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MARTES 29- 12- 87- OPINION -ABC, póg. 15 EXPRESIÓN O más grave de las profundas caídas del dólar en todos los mercados financieros internacionales, lo más alarmante de las profundas bajas en la hasta ahora bastante inmune Bolsa de Tokio, no es este haz de noticias en sí mismo. Lo preocupante es que se produzca una especie de réplica al preacuerdo adoptado por el Grupo de los Siete el G 7 de la economía occidental. La opinión pública financiera había esperado con c i e r t a e x p e c t a c i ó n este acuerdo. Pero pronto, en cuanto se filtró la información sobre su texto, comenzó a cundir una especie de irritación asombrada en los mercados. Veían éstos que Norteamérica no adoptaba ni una actitud franca de recortes de gastos- -militares y sociales- ni, alternativa o simultáneamente, otra de incremento serio de los impuestos. Las informaciones estadísticas siguen comunicando tan malas noticias sobre los dos grandes y simultáneos déficit de los Estados Unidos: el comercial y el del Estado Federal. Parece estar dispuesta a continuar viviendo en 1988 la Administración norteamericana por encima de sus posibilidades. Alemania- y en el fondo toda la Europa comunitar i a- tiene un miedo considerable a las consecuencias que pueden desprenderse de una fuerte expansión capaz de desembocar en un conjunto de tensiones inflacionistas. Japón, por su lado, no es capaz de aumentar su mercado interior, y deja, al menos de momento, guarda- do en un cajón el famoso informe Maekawa, donde se señalaba, cómo alcanzar esa expansión. Sin cambios esenciales en estos tres grandes bloques del mundo occidental, resulta imposible salir de dos grandes caídas en cotizaciones: las de las Bolsas y las del dólar que, además, se interaccionan con fuerza. A través del llamado fenómeno de la globalización, el proceso de caída de los mercados bursátiles es, automáticamente, de tipo universal. Con estas bajas resulta forzoso pensar en deslizamientos económicos reales importantes a través del llamado efecto riqueza. El mundo occidental, al mismo tiempo, experimenta una especie de lucha escocesa en los mercados de las m a t e r i a s p r i m a s y de la energía. Mientras se abarata L el petróleo, suben con rapidez los precios del cobre, del níquel y, para subrayar la insensatez de lo sucedido en Galicia, del aluminio. Todo esto, considerado conjuntamente, deprime el comercio internacional, con lo que se dan los primeros síntomas de una especie de caracol contractivo. Finalmente, la inversión y la actividad creen todos que van a ser menores en 1988 que en 1987. Con ello el paro se afianzará, las expectativas empresariales empeorarán y se generalizarán los defectos depresivos. Lo alarmante es que comenzamos a repetir, demasiado exactamente, el proceso que se inició en octubre de 1929. Lo grave entonces no fue la tremenda caída de la Bolsa, sino que los dirigentes de la política económica no atinaron a contener la crisis en el ámbito del mundo financiero; antes al contrario, la impulsaron hacia el mundo real a través de canales demasiado parecidos a los de estos momentos. Las últimas noticias más ratifican que rectifican todo este panorama. La mínima lucecita emanada por el G 7 no sirve para iluminar un camino rodeado de escollos tan peligrosos. ¿Cabrá otra perspectiva una vez que se reúnan, abandonando las pasadas técnicas telefónicas, los dirigentes del mundo? Algún importante revulsivo necesitan los mercados financieros para reaccionar sin él. Pero si no se les faci- lita, estas Navidades pueden llegar a ser amargas cuando se contemplen históricamente. Tal es la realidad. De nada sirve cerrar los ojos. Ti al Rey ni a la Institución Monárquica les ha favorecido la sentencia que condena a Juanjo Fernández a seis años de cárcel por las palabras injuriosas contra el Monarca escritas en Punto y Hora en 1982. No criticamos al afirmar esto al Tribunal, que se ha limitado a aplicar la ley. Consideramos equivocada y excesiva esa ley por la que tantos escritores fueron procesados y juzgados en el régimen anterior, entre ellos el actual director de ABC. Se puede estar a favor o se puede estar en contra de la libertad de. expresión. Si se está a favor, hay que estarlo con todas sus consecuencias porque la libertad no es divisible. Eso. no quiere decir que la libertad de expresión no tenga sus límites. Los