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ABC, pog. 30- TRIBUNA ABIERTA LUNES 28- 12- 87 UIZA sea conveniente saber lo que un arquitecto piensa que deben ser sus relaciones con el cliente para conseguir la mejor arquitectura. Y me voy a apoyar en un par de ejemplos que fueron fundamentales en mi vida profesional. Todo humano, no se sabe muy bien por qué, se considera con derecho a ser arquitecto, especialmente en su parte artística. Mientras menos preparación tiene más quiere reducir al profesional a una estricta labor de fabricación de la obra. Cree el inculto que la concepción- l a auténtica especialidad del arquitecto que, tras estudiar al cliente, le hace su traje a medida- es cosa suya. Peor aún, él cree que tiene eso que llama buen gusto y trata de imponer las formas seleccionadas por su certero paladar. Naturalmente el cliente inteligente sabe elegir a su arquitecto. Ahí es donde ha ejercitado su talento: en la elección. Inmediatamente se dispone a sacarle su jugo. Y, por lo que yo siento, diría que sólo mana de uno lo mejor que tiene cuando le responsabilizan absolutamente del objeto de su oficio. Los años, la formación y organización de su estudio en las técnicas constructivas y de control económico hacen fiable al arquitecto. Pero el lanzarlo al trance creativo, a un estado de ánimo en el que vaya a dar su do de pecho, es gracia que sólo tienen algunos clientes. Definiría al cliente ideal diciendo que le debe mirar a uno a los ojos el día del encuentro y decirle: Se como sé que eres capaz de ser Después: Mi programa es éste... me gustan de tus obras, las siguientes... mis disponibilidades económicas son... mi control sobre ti será pasivo, es decir recibiré toda la información gráfica, económica y numérica que me sirvas y me mostraré satisfecho o crítico pero sin interferencias; si te comportas te aplaudiré y podremos los dos, tú, arquitecto, y yo, promotor, entrar en éxtasis creativo; si no ocurriera así, anularíamos nuestra relación contractual; lo mejor sería que al final nos sintiéramos los dos (porque sabemos que tanta importancia como tú, arquitecto, tengo yo, como propietario y causa de la obra) autores de una obra de arte; a ello... Q EL ARQUITECTO Y SU CLIENTE Ha habido casos en los que tuve al gran cliente, en (os que sentí la presencia de un equipo fantástico como representante de la propiedad. El más reciente fue el que colaboró en la construcción de un inmueble que, en principio, iba destinado a ser sede central de un Banco. Antes de que el Banco comprara la obra se falló el concurso que me adjudicó el proyecto. Durante la gestión constructiva entró en juego, como representante máximo de la nueva propiedad, un ingeniero de Caminos joven hacia el que sentí en seguida un gran respeto. A la primera reunión formal a la que se me convocó asistían distintos miembros de los diferentes departamentos del Banco que, se suponía, iban a vivir su futuro en el edificio en marcha, y que deberían juzgar y aprobar los diseños, distribuciones y presupuestos. La obra estaba ya en estructura, contratada por tanto con una empresa (de gran renombre) y con presupuesto estimado al día en una cifra concreta. El ingeniero en cuestión (que algunas semanas antes había tomado el timón que desde la propiedad resumía las situaciones, avisaba aconteceres milado, va formando parte del capital crec i e n t e con que se cuenta hasta la muerte. Por Migue! de ORIOL E YBARRA Sensaciones y emociones que, día a día, le que su intuición preveía y transmitía al arquihacen a uno querer ponerse en juego para tecto y a la EC las órdenes) tomó la palabra experimentar. y, teniendo en cuenta la duración de la obra, Otro cliente genérico del que se puede actualizó a su fin los costes con las consi- aprender mucho es el ama de casa experiguientes previsiones de inflación, de tecnolomentada. La que nos quiere transmitir su progías a incorporar al proyecto, al tener el nueblema en el que van encerradas multitud de vo usuario características definidas y diferen- vivencias: desde la colocación de las piezas tes al programa del proyecto original y soltó de un cuarto de baño, pasando por la organiuna cifra: la que correspondía rectamente al zación muy particular de su cocina, o del coste del edificio que él profetizaba. Un silen- modo de disponer sus armarios, hasta la relacio pálido se hizo alrededor de la mesa hasta ción de grupos en su salón y comedor. De toque, siguiendo su exposición, les hizo com- dos modos, lo que a mí más me interesa de prender que no había más que cifrado real- su ideario casero es la gama de colores que mente lo que ya estaba aprobado implícita- usa. Si la mujer cliente con la que estamos mente. Tras una discusión, no muy larga tratando nos cuenta su secreto- porque