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88 A B C ESPECTÁCULOS JUEVES 24- 12- 87 Crítica de cine Música El siciliano de Michael Cimino Producción: Sidney Beckerman (USA) 1987. Director: Michael Cimino. Guión: Steve Shagan, según la novela de Mario Puzo. Fotografía: Alex Thomson. Música: David Mansfield. Duración: Ciento cuarenta y seis minutos. Principales intérpretes: Christophe Lambert, Terence Stamp, Joss Acland, John Turturro, Richard Bauer, Barbara Sukowa, Giulia Boschi, Ray McAnally y Barry Miller. Salas de estreno: Paz, Real Cinema, Candilejas, Carlton, Europa y La Vaguada. Versión novelesca y coloreada románticamente de la biografía de Salvatore Giuliano. Más calidad que pasión en el recital de Pogorelich, en el Real Pese a las fechas, en las que los siempre latentes problemas circulatorios de Madrid se agravan y justifican deserciones, Ivo Pogorelich es artista que moviliza aficionados y despierta siempre interés, ya por admiraciones incondicionales, ya con actitudes más analíticas que, con todo, mal pueden ignorar la calidad pianística fuera de lo común del joven intérprete. Pudo advertirse en la gran entrada, muy próxima al lleno, que se registró en el Real y en la ovación de saludo, prolongada y calurosa, aun a pesar del típico aire inhibido y distante del concertista. Pogorelich había confeccionado un programa importante, serio, sin concesiones y extenso, aun sin contar- ¡lástima! -con la espléndida suite raveliana Gaspard de la nuit que se anunciaba precedida por un asterisco, citados los títulos de las tres páginas que la integran para, inmediatamente, incorporar, también con asterisco, un suspendido inexplicable. Si, como luego comprobamos, la obra se había eliminado, ¿a qué citarla? Pero, insisto, la sesión, organizada por Juventudes Musicales de Madrid, con patrocinio de El Corte Inglés y colaboración de Hazen, brindaba nada menos que dos sonatas de Beethoven, una de Scriabin y otra de Chopin, como sustanciosos manjares. En la primera parte, Beethoven: la Sonata de la opus 31, número 2 y la de la opus 111, coronación gloriosa del ciclo. Pogorelich las ofreció con absoluta seriedad y dominio, seguras de ejecución, cuidadas en el sonido, pero con una cierta grisura expresiva. De un lado, con desmayo en los dos tiempos iniciales de la opus 31, en la que sólo el Allegretto apuntó más vuelo. No el necesario, con todo, para el debido contraste con el Beethoven genial que clausura con la sorprendente arietta toda la colección. Sin razones concretas para la censura, tampoco las hubo, en el personal juicio, para el entusiasmo y sí para la extrañeza ante un concepto que más parecía de artista maduro, de vuelta, que de joven iluminado por la inspiración reproductora que emociona. De la Sonata fantasía de Scriabin, de sus dos tiempos, resaltó mucho de la nitidez ejemplar del Presto Chopin, para final. El Chopin de la segunda sonata, la de la Marcha fúnebre Pogorelich la sirve con transparencia y muy lejos de las afectaciones que tantas veces se padecen por rubatos y rallentandos que, so pretexto del romanticismo, se imputan al compositor polaco. De cualquier forma, el correctísimo fraseo quedó un punto aséptico. Para corresponder a las ovaciones que subrayaron todas las obras- ¿por qué raro capricho se abstuvo de saludar, lindando la descortesía, después de la primera de las sonatas beethovenianas? -gustamos el suculento regalo de una Polonesa Puede hablarse, en buena ley, de éxito... pero, como en la anécdota famosa, no indescriptible. Recuerdo a un Pogorelich con más capacidad de comunicación y encanto en otras ocasioAntonio FERNANDEZ- CID En 1962, Francesco Rosi realizaba Salvatore Giuliano una suerte de docudrama, de documental dramático, con una soberbia fuerza expresiva, en un austero- y hermosoblanco y negro. Los problemas de la Sicilia de la posguerra se revelaban esencialmente consonantes con los del tiempo de la realización, incluso con los de ahora mismo, considerando la evolución social, el contexto