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ABC, pog. 7 0- TELEVÍSION LUNES 28- 12- 87 Hemos visto: Hoy veremos Tó er mundo é... mejó Estas películas, hechas con cámaras escondidas, revelan la enorme credulidad de muchos españoles, la generosidad con que regalan su tiempo al primer desconocido. El ingenio de Manuel Summers prepara unas disparatadas situaciones que si son capaces de divertir al espectador, también consiguen irritarle un poco. Siempre deprime contemplar cómo se abusa de la buena fe de la gente, de su instintiva disposición a echar una mano al que tiene un problema. Televisión Española ya tuvo hace años un programa, llamado algo así como La cámara indiscreta hecho a imitación de uno anterior, británico, me parece. Summers compone su película con escenas disparatadas, surrealistas, en las que la bondad de algunos ciudadanos resulta verdaderamente increíble. Como ligazón de estos pequeños episodios el realizador intercala imágenes parlamentarias de los más conocidos personajes políticos, a los que unas voces prestadas hacen decir frases preparatorias de cada situación. Estos doblajes no son excesivamente afortunados, porque si la imitación de Adolfo Suárez es aproximada, no lo son las de Santiago Carrillo y Manuel Fraga y es pésima la de Rosón. Entre los aspectos irritantes tal vez el peor es el de utilizar disfraces militares o de guardias urbanos para imponer ridículos ejercicios a unos confiados transeúntes. También resulta desagradable la apelación a la piedad pública utilizando fingidos rhinusválidos. Es posible que la ingenuidad de muchos celtíberos resulte cómica para sus compatriotas. Confieso que no figuro entre ellos. La burla de la candidez humana no roe produce risa. En realidad, todos estos episodios vienen a ser una apología de la picaresca, una glorificación de los listos que abundan en este país. Y una rechifla de los tontos es decir, de los crédulos, de los confiados, de los inocentes. ¿Se han fijado ustedes en la cantidad de sinónimos que existen en español para designar a las buenas personas? El diccionario recoge unas cuantas. El archivo popular guarda bastantes más, utilizadas siempre en tono despectivo. Eso que se llama gastar una broma ha perdido vigencia entre nosotros. Todos hemos oído contar las barbaridades que se cometían en casinos, colegios, academias, tentaderos de reses bravas y otros lugares de reunión. Algunas de ellas demostraban verdadero ingenio y resultaban inofensivas. Otras, como aquella de soltar un becerro a los postres de la comida, terminabam con traumatismos y hasta con fracturas. No hay violencias, afortunadamente, en esta película, sino sensación de ridículo para unos ciudadanos y ciudadanas de buen corazón y saludable respeto a la autoridad. Los mejores momentos se producen cuando no intervienen guardias ni paralíticos y la farsa se monta sobre motivos verdaderamente delirantes. El episodio del servicio público subterráneo, con su muerto en el ataúd y el cura cantando el Adiós a la vida de Tosca, mientras entra la gente a aliviar sus urgencias, es un verdadero hallazgo. El enlutado pariente, a la entrada del mingitorio; la viuda, pudorosamente de espaldas al espectador; el pliego de firmas; los pésames y abrazos a la salida constituyen una fenomenal pantomima; donde Summers demuestra la deslumbrante calidad de su humor. Es muy divertido el episodio de las corbatas bajo el peñón de Gibraltar, aunque resulte increíble la infinita paciencia de los involuntarios protagonistas. No se le puede negar, por tanto, gracia a la película. Quizá un largometraje es demasiado para esta diversión. Y tal vez tendría más mérito si se hubiera prescindido de los agentes de la autoridad y de su enérgica actitud hacia los confiados participantes. Este comentarista, al menos, se ha reído de verdad cuando el absurdo brotaba del puro disparate del invento y los embromados no sufrían ninguna presión que condicionara sus reacciones. Los reparos que aquí se señalan no disminuyen el talento, el humor y la fantasía de Manolo Summers. El santo JOB AI este delEdén peculiar parábola bíblica con James Dean Elia Kazan. 1955. Color. Ciento doce minutos. Hoy, a las doce treinta y cinco, por la Primera Cadena, en Largometraje especial Lo primero que hay que lamentar, a propósito de Al este del Edén es que no parece previsible que se nos ofrezca en su formato original de Cinemascope, ya que Kazan, en un momento en que aquel, todavía, se utilizaba con torpeza, dio lecciones- de cómo administrar los espacios en esta película que, de otra parte, quedará en la historia por haber sido la primera de las tres que James Dean hizo como protagonista, tras haber tenido un par de intervenciones escasamente destacadas en otras y una experiencia teatral no demasiado brillante. Basado en una novela de John Steinbeck, el premio Nobel que, previamente, había trabajado para Kazan como guionista de ¡Viva Zapata! el filme es una peculiarísima parábola sobre los personajes bíblicos de Caín y Abel, trasladados a la California de los años diez, resuelta en clave de melodrama con derivaciones, si se quiere, metafísicas pero en cualquier caso, de una gran belleza, y no sólo en lo que hace a las fastuosas imágenes de Tad McCord. Hay en el filme tensión, excelentes caracterizaciones de los personajes y, en sus mejores momentos, auténtica emoción. Y la puesta en escena de Kazan es, sencillamente, magistral. Como lo es su dirección de actores. En este apartado no sólo destaca Dean, con su mirada perdida y sus gestos hoscos, sino que a su altura está Jo Van Fleet, que sería oscarizada por su trabajo y- acaso en menor medida, el veterano Raymond Massey, que hace un padre memorable, aunque, en contrapartida, la composición que Richard Dávalos hace del heramno bueno no resulte demasiado convincente. La pequeña estreno de Brooke Shields en el cine yde Malle en América Director: Louis Malle. 1978. Color. Ciento siete minutos. Hoy, a las nueve veinte, por la S e g u n d a Cadena, en Cineclub Tras una brillante carrera en su país, Francia, Louis. Malle optó por la experiencia americana siendo La pequeña el filme que cierra el ciclo a él dedicado, el primer filme de su etapa USA, que acaba, por el momento, dé cerrarse, con la vuelta a los orígenes del realizador, que, con Au revoir, les enfants acaba de lograr el León de Oro del todavía relativamente reciente Festival de Venecia. Es La pequeña de un lado una película dura pero es también un bello y atípico poema de amor. Transcurre la acción en el barrio chino de Nueva Orleáns, en una de cuyas casas vive una adolescente, casi una niña, hija de una de las pensionistas que acabará por insertarse en el mundo de la prostitución, que es, en suma, el que conoce. La película nos narra no sólo su- iniciación sino la in- quietante relación que la une a un extraño fotógrafo, que decidirá casarse con ella, con todo lo que ello lleva aparejado. Malle ha hecho uso de su peculiar sensibilidad para tratar a los personajes juveniles en el retrato de la joven Violet, a la que encarna la, a la sazón, debutante Brooke Shields, y como de otro lado el filme cuenta con una espléndida ambientación, puesta en valor por la soberbia fotografía de Sven Nykvist, ei resultado es una obra entre el teísmo asumido y la belleza formal, tan deconcertante a ratos como suges- tiva en suma. Brooke Shields nunca ha estado mejor, y cabe lamentar que su carrera no haya respondido a la expectación que despertó su debut en el cine. Excelentesa Keith Carradine y Susan Sarandon, e inquietante, como siempre, Barbara Steele. Programación de TVE, de los canales autonómicos y de los canales europeos y americanos a través de las parabólicas, en la página 103