Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
29 de diciembre de 1987 AB LA CALSOAD DE LA EOÜCACION Víctor GARCÍA HOZ La calidad en la educación vendrá determinada por un conocimiento de lo que se quiere hacer, por la utilización adecuada de los medios existentes y por la eficacia de los resultados, afirma el profesor Víctor García Hoz, académico de Ciencias Morales y Políticas. Para García Hoz la disposición y preparación de alumnos y profesores son definitivos condicionantes de la eficacia docente. Núm. 163 D E unos años a esta parte, rara es la vez en que hablando de cuestiones educativas en reuniones públicas no se mencione la calidad de la educación Tal vez la primera ocasión solemne en que se estudió el asunto de una manera explícita fue en el V Congreso Nacional de Pedagogía, que se celebró en Madrid en 1972, con el tema general La reforma cualitativa de la educación De entonces acá- quince años- el tema sigue vivo, más bien irresuelto y, lo que es más grave, con pocas perspectivas de solución. A la vuelta de tantos años hablando de calidad, tengo la sospecha de que aún se halla muy extendida la situación a que San Agustín se refería cuando empezó sus reflexiones sobre el tiempo. Parafraseando el texto agustiniano podemos comprobar que tal vez creamos saber lo que es la calidad de la educación si no nos preguntan qué es, pero si no preguntan por lo que ella sea no sabemos contestar. Y lo curioso es que de suyo el problema no es particularmente difícil, porque la calidad de la educación es una manifestación particular de la calidad en el obrar humano. Y la calidad es lo que nos permite apreciar si algo es igual, mejor o peor que otra cosa de su misma especie. Sobre el supuesto de. que la actividad es verdaderamente humana cuando responde a la reflexión y decisión razonable, mediante las que el hombre conoce qué es lo que va a hacer y por qué, la educación tendrá calidad verdaderamente humana cuando responda a un conocimiento previo de lo que se quiere hacer, cuando se utilicen adecuadamente los medios de que se pueda disponer y cuando los resultados vengan a justificar la dedicación y el esfuerzo realizados. La calidad de la educación se manifiesta en la integridad de su planteamiento, en la coherencia de su realización y en la eficacia de sus resultados. La primera condición para que una obra alcance la calidad que la haga buena es que sea completa. Una silla a la que le falta una pata, un coche al que le falta el carburador, una casa a la que falte el baño, son cosas sin calidad. Esta idea de realidad completa desveta la primera condición de una educación de calidad: la integridad. Tal exigencia se cumple cuando el proceso educativo se ve como la realización de algo completo en el cual no falte ningún elemento del ser y el vivir humanos. La integridad implica que la educación responda y desarrolle todas las potencias de la naturaleza humana, satisfaga todas las exigencias de la vida y desarrolle las aptitudes y posibilidades de cada persona particular en tanto que individuo inserto en una comunidad. El concepto de integridad opera desde el momento mismo en que se piensa en la educación. Entendida ésta como una actividad, la primera condición que debe reunir es el planteamiento íntegro de lo que se quiere hacer. Mas el planteamiento no es sino el punto de partida desde el que se ponen en actividad los medios necesarios para la realización de algo. El uso de los medios educativos y la realización de la actividad misma exigen otra nueva condición de calidad, la coherencia. La coherencia v i e n e e x i g i d a por la necesidad de que los medios utilizados y los modos de obrar intervengan y actúen ordenadamente, en relación los unos con los otros, de suerte que cada factor educativo no obstaculice, sino que refuerce la acción de los demás. La coherencia refuerza la idea de integridad, evitando que ésta se entienda como simple agregado de cosas o elementos. La educación incluye muchos estímulos y actividades y alcanza todo su sentido cuando el proceso educativo tiene unidad, integrando en un conjunto ordenado la multitud de actos singulares que van tejiendo la educación y, tras de ella, la existencia humana. Se ve clara la necesidad de que las distintas materias o asignaturas que componen un plan de estudios tenga relación y coherencia, entre sí y con los fines de la educación. Pero hay otros factores menos visibles que también han de actuar de un modo coherente. Tai, por ejemplo, los factores naturales que operan en la vida familiar y los factores técnicos que se han de utilizar en la educación institucionalizada. Todavía se puede hablar de necesidad de coherencia en la mente del educador profesional, que debe mantener una actitud abierta para aceptar y utilizar los avances de la ciencia y la técnica pedagógicas sin prescindir del sentido común. Implícita se halla en las anteriores palabras la idea de SUMARIO La enseñanza concertada, agobiada por el control del Ministerio sobre los sueldos de los docentes El Consejo General de la Educación Católica denuncia el olvido de la religión en la reforma de la enseñanza Jaime Lissavetzky, consejero de Educación de Madrid, expone el proyecto de la quinta Universidad Grupo especial en Derecho de la Complutense, una apuesta por la enseñanza universitaria de calidad que también debe haber coherencia entre políticos, educadores profesionales y padres. En tercer lugar, la educación y su calidad se contrastan en los resultados. Aparece aquí una palabra mágica y de peligrosa interpretación. Se trata de la eficacia. La palabra eficacia se refiere inmediatamente a lo hecho como indica su etimología; pero no se debe tomar en un sentido puramente pragmatista, de producción abundante de algo material, sino más bien como indicación de que una actividad ha alcanzado el fin que persigue. En este sentido, sin materializar la vida, se puede hablar de eficacia en la actividad humana, que tanto se refiere a la producción de resultados materiales cuanto a una actividad que termina en la adquisición de un conocimiento, el desarrollo de una aptitud o la promoción de un valor humano o trascendente. La eficacia se nos presenta como una relación entre objetivos, medios y resultados. En ella se justifica la acción educativa. Es, por lo mismo, punto de convergencia entre las finalidades y objetivos de la educación, los medios y el modo de utilizarlos. Ellos marcan, a su vez, los criterios para apreciarla. Los estrechos límites de un artículo no me permiten entrar en el problema de la valoración de la calidad educativa. Pero sí se me permitirá llamar la atención hacia su peculiar dificultad. La eficacia, siempre que se entienda bien, es el contraste de la calidad de la educación. En ella se pone de relieve el mutuo condicionamiento de las tres propiedades mencionadas. Ya mencioné la necesidad de medios materiales para el quehacer educativo, pero no se puede olvidar que el gran medio de la educación es la actividad del sujeto que se educa, actividad que en las formas de educación institucionalizada sé estimula y orienta por la acción del profesor. De aquí la necesidad de que al hablar de medios se piense en los medios materiales, pero principalmente se ha de pensar en ¡os medios personales, los que, en términos un tanto bárbaros, se suelen mencionar como recursos humanos, es decir, primariamente alumnos y profesores. Cualquier acción política o social que se interese por la calidad de la educación ha de tener en su punto de mira la disposición y preparación de alumnos y profesores, definitivos condicionantes de la eficacia en la educación.