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Evaristo Guerra Centro Cultural SEK Villafranea del Castillo Hasta el 24 de enero De 95.000 a 1.100.000 pesetas Galería Ansorena Alcalá, 54 Francisco Barrachina Diciembre De 100.000 a 700.000 pesetas F Paisaje U N comienzo de lujo para inaugurar las actividades artísticas del centro cultural al que pertenece el colegio San Estanislao de Kosca, enclavado en el pueblo madrileño- y a convertido en zona residencial- de Villafranea del Castillo, pues se realiza con uno de nuestros artistas más personales, cuya fama se consolidó a raíz de ganar el premio Blanco y Negro Paralelamente a la muestra, el artista ha organizado unas charlas en las que comparte sus conocimientos pictóricos con el mundo infantil, ampliando así la intención didáctica del centro y muy en línea con el carácter que expresa su pintura, en esa reivindicación constante de la niñez que anima su obra, en esa mirada nítida con que Antonio Gala le define al agradecerle sus ojos limpios, con los que- todos, siempre- deberíamos mirar a nuestro alrededor Y es, en efecto, enseñanza gran parte de los contenidos sumergidos en las visiones paisajistas del autor, de las. que nace una naturaleza que no se cansa de repetir una y otra vez sus ciclos vitales, puntual en su cita estacional, agradecida y conformada, pero extremadamente coqueta y ostentosa. No puedo evitar la tentación de recordar que Aristóteles en su Poética ya confiesa una función ética a la pintura, al diferenciar la pintura clásica, idealista, que representa lo que debería ser, de aquélla que muestra lo que es en realidad. Es este el único sentido clásico en la 112 ABC obra de Evaristo Guerra, lo más real en ella es ese sol que labra y deja su huella, por contra, en la sombra de cada olivo, de cada almendro, sin olvidar cada matorral por más exhaustiva que sea su tarea, dotando protagonismo por igual hasta la mínima piedra o brizna de hierba. Es la sombra también la que consigue un efecto de posición aérea en cada elemento que adorna el paisaje, liberando la tierra de la tiranía de los enraizamientos y haciendo brotar sus frutos sin esfuerzo. Porque son los campos de su querida tierra andaluza lo que el artista sueña desde aquí y así él mismo lo reconoce al hablar de añoranzas y explicar, al hilo de la conversación, que sería peligroso pintar allí porque podría hacer una postal La ausencia de figuras no es total, la presencia humana se siente y el pintor lo aclara con sencillez: Mis cuadros están llenos de personas, pero la figura no me gusta porque sería una anécdota, no la necesito para nada, me estropea el diálogo con el paisaje. En fin, esta obra, de la que tanto se ha dicho, parece salir de la unión del color y la oración o el deseo ferviente de que el sueño se convierta en realidad y desaparezca el fantasma del temor, ya no hacen falta refugios nucleares porque tenemos la pintura de Evaristo Guerra. E. DEL CASTILLO RANCISCO Barrachina (Benifallim, Alicante, 1940) fue discípulo de Genaro Lahuerta en la escuela valenciana de San Carlos, pero más que a la sombra del querido maestro (renovador, con Lozano, de un paisaje que en ellos dejó de ser luminista ya) Barrachina parece complacerse al sol de sus grandes paisanos los costumbristas (Sala, Agrasot) con los que enlaza a través del tiempo, fenómeno nada extraño en un momento en que la pintura costumbrista del XIX celebra su rico revival, en la doble vertiente de crónica de la vida cotidiana y de recuperación del primoroso oficio. Francisco Barrachina está en esa doble vertiente, ofreciéndonos un realismo que se torna hiper y fotográfico como el de sus demás compañeros del género; pero en Barrachina, la crónica de lo cotidiano es más evocadora que de actualidad, y es posible que en sus composiciones puede advertirse un estudio de calidades que el hiperrealismo al uso no atiende siempre, lo que le quita al cuadro su uniformidad, aunque no siempre tal dureza en la factura. Pintura de evocación, claro que sí, tan lícita como la pintura de testimonio, aunque no tan escapista Las amiguitas como la de ciertas vanguardias. ¿Acaso la evocación es menos humana que la protesta? Hay, ya lo hemos dicho repetidamente, un ansia loca de fugarse a otros mundos y a otros tiempos, y Francisco Barrachina sirve a un público determinado exactamente lo que desea, en lo que tampoco se diferencia de otras pinturas más de nuestro tiempo. Lo pompier puede localizarse, tanto como en lo costumbrista, en la vanguardia. A. M. C. XIII Muestra del Boceto Galería Balboa 13 Núñez de Balboa, 13 Hasta el 5 de enero de 1988 De 20.000 a 200.000 pesetas U NO se explica que en aquellos años del hambre y del haiga la gran felicitación navideña se consagrara en la cesta que hacía segregar jugos gástricos, muchísimo más y más sabrosamente que la campana asociativa de Pavlov. Tampoco sobra ahora ese bodegón de verdad, seamos sinceros. Pero también hay que poner en el haber de nuestro tiempo el cambio de costumbres que, sin menospreciar la cesta opulenta, sugiere al buen gusto hacer presente la memoria navideña en forma de objeto de arte, de cuadro- cuadrito más bien- con lo que la fefícitación ricamente acompañada se hace menos fungible, como sólo alimento de los ojos que es. Hay, además, que irle a una abundante despensa con cestas de abundancia es como llevar hierro a Bilbao. Las cestas, en el mejor de los casos, para las despensas famélicas, y los cuadros para las casas que no precisan raás calorías... Esta deliciosa exposición (Abuja, Adolfo Toledo Estrada, Daniel Merino, Lozano, H. H. de Caviedes, José Díaz, Alcalde, Lapayese del Río, Laxeiro, Martínez Novillo, Molina, Sánchez, Pedro Bueno, Povedano, Rafael Ubeda, Redondela, Vargas Ruiz, Vega Ossorio, tantos más) nos indica que, efectivamente, el cambio de gusto se afianza ya en nuestra sociedad, de lo que hay que felicitarse. No es una muestra monográfica de temas navideños, sino una muy orientadora exposición del boceto en el arte (del pequeño formato más bien) en la que, además de pintura, tenemos también escultura, más dura y más perdurable que el turrón. A. M. C. JUEVES 24- 12- 87