tiene o los debe tener en las leyes. Pero si éstas son excesivas, hay que reformarlas para que la libertad sea un hecho. Está claro que los ciudadanos- -desde el Rey al campesino- deben estar defendidos de las injurias por la ley. Pero la penalidad tiene que ser proporcionada. Sánchez Ferlosio (al que tanto trabajo le cuesta entender qué es y qué no es un periódico liberal) publicaba un comentario en Diario 16 en el que escribía con toda razón: Ante el fuero interior de la conciencia, la diferencia que media e n t r e u n a s y otras penas aparece tan grotescamente pequeña respecto del abismo que separa el sentimiento de culpabilidad que es capaz de llegar a suscitarnos una acción, frente al que pueda producirnos una simple palabra, que una invencible repugnancia se Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores Dario Valcárcel, Joaquín Vila, José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado ABC Jefes de Redacción: J. A. Gundin (Continuidad) J. C. Azcue (E. Especiales) B. Berasategui (ABC Literario) A. Fernández (Economía) J. I Ga Garzón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R Gutiérrez (Continuidad) L Lz. Nicolás (Reportajes) C Mantona (Continuidad) J L. Martin Descalzo (Sociedad) J. Olmo (Edición) L. I. Parada (Suplementos Económicos) L. Prados de la Plaza (Continuidad) C. Prat (Dominical) Santiago Castelo (Colaboraciones) J. M. Zuloaga (Investigación) Secciones: J. Rubio (Arte) J. M. Fdez. -Rúa (Ciencia) A. Garrido y J. Espejo (Confección) J. C. Diez (Deportes) A. Yáñez (Edición Aérea) J. Badía (Educación) E R Marchante (Esr pectáculos) J. Pato (Gráfica) M. A. Flores (Huecograbado) F. Rubio (Ilustración) M. Salvatierra (Internacional) C. Navascués (Madrid) J. A. Sentís (Nacional) M, A, Martin (Sanidad) D. Martinez- Luján (Sociedad) R. Domínguez (Sucesos) V. Zabala (Toros) E, Yebra (Vida Social) Director General de Prensa Española, S. A. JUAN MANUEL GONZALEZ- UBEDA Producción: S. Barreno Personal: C. Conde. Financiero: I. Laguna. P. Datos: V. Peña. R. Externas: J. Saiz. Comercial y Distribución: Enrique Gil- Casares Publicidad: L Escolar. Teléfonos: Centralita (todos los servicios) 435 84 45, 43560 25 y 43531 00 Télex: 27682 ABCMDE. Publicidad: 435 18 90. Suscripciones: 43502 25. Apartado 43 Prensa Española, S. A: rebela contra la idea de que un pretendido delito de palabra acarree un castigo de un orden de magnitud mínimamente comparable con el que nos resignamos a aceptar, en cambio, por delitos de obra. La amenaza de seis años y un día por unas sinceridades apenas levemente deslenguadas referentes al Rey, interpone un abismo que sitúa a la persona del monarca- hombre entre hombres, mortal entre mortales- -a una, distancia de auténtico tabú respecto dé los restantes hombres y mortales. La interposición de un tabú sacraliza aquello a lo que afecta, lo paraliza en puro objeto de culto, lo petrifica en fetiche, ante el que ya no caben más que la idolatría o el desentendimiento. Sería una desagradable y poco beneficiosa situación para la institución monárquica y su unidad política- -amén de nada placentera ni satisfactoria para Don Juan Carlos- -la de que el Rey no conociese más grado de acatamiento ni más forma de adicción que los de los genuflexos e incondicionales meapilas de la realeza y de sus fastos. Únicamente la condicionalidad muestra el carácter activo y motivado de un acatamiento y puede hacer honor a una conducta y a unas Cualidades. El incondicional, que aplaude con idéntico fervor tanto si el Rey viene de blanco como si va de negro, no aplaude, en realidad, más que a un puro fantasma, a cuyos méritos mayores o menores hace, de hecho, el máximo desaire, pues ni siquiera los ve, para aprobarlos o para criticarlos. Los españoles son demasiado propensos a la devoción como para que, por añadidura, se olvide la precaución de no favorecerla mediante los rigores de una legislación que, imponiendo el silencio, crea el ambiente propicio para la reverencia o, lo que viene a ser igual, para su simulación. Esperemos- -concluye Sánchez Ferlosio- -que todavía pueda evitarse que Juanjo Fernández sea la víctima que inaugure, con respecto a la actual institución monárquica, el resurgir de una ceguera tan fatídica como la que denunció Unamuno en 1906 (fatídica para España, fatídica para la monarquía y- -lo que fue realmente lo malo- fatídica para los propios españoles)