1 9l huS ÍOT AIPEl anch iao T 7 a -Ilan -íer Suao- T- U? hang momento tengan poca trascendencia y el Gobierno controle la situación. Si sus vecinos del norte han apostado por la liberalización del régimen y han volcado sus expectativas económicas en la nueva imagen con que pretenden inundar los mercados occidentales, los taiwaneses no quieren perder la importante ventaja que les llevan en este terreno y también pugnan ahora por potenciar el comercio con Europa, dando a conocer la realidad de su vida democrática cada vez más abierta a nuevas posibilidades- y la capacidad de trabajo y buen hacer que les ha situado en tan privilegiado puesto en Asia y en el mundo. La ausencia de contactos diplomáticos- l a visita de Nixon a Pekín en 1979 marcó el comienzo de una serie de rupturas en cadena con el. Gobierno chino de Taiwan y el consiguiente reconocimiento del de Pekín- no parece, sin embargo, preocupar en exceso a los taiwaneses que siguen manteniendo una importante red de sedes en todo el mundo a través de las cuales representan sus intereses políticos y comerciales. Desde el centro Sun Yat- Sen de Madrid, se desarrolla una importante actividad para dar a conocer en España la realidad de Taiwan y facilitar a los taiwaneses residentes en España los medios necesarios para su integración en nuestra sociedad. La batalla de la educación de chinos de Taiwan en el extranjero se libra en buena parte a través de estas oficinas que facilitan k s contactos con las Universidades y centros educativos que deberán acoger a sus estudiantes