lo- sabía torear en corto- se aprobó lo que, tienen no porque, todavía juvenil, quiere imdespués, durante los tres años que vivimos la presionarnos con lo que cree que se llevaconstrucción, sería el evangelio económico hay que estar muy atento. Saben muchísimo que habíamos de respetar. Aquella actitud de de colores porque observan más, sienten principio, tan desconocida entre los habitua- más, no han estado mediatizadas universitales pelotas que representan a las grandes riamente (o han sabido sobreponerse) por empresas ante el problema constructivo, faci- movimientos radicales todo ha de ser natulitó un camino que después no se desvió, por ral, o color hilo y siguen conectando con la la firmeza inteligente de su timón, nunca en larga historia plástica que han mirado con más de un 1 por 100. Lo habitual es que el sed en su vida de viajes y de arreglar cuartos representante de turno de la propiedad juz- para hijos, nueras, etcétera. Es muy imporgue el panorama a corto, con lo que la at- tante darse cuenta del calibre del interlocutor, mósfera de susto preside el proceso de toda especialmente de su autenticidad, del mismo obra grande y dilatada en el tiempo. Durante modo que es esencial no sentirse acomplejala relación que sostuve con el ingeniero le oí do de la propia ignorancia que, por mucho constantemente una frase tan clara como que se sepa, es infinita. Yo me acuerdo de rara en nuestro ambiente: Mientras mejor y recién salido de la Escuela, cuando todavía más en serio construyamos- por supuesto me consideraba con la obligación de saberlo pagando la calidad en lo que se merece- todo (todo aquello que se refiriera a mi ofimás enemigos nos quitáffemos a la hora de cio) y me daba cuenta que no sabía casi vender; en España muy pocos construyen nada. Si alquien me decía algo- especialcomo Dios manda Se conoce que él, sote- mente si ese alquien era amateur -de lo rradamente, ya llevaba en la cabeza el su- que yo consideraba mi jurisdicción y en lo puesto de la venta. Que a mí, tres años más que me pillaba en cueros, ponía cara de entarde, tanto me dolería. terado Hoy, obligado por los años, quiero aprender de todos los que tienen algo que Entramos en el Mercado Común, llegaron enseñar; no hay tiempo suficiente para captar las empresas que querían tener, representa- lo necesario con el fin de acertar en el ción en Madrid, exigían una serie de condi- proyecto en marcha. Quizá la humildad conciones edificatorias que casi nadie cumplía quistadora, la que confiesa ignorancias que, acostumbrados al Basta con que te sosten- en algún caso, deberían calificarse de temegas y al arquitecto que se entretenga rizando rarias, busca únicamente su legitimación. De el pelo a sus hijas y naturalmente el edificio todos modos nada hay más fácil para el- por necesidades de liquidez bancaria- se cliente- que bobo no es cuando le ha elegivendió en un mes en la cantidad, entonces do a uno para resolver su problema- que de record del mercado español. Dentro del tectar la verdad de su arquitecto. El arquitecaño se dobló para el comprador su valor. La to debe ser, ante él, el orquestador de la bandera de Nada hay más barato que lo obra, el que lleva la batuta, el director. No tiemejor había impuesto su ley. ne porque, ser un virtuoso de cada instruYo creo que el arquitecto aprende todos los mento, pero sí el único que sabe cómo debe días del cliente ideas que pasan a ser patri- sonar su sinfonía en un todo armónico. Cuanmonio propio y que le servirán para entender do el cliente ve dentro de su arquitecto ese mejor al próximo. La razón de la variedad de saber, le reconoce su autoría y le regala sus su obra debe nacer de la individualidad de intenciones. Entonces es cuando puede reaquel a quien estudia. Como las huellas dac- sultar la obra que retratará al dueño con halatilares, no hay dos iguales. El alfabeto, expre- go si el autor supo plasmar lo mejor de su sión propia del arquitecto, es inevitable si perfil bueno. Todo lo cual, naturalmente, obliestá atento a la propia obra. Esta, a pesar de ga al arquitecto a ser autor, a que la obra sea haber sido dibujada en sus distintos detalles, suya, a que tenga dentro su pensamiento coimaginada y dirigida, sorprende de continuo herente que se resuelve en una forma total con un volumen que, desde determinado pun- que soto a él responde. to de vista, aparece; o con una textura o un color que sugiere, en el proceso constructivo, Estos comentarios deslavazados responsoluciones nuevas, más lógicas, más bellas o den a lo que de modo espontáneo ha ido samás económicas, permitiendo así una mayor liendo de la vieja pluma de un eterno preteninversión en aquel capituló que se nos quedó diente a arquitecto que busca a su cliente escaso. Todo ello y mucho más, una vez asi- ideal.