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74 A B C ESPECTÁCULOS- Cincuenta años de la muerte de Ravel LUNES 28- 12- 87 Sis viajes por España E ha dicho con frecuencia que e! tema de España ejerció sobre Ravel una ve dadsra fascinación a lo largo de su vida. Acaso por atavismo- dirá Ravel a André Riviez allá por los años 1924- me siento tan atraído hacia España y hacia la música española. Hay un aspecto de Ravel del que se conoce poco o confusamente, a pesar de haberse mencionado repetidas veces: resulta curioso que a pesar de la fascinación que siempre ejerció España en é! y de los deseos de conocerla, no lograse adentrarse geográficamente, en ella hasta casi pasada la década de los años veinte. Debido a los pocos datos sobre Ravel y sobre su estancia en España, ha habido bastante confusión respecto a sus viajes por nuestra patria. La razón de esta escasez de referencias sobre sus visitas a España, es que la fuente primaria y casi única para la confección de los datos biográficos sobre Raveí procede de autores franceses. Estos desconocieron muchos pormenores de dicha faceta. Se equivocó la célebre pianista y biógrafa de Ravei, Marguerite Long, cuando dice que Ravel no conoció a España más que a los cincuenta y tres años; es decir, en 1928. En las siguientes líneas me voy, pues, a referir a este aspecto, a través de las mencionadas fuentes españolas y de algunas cartas inéditas, también poco conocidas. Ravel manisfestó ya sus ardientes deseos de conocer España en una carta, aún sin publicar en español, a Manuel de Falla, desde Cévennes, en Lapra, Ardeche, el 16 de diciembre de 1919. La esperanza de poder conocer esta ciudad (se refiere a Madrid) me llena de nostalgia, ya que toda mi juventud la he vivido entre recuerdos evocados a diario por mis padres. De nuevo, en enero de 1924, con ocasión de un concierto que proyecta dar en Barcelona, le pide a Manuel de Falla que le prepare un concierto en Madrid, añadiendo estas palabras: España es el país que tengo más ganas de conocer y en especial la ciudad de Madrid, a la que debo tanto. Sin duda que Ravel aquí se refiere al encuentro en el que se conocieron por primera vez sus padres en los jardines de Aranjuez en 1873, de donde saldría el feliz matrimonio en 1874. Por fin Ravel haría realidad su sueño de visitar Madrid el 30 de abril de 1924. Se hospedó en el hotel París, desde donde dirigió otra carta a Manuel de Falla, en la que le invita a éste a venir desde Granada a Madrid. En la respuesta Falla se lamenta de no poder acceder a sus deseos, pero Adolfo Sálazar y Miguel Salvador harán de cicerones de Ravel durante su estancia en Madrid. Por cierto que, además del Museo del Prado, le impresionaron mucho los frescos de Goya de San Antonio de la Florida, que volvería a visitar en 1935. Por una entrevista que con tal motivo le realizó André Riviez sabemos que le sorprendió trabajando en su habitación. del hete en los borradores de Tzigane. Parece que dio dos conciertos en Madrid, uno en el Instituto Francés, en el transcurso del cual, ejecutó con José Cubiles Ma mere L oye. Lá otra invitación sería de la Sociedad Filarmónica de Madrid para dirigir La valse; Le tombeau de Couperín y la Alborada del gracioso serian dirigidos por Bartolomé Pérez Casas. Ravel alabó la pericia de los músicos. Hasta el 18 de mayo de dicho año no pudo dar el concierto en Barcelona. Debió de dilatarse por dos veces el proyectado concierto, del que ya habla en enero de dicho año. En otro segundo programa, dedicado a la música coral, se interpretarían sus Trois chansons para coro mixto. Por aquel entonces parece que Ravel ya era muy conocido en España, a juzgar por la anécdota que le sucedió en la Ciudad Condal, donde al pasear por Las Ramblas fue reconocido por un violinista que en su