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El Greco: La Anunciación Pedro Berruguete: Epifanía Navidad en el Museo del Prado de pronto, extrañamente comunidades cristianas de Oriente anciano de largos cabellos blancos movida, una brisa huma- soñaron la infancia milagrera de y luenga barba, que ofreció el oro, nísima llena de ternura Jesús. símbolo de la realeza divina. El sePorque los cuatro evangelistas gundo, llamado Gaspar, joven, imlas severas estancias del Museo del Prado. Al aire polifónico, madri- son muy escuetos: Y Jesús crecía berbe, de color encendido, honró a galista y barroco que se hiela en en sabiduría, y en edad dice San Jesús presentándole el incienso. El nuestro almacén de belleza, suce- Lucas; vinieron del Oriente a Je- tercero, Baltasar, de tez morena, de un aire de villancico que entibia rusalén unos magos dice San ofreció la mirra... nuestro itinerario. Una primavera Mateo... Poco para la curiosidad Todos los antecedentes inmediairresistible lo enternece todo, y has- enfervorecida de las gentes senci- tos de la noche feliz y los que in ta los maestros más patéticos llas, menos todavía para el frate mediatamente la sucedieron, con el (Greco, Claudio Coello, Ribera, Ve- que imaginaba la infancia de Jesús gran tema central del Nacimiento y J iázquez) se dejan ganar por la poé- desde la exaltada ingenuidad de la las Adoraciones, podemos seguirtica morbidez de esta brisa niña Porciúncula. Y los Evangelios apó- los en el Museo del Prado, desde que se esparce, impalpable, desde crifos contaron cómo Jesús niño la pulcra elegancia de la celda de La Acunciación de Fray Angéli- hacía pajaritos de barro y, jugando Fiésole (hasta el barroco, la celda co. ¡Qué persuasión no tendrá la con ellos, los echaba a volar, y los será humilde, y María será una primavera navideña que hasta un pajaritos volaban, y cómo ayudaba doncella rodeada de modestos obfraile dominico del quattrocentro sabiamente a José en la carpinte- jetos familiares) hasta la catara de asume el mensaje franciscano! ría... Y como la breve y enigmática soberbia y sensualidad que le otorPorque la ternura navideña del arte referencia a los Reyes Magos no ga Pedro Pablo Rubens. La historia tiene un origen franciscano. Su ale- podía eludir el prodigio epifánico del arte, como la sociedad misma, gre inocencia, su castidad y su aquel, el seudo Beda no tuvo in- pasó del trecento franciscano, popuerilidad se recrearon en Asís; allí conveniente en dar pelos y señales pular, al barroco del siglo XVII, en se hizo popular y se santificó le- de los misteriosos personajes que, que el poder absoluto ya era de los gendaria, enriqueciendo la parque- guiados por mágica estrella, asis- reyes de la tierra. Interesa, asimis- dad de los Evangelios sinópticos tieron al encanto inmarcesible de la mo, en nuestro itinerario por el Mucon las áureas leyendas de los noche sagrada de Belén: El pri- seo del Prado advertir cómo el 4 Apócrifos, en los que las pequeñas mero de los Reyes fue Melchor, un Niño Jesús, y María, y todos los Y actores de la humana representación se identifican racialmente con los países en que se efigia la Navidad (la Virgen, casi siempre, es una muchacha gótica de trenzas rubias) con la excepción tal vez del biotipo que se prolonga en la pintura española (Antolínez, Arias, Bocanegra, Alonso Cano, Carducho, Escalante, Maíno, Moreno, Orrente, Pereda, Caxes) y muy en especial en Velázquez, en cuya Adoración de los Magos hay tipos bien relacionables con los cristianos nuevos de Sevilla, como el del propio pintor (que se quiere retratado en el rey Gaspar) Ni siquiera el barroco contrarreformista pudo desposeer a la pintura española de su naturalismo esencial, ni de sus licencias casi heterodoxas, como vemos en Murillo. Velázquez sí se atiene a los cánones que impone la Contrarreforma, y así, en 1617, aprobado ya por Pacheco, pinta la Adoración de los Magos de acuerdo con lo que Pacheco teoriza (aunque el JUEVES 24- 12- 87 lió ABC