Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 30 DE DICIEMBRE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A ambigüedad del pensamiento del nombre c o n s t i tuye uno de los motivos más constantes de la evolución cultural y social de la Humanidad; motivo que se ofrece en un gradiente de significados- controversia, dicotomía, dilema, dualismo, etcétera, con la incertidumbre corno límite- en parte solapantes, cuya aceptación ha sido un instrumento de civilización en su sentido integrador. Estos antagonismos, en la ambivajencia de los descubrimientos y usos científicos, trascienden una imagen del progresq. Nada nuevo de otro lado: el peligro y la esperanza. Nada nuevo; lo mismo ocurrió tiempo atrás, con otros riesgos y otras ilusiones. La sublimidad de las catedrales góticas no fue pareja con el espíritu de las cruzadas, hace más de medio milenio; las artes del Renacimiento coexistieron con las guerras de religión; ya va para dos siglos que la música de Beetnoven coincidió con las canciones negras y tristes de los barcos de esclavos; más recientemente, la influencia nazi no pudo reprimir las novedades de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad. Hoy, aunque sea alto el precio a pagar, las nuevas tecnologías no están exentas de potencialidad intelectual. El contraste también existe cuando las galaxias y las estrellas son objeto de estudios físicos y astrofísicos, cuyos resultados encaran los disenos de mecanismos e instrumentos de guerra con la paz cosmológica y la filosofía de la Naturaleza. Sucede, sin embargo, que el hombre ha perdido su capacidad de asombro y no se maravilla ni de lo uno ni de lo otro. No se admira de que él haya pisado la Luna o que permanezca durante meses en el espacio extraterrestre; no se extraña de que la imagen física de su cerebro se altere cuando el alma se deprime; ya no le choca oír hablar de que se manipulan sus propios genes; tampoco se para a pensar que hoy se puede saber a qué distancia se encuentran las estrellas, cuál es su composición y su estructura e incluso cuál es su historia, comenzando a sentir cierta aquella sentencia de Einstein: Lo más incomprensible del mundo es que es comprensible. El hombre debe aceptar su papel de crear una nueva sociedad resolviendo las ambigüedades; para ello, ha de apartar el peligro y dirigir la esperanza hacia los beneficios materiales e intelectuales. Peligro y esperanza, guerra y paz, han estado con abundancia en boca y en pluma de los analizadores políticos y militares de los últimos acontecimientos internacionales; como siempre en la historia de nuestra cultura, el juicio ha caminado desde la alarma y el desasosiego a la confianza, pasando por el escepticismo. En el relato de la guerra entre Napoleón y Alejandro, cuenta Tolstoy las críticas y desagrado de la mayoría de los oficiales con la paz alcanzada tras la batalla de Friedland, a pesar de que la propia narración de Guerra y paz ofrecía pocos equívocos. Cuando uno de los húsares cayó herido, sus gemidos ensimismaron a Rostov: miró a lo lejos, al cielo y al sol, sobre el Danubio. ¡Era el cielo tan azul, tan sereno, tan profundo! ¡Qué majestuoso y claro era el sol poniente! ¡Cuan suavemente brillaba el agua en el Danubio! Y todavía eran mucho más hermosas las azulencas y largas montañas tras el río, los picos misteriosos y los bosques de pinos rodeados de niebla. Allí todo estaba en calma, todo era feliz. El amor al sol y a la vida se mezclaron con las camillas y el miedo de la muerte, y aquí gemidos, sufrimientos, miedo, esta inquietud, esta fiebre. De nuevo todos corren y he aquí que la muerte está a mi lado. Un solo instante y no veré ya más ni este sol, ni este aire, ni estas montañas... Va ya para cinco años que, en un alarde de exuberancia tecnológica, conoció el mundo la ABC Iniciativa de Defensa Estratégica, la pomposamente denominada guerra de las galaxias, con la intención de hacer impotentes las armas nucleares mediante su interceptación por láseres situados en estaciones orbitales. En un sistema de defensa espacial completo deberían colocarse varios centenares de estaciones a alturas de unos mil kilómetros, y si los láseres operasen a frecuencias de la región invisible o infrarroja del espectro podrían atravesar la atmósfera en cualquier dirección y alcanzar los misiles. Varios miles de millones de dólares habrían de invertirse en el desarrollo de nuevos transportes espaciales, de láseres de elevada intensidad y de sistemas para controlar las comunicaciones. Y detrás de todo ello, con pequeño asombro, una fantástica aportación de ciencia, de tecnología y de riesgo. La ambigüedad está ya al descubierto y el dilema, frente a frente, planteado. Yo creo, ahora, que a nadie gustaría hacer verdad la cita de Tucídides: Los periodos de acuerdo o armisticio son parte de la guerra; tampoco la observación de Cleinias en las leyes de Platón: El estado natural de las naciones es el de guerra con las demás. Parece, al contrario, que la