económico y político italiano y europeo. Rosino idealizaba a Giuliano, mostraba su existencia como fruto derivado de unos condicionantes económicos, políticos y sociales, en los que jugaba no poco papel el hecho del aislacionismo al que parecía haberse condenado a Sicilia, su lejanía de la Roma oficial. Lo que le importaba a Rosi era reconstruir la historia de Giuliano y preguntarse- por medio de un sobrio y ajustado juicio dramático- los por qués de su existencia y de sus hazañas. Veinticinco años después, Michael Cimino, cineasta norteamericano ciertamente original, ganador del Osear, con El cazador detentador de una leyenda negra de arruinaproductoras, con Las puertas del cielo y autor, además, de Manhattan Sur ha filmado otra película sobre Giuliano, siguiendo la mediocre novela de Mario Puzo. El resultado, por culpa de un guión torpe, de un reparto elegido sin excesiva finura, de un ritmo narrativo discreto y de una longitud a todas luces excesiva, no es precisamente todo lo positivo que hubiera podido ser. Y no porque a Cimino- que no pone, eso sí que no, todo su talento creador, limitándose a filmar el guión facilitado por el productor- le falle su profesion a l i d a d Ni p o r q u e pese a los abundantísimos lugares comunes sobre la mafia siciliana que Puzo agolpa en su romántico- sangrienta novela, la historia carezca de interés, o porque la fotografía, de Alex Thomson, no se esfuerce por recoger bellamente los arriscados paisajes sicilianos. El primer error de El siciliano estriba en haber encomendado su encarnación al francés Christophe Lambert, inadecuado para el papel, sin fuerza, inexpresivo como un modelo masculino de alta costura, incapaz de cambiar de registro expresivo, de conceder verosimilitud a su personaje. A casi todo el reparto- e n papeles lejanos incluso a la lógica definición física de los actores- le afecta la pobre dirección de que ha hecho gala aquí Michael Cimino, aunque se salven, alejándose del común denominador y de la inexpresiva estolidez de Lambert, el veterano Terence Stamp, irónico y convincente como en sus mejores tiempos, animando a un divertido y cínico secuestrado, y sobre todo el prácticamente debutante John Turturro, que incorpora al primo de Giuliano, Aspanu Pisciotta que, al parecer, Christophe Lambert y Barbara Sukowa tan decisivo papel jugó en la vida- y la muerte- del bandido. Las casi dos horas y media de El siciliano tienen más de serial televisivo sin anuncios que de obra cinematográfica coherente y bien ajustada. Se sigue con un cierto interés, pese a la abusiva presencia en imagen del citado Lambert, pero cabía esperar mucho más de Cimino y de la propia historia de Giuliano. Pedro CRESPO Tercera prueba satisfactoria realizada a José Carreras Seattle. Efe El tenor español José Carreras se encuentra bien tras la tercera prueba a que fue sometido en el hospital Fred Hutchinson de esta ciudad norteamericana donde fue sometido a un autotransplante de médula ósea el pasado 16 de noviembre. Una portavoz del hospital declaró que no se encontraron células cancerosas en la nueva muestra extraída de su médula ósea y añadió que ésta se regenera satisfactoriamente. La portavoz del hospital dijo que Carreras sigue acompañado de sus hermanos Alberto y María Antonia y no pudo asegurar si la esposa del cantante vendría a pasar las Navidades con él. Creo que. se quedará, en España con los dos hijos explicó la portavoz, Susan Edmonds. El tenor pasa la mayor parte del día descansando, en su habitación totalmente esterilizada, y trata de hacer algún ejercicio en una bicicleta estática. Según la portavoz del hospital, puede comer lo que le apetezca porque los médicos tratan de estimular a los pacientes a ingerir alimentos, aunque recomiendan una dieta pobre en bacterias. D El húngaro Arpad Joo ha sido nombrado director titular de la Orquesta Sinfónnica de RTVE, mientras que el español Antonio Ros Marbá será el nuevo director invitado de la Orquesta, a la que ha estado vinculado desde los primeros tiempos.