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Murillo: La Sagrada Familia del pajarito censor inquisitorial no codificaría sus teorías hasta mucho después) En esta noche tenía Nuestra Señora poco más de quince años, y a las doce en punto nació el Santísimo Niño, y es de fe católica que primero que lo pusiese en el pesebre lo envolvió la Virgen, y ésta fue la señal que se dio a los pastores para que lo conociesen; de suerte que no debe pintársele desnudo, sino fajado y envuelto... Murillo, más libre siempre, da la impresión de una inspiración franciscana: en La Anunciación amortigua el lujo de un rompimiento de gloria poniendo cerca de la linda muchacha sevillana su cesto de costura; en la Adoración de los pastores éstos le llevan al Niño una gallina, y en La Sagrada Familia del pajarito la Virgen devana una madeja de hilo y Jesús juega con un pajarito que muestra al perro, un pajarito, tal vez, que instantes antes había hecho de barro, como en los Apócrifos de la divina infancia. Entre los siglos XIII y XVII el Evangelio fue transformándose en teología, y teológica es la Navidad en la mayoría de las obras que atesora el Museo del Prado, con la entrañable excepción de Murillo, en el que la niñez de Jesús recobra JUEVE 5 24- 12- 87 aquella vida que le dio el corazón popular, cuando los franciscanos ofrecieron al arte cristiano su dulce estilo nuevo. En las obras del Museo del Prado, en la pintura del Siglo de Oro sobre todo (también en otras que aparentan pobreza y humildad, como en Bosco y Meling) la Navidad se aureola de una majestad lejana, aunque nunca pierde su vocación de pobre, su tibio aire primaveral. Pero es en Murillo donde la Navidad reencuentra aquel clima humanamente cercano, familiar, que había inspirado franciscanamente a los artistas desde las Meditaciones sobre la vida de Jesucristo en las que el pueblo de Dios aprendía que la madre juntaba su rostro con el de su hijito, lo amamantaba y lo consolaba amorosamente, porque con frecuencia lloraba, como todos los niños pequeños... Murillo hace descender el cielo a la tierra, como dice Emile Male refiriéndose al sentimiento del arte cristiano que había inspirado la piedad de Asís. Nadie sabe todo lo que hay en la Navidad del Museo del Prado, y por ello es tan sugestivo buscarlo, como sugerimos aquí al visitante de estos días navideños. ¿Y qué será, qué ha sido de todo este mundo trascendido de amor e ingenuidad? ¿Cómo es que el arte huye de esta primavera para exiliarse en el invierno de sí mismo? ¿Cómo y por qué extra el arte aquel camino que tan seductoramente llevaba a la Navidad? ¿Puede prolongarse o resucitar un arte cristiano en un mundo incrédulo? El camino más directo, el único seguro hasta el fin, para volver a crear alrededor del arte esa atmósfera espiritual, sin la cual no puede existir y que le falta cada vez más, es el camino de una nueva unión de la imaginación creadora con el mito cristiano, del arte con la Iglesia dice Wladimir Weidlé en su nada consolador ensayo sobre el destino de las artes. A. M. CAMPOY ABC 117 Luis de Morales: La Virgen y el Niño Velázquez: detalle de La adoración de los Magos