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Hoy se cumplen cincuenta años dé la muerte de Maurice Ravel, una de las personalidades más influyentes en la música de este siglo. Su obra ha quedado instalada para la historia entre el espíritu francés y la inspiración española, y para evocar tanto ésta como el carácter de su autor se ofrecen a continuación unas páginas especiales que se abren con el comentario de Antonio Fernández- Cid y que se completan con los de Joaquín Achucarro y Ffühbeck de Burgos, sobre aspectos de su piano y su herencia sinfónica; Ernesto Halffter, que perfila su recuerdo personal de Ravel; Mariano Pérez, Antonio Gallego y Leopoldo Hontañón, sobre sus viajes por España, música vocal y de cámara y su proyección, además de una discografia analizada por Alvaro Marías. Una página capital en la música de este siglo pienso y siento en mi música. Pensamiento: claridad, orden, cálculo de las proporciones, horror al fárrago, rebeldía que libera de la esclavitud y las rigurosas conexiones con cualquier estilo. Sentimiento: la música, el gran amor; eT cuito a la Naturaleza, los niños, España, sus constantes; un deseo de no caer en las explosiones temperamentales, quizá ruboroso ante la confidencia que implicaban los diarios íntimos de los románticos del XIX y sus programas de minucioso descriptivismo, pero un rechazo, al tiempo, de la fría elaboración intelectual de pentagramas con meta y exigencia de sinceridad para un ser que, según Colette, presentaba la apariencia de estar a punto de la disolución de un momento a otro y que, en confesión propia, ya en los últimos, largos años de inocultable declive físico, estimaba tan bella la vida que, aún así, es preferible vivirla Maurice Ravel, antibohemio, pero no previsor, no fue ni un músico precoz, ni un artista de existencia prolongada. El nacimiento en Ciboure, muy cerca de la frontera española, se produce en 1875. ¿Es del 94 la primera obra? La suya postuma, Don Quijote a Dulcinea corresponde a 1932, año del estreno de los conciertos para piano y orquesta. Abundan los proyectos- ¿otro concierto, para Viñes, una Juana de Arco que subraye la condición campesina? pero ya no surgirán nuevos pentagramas. ¿Cuántos latentes en su cerebro, hasta la operación que en él hubo de realizar Gtoris Vincent y que pocos días después, et 28 de diciembre de 1937, condujo a la muerte? Un plazo vital menos tasado habría podido tener reflejo mucho más fecundo para la herencia; con todo, no sólo considerable por el número de obras, sino trascendente por su calidad personalísima, sin que el autor se preocupase de lograrla. No dudéis en copiar. Si tenéis algo que decir, nunca aparecerá más claro vuestro sello que en las involuntarias libertades que os tomaréis con vuestro modelo. Ravel llevó colgado muchos años el sambenito injusto de su dependencia de Claude Debussy. Dotado plagiario Mediocre imitador Un sereno examen de sus legados no sólo marca bien las diferencias, sino que deja cronológicamente las cosas en su punto y muestra que bastantes grandes obras de Ravef son anteriores a las debussyanas. Por lo demás, lo que en el rostro de Claude hay de ensoñado, lo tiene de preciso el trazo- nariz aquilina, delgadez, corta estatura- de Maurice. Debussy parece fluctuar deliberadamente en la incertidumbre rítmica. Ravel, estar al acecho del ataque exacto. Aquél nos capta con la suspensión armónica, la voluptuosidad de las resonancias la, diríamos, sensación de Y respuesta no es sino la maravilla de gracia, transparencia, tersura que es la Sonatina Hoy, cuando tanto se habla de otros decisivos trasplantes, conviene recordar el magistral pulso raveliano al realizar los musicales; Con obras propias y ajenas. ¡Qué difícil conseguir que una partitura redonda como los pianísticos Cuadros de una exposición de Moussorgsky, no sólo conserven, sino que enriquezcan su atractivo al llevarse por él a la orquesta! ¡Y que Ma mere l oye la Rapsodia española Le tombeau de Couperin La alborada del gracioso tengan tantos quilates en el teclado como en las sutiles orquestaciones! Ravel puede pasar del asomo de burlesca ironía imitativo caricaturesca en los arranques de La Valse a la entrega incondicional a ese torbellino rítmico en ella deseado; repetir una y otra vez- e l cuento de la buena pipa! según la aguda calificación de Eugenio d Ors- el tema del Bolero y lograr que paulatinamente nos sintamos atraídos por la ascensional plenitud sonora, el constante cambio de timbres en la instrumentación, sin que se altere el ritmo inflexible. O que nos transportemos al mundo del misterio, el ensueño y el refinamiento en L enfant et les sortiléges al de la anárquica y al tiempo armoniosa mezcla de la sonería de tantos relojes en La hora española En esta oportunidad, otras voces más calificadas rinden homenaje a Ravel desde nuestras páginas. El crítico musical abre su curso con un comentario que busca la generalización. No puede omitir en él otra de las grandísimas cualidades que caracterizaron al artista: su dominio de los vehículos empleados en cada caso, sean cuates fueren, voz, tecla, instrumentos de arco, grupo de cámara, orquesta... Al Beethoven genial, con problemas en el tratamiento de las voces, al Schumann arquetipo del mejor romanticismo, instrumentador discutible, puede oponérseles un Ravel que hizo decir a todo un Alfred Cortot: Descubre de nuevo, para deleite de los pianistas, la técnica brillante, aquel impresionismo de reflejos y resplandores de los que Liszt había llenado en su momento la música. Se dijo de Ravel que sólo tenía la precisión de un reloj suizo. En todo caso, el tiempo en él no ha hecho mella. Por la obra, inscrita en la historia de la música, no pasan los años. A los cincuenta de su muerte, ya en el declinar del siglo que él colmó de bellezas en las tres primeras décadas, bien podemos asegurarle un puesto de excepción entre quienes, por grandes artistas, no conocen fronteras cronológicas y son patrimonio de la cultura universal. Antonio FERNANDEZ- CID improvisar, mientras Ravel es más concreto y a fuerza de claridad puede producir una falsa, momentánea impresión de frío, ocultar por la ironía todo e) caudal de voluntuosidad y sensible melodismo que logra tanto como verdaderos tesoros de misterio y sutileza en timbres y colores. ¿Frío, quien dio vida al portento de inspiración de esa página capital en la historia de la música del siglo XX que es el Amanecer del Dafnis y Cloe que nos prende en las negruras, murmullos indescriptibles y entremezclados sonidos misteriosos de la noche, hasta la plenitud, el luminoso estallido de la salida del sol? Es muy acertada la observación de Roland Manuel cuando subraya el contraste entre lo infantil del alma y la astucia en el oficio y re sulta ejemplar lá serenidad del propio Ravel, que no se desmoraliza ante incomprensiones como las que, por cuatro veces, te escamotean el premió de Roma, indignados los falsos puritanos- ¿quién se acuerda ya de los opositores premiados? -por sus audacias. La