Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
16 ABC OPINIÓN MIÉRCOLES 30- 12- 87 Comentarios liberales Cosas que pasan A noche más ficticia, pesada y aburrida del año está a punto de llegar. En esa noche, la del último día del año, el sentido del ridículo se destierra, y el alcohol, los matasuegras y los cucuruchos se juntan para demostrar a los seres humanos lo tontos que son. Se me olvidaban las serpentinas. Los hay que al alcohol, los matasuegras y los cucuruchos añaden el vuelo de las multicolores serpentinas. Estos son más tontos todavía, si es que ello es posible. Durante, la tarde del 31 de diciembre los menos graciosos del mundo se explayan con su habitual donaire despidiendo de esta manera a sus amigos: -Hasta el año que. viene- Los que andamos en la vida entre la observación y la perplejidad almacenamos, en las horas postreras del año que se va, un aluvión de tópicos y memeces, que mal digeridos, nos convierten en seres eventualmente superiores. ¿Cómo es posible que con tanta tristeza sembrada en nuestras almas surja tan incontrolada algarabía? Pues SENTENCIA M E parece importante que nuestro periódico haya adoptado una postura de apoyo decidido al periodista Juanjo Fernández, condenado nada menos que a seis años de cárcel por injurias leves al jefe del Estado. Y que haya adoptado como editorialista prestado a Rafael Sánchez Ferlosio, que tan donosamente ha salido en defensa del condenado. Es realmente esencial poner to- dos los medios posibles para revocar una sentencia a la que, con todo respeto, podemos calificar de catastrófica. Evidentemente, un lugar en el que te meten seis años en la cárcel por injurias leves al jefe del Estado ni es habitable; ni confortable, ni democrático ni libre: es una institución penitenciaria con aduanas y Ministerio de Hacienda, una aproximación siberiana al despotismo medieval. Desde que llegó al trono, el Rey se ha esmerado en hacer comprender a todos que, bajo la Monarquía, los españoles podían sentirse democráticamente amparados y protegidos. Su gestión, si así puede llamársela, ha estado presidida por la cordialidad y hasta por el humor. Cualquiera que haya visto una sola vez al Rey habrá comprobado cómo huye del protocolo para entablar una relación propiamente humana, de persona a persona, con cada uno de los que le rodean. La simpatía de que goza en la opinión pública, por encima de ideas políticas, radica precisamente en eso: en lo simpático que resulta a todo el mundo. Por supuesto que nadie olvida su rango ni su labor decisiva para mantener el régimen de libertades en España, ni su valor personal en todas las ocasiones importantes, en los momentos, como la Nochebuena reciente, en que hay que hablar claro. Pero el mérito del Rey y de la Monarquía radica en no recordarnos sus servicios a la comunidad, que se dan por supuestos, sino en que, incluso los que no reconocen ni esos méritos ni esa autoridad, ni prefieren esa forma de Estado, se sientan amparados por ella. Un Rey que ha sabido querer y hacerse querer por todos los republicanos, que funda su poder político en la inmensa popularidad de que disfruta, no puede ser protegido por una ley que atenta contra aquello que el Rey se ha empeñado en defender: la libertad de todos. Esa sentencia inhumana y antidemocrática resulta, de rebote, antimonárquica. Razón de más para revisarla. Federico JIMÉNEZ LOSANTOS L LA MALA no sólo es posible. Además de surgir, lo hace con cucuruchos. La Nochevieja es el carnaval navideño, ka explosión pagana que compensa el milagro renovado de la semana anterior. Para que las tonterías del carnaval se noten menos se precisa de la fiebre del sol y el sofoco del bochorno nocturno. El frío de diciembre no se ajusta a escorzos de carnestolendas ni a vulgares risotadas de fabricación obligada. Por eso, incluso, la Nochevieja es más boba que la más boba noche de carnaval. Como decía quien todo lo dijo: El mundo nace a un nuevo, año; la paz se siente enferma, el amor me ha abandonado y el frío se hace nieve para recordamos suavemente nuestra miseria. De ventanas afuera la noche es sincera; de puertas adentro no encuentro más que imbéciles. Todos dispuestos, pues, para la mala noche. Cotillón y Dirá alguno que ef juez no ha hecho sino aplicar la legislación vigente. Según cómo. Por muy bajo tierra que esté Montesquieu, hay siempre que atender al espíritu de las leyes. Y el espíritu, el sentido de una ley destinada a proteger la figura del jefe del Estado no puede nunca llevarnos a interpretarla de forma que el protegido salga perjudicado. Porque en la sentencia los perjudicados son dos: Juanjo Fernández y el Rey, y de rebote todo el sistema democrático, que se asienta en la libertad de expresión como premisa fundamental. Mal parado ha salido nuestro compañero periodista, que anda huyendo de la sombra negra de las rejas, pero más comprometido, si cabe, queda nuestro Rey. Lo último que podría ocurrírsele a cualquiera que conozca medianamente la historia de España de estos últimos años es que Don Juan Carlos arrope su magistratura y proteja su rango y función mediante una ley que condene, por levemente que se la infrinja, a seis años de cárcel a todo aquel que le falte al respeto. Es exactamente lo contrario de lo que ha pretendido el Rey desde que asumió no tanto la Corona como el sentido nacional que a la Monarquía quiso darle su augusto padre, Don Juan de Borbón, y que es, como tantas veces ha repetido, el de superar la división entre españoles y hacer de nuestra patria un lugar habitable por todos y para todos. ZIGZAG El mejor año El Gobierno y todo sus resonadores lo repiten dé modo incesante: 1987 ha sido el mejor año desde el comienzo de la crisis económica: aumento considerable del Producto Interior Bruto, rebaja de la inflación, etcétera. Pero... tenemos 200.000 parados más que en 1986. Si el sábado se hizo para el hombre, también la economía. Y pese a los maquillajes- léase cambios en la encuesta de población activa- nuestros, y no de otros, más de 3.000.000 de parados ahí están: ¿quien los mejora a ellos? Capital de la cultora En una reciente Tercera de ABC, Juan Pablo Fusi se refería, con cifras y datos elocuentes, a la realidad biblíotecaria española, tan pobre- desoladora la llamaba- Española y madrileña: la capital de España carece de una biblioteca pública y tampoco tiene una biblioteca universitaria. ¡Y pensar- comentaba- que hay quienes tienen la chusca pretensión (o dulce inocencia) de reclamar para Madrid el título de capital europea de la cultura! He aquí el dedo en la llaga frente a tanta retórica fácil.