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72 ABC ESPECTÁCULOS- Cincuenta años de la muerte de Ravel LUNES 28- 12- 87 Un piano perfecto E NTRE los contemporáneos de Ravel que le conocieron hay una rara unanimidad en lo que se refiere a cómo Ravel tocaba el piano: Ravel tocaba el piano bastante mal. Sin paliativos. Sin embargo, su música para piano es perfecta, como perfecta es su producción para orquesta, canto, música de cámara; en una palabra, todo cuanto salió de su pluma, o al menos todo cuanto dejó para ser publicado, ya que de su proceso de selección nada se sabe. Produce una sensación de asombrado respeto el estudiar a fondo su música para piano (y la demás, por supuesto) en el sentido de que los enormes problemas que plantea por de pronto: a) tienen un sentido profundamente musical, y b) no son insolubles. Sabemos con certeza que Ravel estudió muy a fondo la escritura pianística de varios estudios trascendentales de Liszt. Pero además, cabría especular si, dada su gran amistad con Ricardo Viñes, este último habría sido consultado más de una vez sobre tal o cual problema. Si así fue, está claro que el gran pianista catalán dio soluciones. Ravel, como tantos otros grandes músicos, escribió las notas que escribió con una infalibilidad y una lucidez que maravilla. Sin embargo, el llevar a cabo lo que el compositor nos pide requiere un enorme esfuerzo ya que, paradójicamente, se podría decir que, aunque está todo, falta algo Me explico. Ravel dijo en alguna ocasión: Mi música no hay que interpretarla. Basta con ejecutarla. Ravel aparentaba tener a gala su celebralísmo y, en cierto modo. ironizaba el sentimentalismo Como buen vasco, sentía horror por la extraversión- esa timidez que hace cortos de palabra y largos de bolsa a tantos vascos- Ha llegado a escribir: Sé que un artista consciente tiene siempre razón. Digo consciente en vez de sincero porque hay algo de humillante en el último término. Quizá esto explique el número de veces que en sus partituras aparecen indicaciones como sans expressiom sans ralentir Probablemente esto era un contragolpe anticipado del enorme rallentando que temía se produjese- dado el gusto de la época- si no tomaba esas precauciones. Porque, ciertamente, su música, mal que le pese, es expresiva en grado superlativo. Hay una tensión en el desenvolvimiento de la forma, en sus melodías y armonías- inseparables una de la otra- que no deja lugar a dudas. A pesar del control riguroso que postula, su música vibra, tiembla de pasión contenida. Y así, una y otra vez en medio de esa lucidez casi matemática. Ravel se traiciona y escribe appassionato tres expressif En la música llamada impresionista ha tenido que conformarse con el segundo puesto. Se dice siempre Debussy y Ravel, nunca Ravel y Debussy. Y sin embargo, en lo que respecta a la música para piano la cronología nos hace unas revelaciones sorprendentes. Los Jeux d Eau de Ravel, datan de 1901 y los Reflets dans l Eau de Debussy, 1905. Los Miroirs son del mismo año que el segundo libro de Images de Debussy. Y anteriores en tres años al Primer Libro de Preludios. Lo razonable sería pensar, que como en todos los grandes movimientos artísticos, había algo en el aire y que de seguro los dos genios se influyeron recíprocamente. Quizá fuese aventurado decir que el Gaspard de la Nuit sea la obra más importante en el panorama pianístico del siglo XX. Más seguro será decir, en todo caso, que no ha sido superada por ninguna otra. Aquí se combinan inextricablemente lo pianístico, lo musical y lo poético, además de ese algo tan peculiar en Ravel: El proponerse a sí mismo tres problemas totalmente diversos. Para usar la expresión de sus biógrafos, tres apuestas 1. El lograr en un solo piano, por una parte, una melodía larga, dulce, apasionada, y por otra, un fondo de reflejos de luna y cascadas de agua, ajustándose todo ello al devenir de un poema. 2. El combinar una atmósfera de horror macabro, de depresión sin esperanza, lograda con toda suerte de hallazgos armónicos, con la indiferente nota de una campana tocando a muerto. 3. Según propia confesión, escribir la pieza más difícil de la literatura pianística, pero retratando al mismo tiempo al diabólico enano que aparece en las noches de luna llena. Ravel nos ha dejado un universo musical coherente, completo, sin resquicios. Sin embargo, parece que poco antes de morir había dicho: Lástima, ahora que tenía tanto que decir... Joaquín ACHUCARRO jl Vir