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de ía arfes ABC A la izquierda, un desnudo de Juan Barjola. A la derecha, retrato apócrifo La exposición de la semana Juan Barjola, testigo de nuestro tiempo La gran exposición de Juan BarMuseo de Arte Contemporáneo jola (Torre de Miguel Sesmero, BaAvenida de Juan Herrera dajoz, 1919) en el Museo de Arte Contemporáneo, viene a remediar el ostracismo a que cierta parte de bios, donde ha solido vivir. Pero sin la crítica ha reducido a uno de los concesiones a la descripción pintoartistas más importantes de la geresca y literaria de sus costumbres, neración sacrificada. Hijo de labracon una exigencia plástica que le dores, de raíces auténticamente campesinas en una de las comar- hace rechazar, hacia sus treinta cas más hermosas e intactas de la años, el tipismo solanesco, eligienPenínsula, este pintor no se intere- do el arduo camino de un ciclo sa por el paisaje ni el tema rural. El más mental, que es el cubismo sincampo suele ser la delicia de los cronizado con el expresionismo, habitantes de las grandes ciuda- que nunca me abandonó como des, pero no de quienes (como decía a Joaquín de la Puente. Más Goya) están acostumbrados desde su nacimiento a considerarlo como un medio de trabajo y de somera alimentación. Estos son quienes descubren las capitales, Madrid en particular, donde denuncian los contrastes injustos, las presiones tiránicas, las carencias del amor, la insensata agitación, con la mirada escandalizada del buen salvaje de Rousseau. Al mismo tiempo se interesan por sus oropeles, por sus multitudes, por sus espectáculos, aunque sin alinearse con los vencedores, conservando una reserva distanciada, un pelo de la dehesa que es su mayor garantía de sinceridad, pero que los aisla de las vanaglorias y de las tertulias mundanas, donde tanto se aparenta. Este hombre bueno, dulce, callado que es Juan Barjola, con su hondo mirar de personaje del Greco penetra el alma múltiple de Madrid, y en especial de los suburJUEVES 24- 12- 87 Enero adelante, cansado de esta simbiosis, comienzo la época abstraccionista, de la que saqué consecuencias que me hicieron ver con claridad el espacio pero que duró poco, porque siempre me interesó el contenido según dijo a M. Veyrat. Levemente contagiado de surrealismo, prosigue su carrera hacia un realismo crítico de exacerbado dinamismo, con contrastes de formas y colores que definen una inalienable personalidad. Estas etapas intermedias, en las que el artista se enfrenta con las influencias dominantes, el expresionismo abstracto de El Paso, las crispadas figuras en escaparates o rings de Francis Bacon, la caligrafía zigzagueante de Miró a través de Gorky, los adefesios de Picasso y de Willem de Kooning, no aparecen en esta exposición, que recoge preferentemente obras posteriores a los cincuenta años de Barjola, época de plena madurez, hasta la actualidad, caracterizada por una mayor libertad de pincel, una urgencia expresiva, un empleo más agridulce del color. Se nos brinda así un centenar de obras, que la comisaria de la muestra, María José Salazar, agrupa por afinidades temáticas: Tauromaquias, agitadas y populosas como las de Goya, predilectas del pintor, en donde líneas y tonos contribuyen a una sangrienta euforia; Escenas de guerra o de tiranía, duras como los Desastres goyescos; Suburbios, caracterizados por un no se qué de abandono; Crucifixiones, eco despavorido de Grünewald; Retratos apócrifos, pero d e s g a r r a d a m e n t e sinceros; Mundo onírico, en que Eros asume requisitorias de juez; Perros ciudadanos, abandonados, martirizados, ladradores; tristes Maternidades... Todo un mundo, denunciado y redimido por la profunda mirada de Juan Barjola. Julián GALLEGO Tauromaquia ABC 109