honor tocó La Habanera. De nuevo visitará España en gira de conciertos en 1928, recorriendo siete ciudades españolas: Bilbao, Zaragoza, Valencia, Córdoba, Málaga, Granada y Madrid. Le acompañaron en la gira la cantante Madeleine Grey y el violinista Claude Lévy. Le vemos en Zaragoza el 13 de noviembre y en Valencia del 15 al 18 del mismo mes; Aquí se hospedó en el hotel Victoria, donde mantuvo contactos con López Chavarri y Manuel Palau. La gica fue un éxito, aunque no en todas las ciudades. Así, Madeleine Grey se refiere diez años después a un concierto que tuvo lugar en Málaga, donde el público, poco familiarizado con la música moderna, fue abandonando paulatinamente la sala, hasta encontrarse casi con los asientos vacíos. Esto le incitó a ella a recordar ante Ravel la Sinfonía de los adioses, de Haydn, en la que los intérpretes abandonan sucesivamente la sala. En Granada sería el propio Manuel de Falla quien le arreglaría este concierto en el Ateneo de la ciudad. En todos estos conciertos interpretó obras propias, tales como Ronsard, arias de L Enfant et les sortileges y de L Heure espagnole y de Histoires naturelles, así como las Canciones hebraicas, La sonata pata violín y piano y Tzigane. En Madrid tocaría el 23 de noviembre, presentando el concierto Adolfo Salazar. A este propósito Madeleine Grey nos contará otro pequeño incidente que le sucedió a Ravel con motivo de un concierto que dieron en la Embajada francesa. Invitado Ravel a interpretar su Sonatina, y confundido por el cuchicheo de las conversaciones, se perdió, llegando a encadenar la coda del final a la exposición del primer tiempo, sin que el público se apercibiese de lo sucedido. De nuevo visitará toda España en 1935, aunque ahora lo efectuará no como intérprete, sino como enfermó, en viaje de reposo por recomendación de los médicos para restablecer su quebrantada salud. Comienza la gira el 15 de febrero. Acompañado del escultor León Leyritz, visita de nuevo Madrid, El Escorial, Aranjuez, Algeciras, Tánger, Marraquech, Fez, Tetuán y Rabat, ciudades en las que recibió todo tipo de agasajos y fiestas. Al regreso de Marruecos visitará Sevilla y Córdoba. En Sevilla le acompañarán durante tres o cuatro días Emigdio Mariani, futuro catedrático del Conservatorio sevillano; Juan Lafita; Joaquín Moreno Murube, director de los Reales Alcázares; Vicente García, y, sobre todo, Almandoz y Ernesto Halffter, quien no le dejó ni a sol ni a sombra. No olvidemos que éste había recibido ya lecciones de Ravel, con quien le unía una amistad. Le mostraron la catedral, ante la cual Ravel, admirado, exclamó: Es maravillosao, es mayor que Notre Dame. Asistió a una sesión de cante andaluz con la Niña de los Peines, susurrándole al oído a Halffter: Ca c est bon está muy bien Hasta le llevaron a la corrida de toros. Le entusiasmó tanto Sevilla que insistía a su acompañante Leyritz en prolongar su estancia en la ciudad. Este se excusaba diciendo que tenía ganas de ver a su mujer. A lo que Ravel le respondió con cierto gracejo: ¿Pero cómo puedes soportar a una mujer? De nuevo Salazar haría de guía a su regreso a Madrid. Este nos refiere cómo su estado físico y mental era ya muy deficiente. Desde Madrid se dirigiría a Burgos, Vitoria y Pamplona, donde se alojó en la habitación de Sarasate del hotel Perla. Esta gira le dejó a Ravel tan buen gusto que en agosto del mismo año, y con iguales intenciones sedantes, visitará de nuevo el norte de España- Bilbao, Burgos y Pamplona- regresando por Roncesvalles. Es una lástima que su conocimiento real de la España por él tantas veces soñada se verificase tan tarde. De haber sido en su primera época de La habanera y de Rapsodia española quizá hubiese extraído consecuencias musicales que a todos nosotros nos hubiesen sorprendido. Mariano PÉREZ