Humanidad ha escuchado a San Agustín: La paz es harmonía y concordia; pero habrá de seguir también a Tomás de Aquino: La justicia elimina los obstáculos para la paz. Si Virgilio suplantó la Edad de Hierro de la guerra por la pax romana, el hombre actual tiene que sustituir el peligro y el riesgo por la contribución y la esperanza de la ciencia en el progreso y la belleza. Ocurre, quizá, que los problemas de la filosofía sean perennes porque han sido objeto de discusión a lo largo de todas las Eras; no lo son, sin embargo, en cuanto a los enfoques que reciben según la cultura intelectual de la época y, en consecuencia, por lo que se refiere a la vía de formulación de los problemas. Entre éstos, uno de los más destacados ha sido el de la existencia de un mundo material exterior; griego en sus orígenes, ausente del pensamiento medieval, resucitado por las revoluciones renacentistas de la astronomía y la física y, al día, en la dualidad guerra o paz de las galaxias y las estrellas. Ambigüedad que ha de resolverse haciendo uso de los argumentos racionales de otro de los grandes problemas: la libertad de la voluntad. Muy a colación de esta encrucijada de la ciencia viene un pensamiento del famoso físico Bragg: Lo más importante en la ciencia no es tanto obtener nuevos hechos, sino descubrir nuevas vías de pensamiento sobre ellos. Y es que, en los últimos años, la imagen del Univer- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID L LA PAZ DE LAS ESTRELLAS so se ha enriquecido con nuevas vías y con objetos de raros nombres y propiedades extrañas: pulsares, quasares, cuerdas, supercuerdas y agujeros negros. Estos agujeros negros agrupan las previsiones lógicas de la mecánica cuántica y la relatividad y, al permitir el estudio del origen del Universo y la dirección del tiempo, ensanchan las fronteras del conocimiento hasta regiones reservadas hace muy pocos años a la especulación. Los agujeros negros ya fueron contemplados en las leyes gravitacionales de Einstein: al aumentar la densidad de un objeto, la fuerza gravitatoria que tendiera a mantenerlo comprimido se elevaría hasta tal punto que el objeto llegaría a tener un tamaño mínimo; en el limite de esta reducción de tamaño se produciría una implosión que no permitiría escape alguno hacia el exterior, ni luz visible, ni ondas de radio, ni partículas. El agujero negro más hondo y más oscuro sería una representación hipotética de lo inobservable, de la nada. Pero la ciencia ha seguido avanzando y al combinar la teoría gravitatoria de Einstein con la termodinámica y la mecánica cuántica- por estas páginas han abundado recientemente los relatos científicos y sociales de Hawking- puede justificarse la emisión de radiaciones por los agujeros negros. Con ingredientes de este tipo, se pregunta hoy la ciencia: ¿Hay alguna conexión entre la dirección en la que nosotros percibimos- l a psicológica- el paso del tiempo y la expansión del Universo? Otra dirección del tiempo, la termodinámica, es la que aumenta el desorden, la entropía, y coincide con la anterior. Ambas están relacionadas con una tercera, la cosmológica, aunque pueden no caminar en la misma dirección. Cuando las tres concepciones marchan en la misma dirección- sostiene Hawking- se dan las condiciones adecuadas para el desarrollo de seres inteligentes capaces de preguntarse ¿por qué el aumento del desorden camina en la misma dirección en que el Universo se expande? Si el Universo dejara de expansionarse y comenzara a contraerse, ¿se invertiría la dirección del tiempo? ¿Podría recordarse el futuro? Sería a modo de una movióla cosmológica en la que los trozos de un vaso hecho pedazos se reunirían de nuevo y se colocaría el recipiente sobre la mesa de la que cayó. Alguna de estas interpretaciones cuánticas de la gravedad, en sus versiones ya descritas- supergravedad, supercuerdas- o aún por desarrollar, podrá comprender lo incomprensible, podrá interpretar el origen y el destino del Universo: ¿fue o no una singularidad lo que dio origen al Universo hace quince mil millones de años? ¿No resulta bello que la ciencia pueda dilucidar si Dios escogió el estado ordenado del Universo en el principio y que evoluciona según leyes establecidas? Muchos consideran ingenuidad aceptar la paz, la paz de las estrellas, como solución de la controversia actual de la ciencia. También lo es, sin duda, intentar conocer el pensamiento de Dios en su voluntad creadora del Universo; será ingenuidad, ¡pero es tan bonita! Mucho, al menos, tenemos ganado. En nuestra lengua se mete paz, se da y se busca la paz, se viene de paz y se deja en paz. Aleixandre la echó de menos en sus poemas cuando cantaba: ¿Es azul? Cielo. Y son nubes. Blancas nubes sin paz que heridas cruzan. Olas sin paz que eternamente jóvenes aquí rodáis hasta mis pies intactos. Y con cierto perfume escolástico, la descubre Halcón en el Desnudo pudor Llamo libertad a mi paz, esta paz de mi conciencia... Ángel MARTIN- MUNICIO de la Real Academia Española