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JUEVES 24- 12- 87 LA NAVIDAD EN EL MUNDO ABC 67 de mi tierra... Antiguas leyendas siguen vivas en el País Vasco Bilbao. María Jesús Aguirre Junto a los concursos jaiotzak -d e nacimientos- los villancicos y la tradicional misa de gallo, las pequeñas y grandes poblaciones vascas están pendientes de la visita que en la víspera de la Natividad les hará el olentzero un personaje de leyenda, de grotesca y milenaria figura, cuya misión es la de pregonar la Buena Nueva por tos pueb l o s y c i u d a d e s d o n d e es agasajado con cariño. En el anochecer del 24 de diciembre, este personaje alegórico, del que se asegura que tiene tantos ojos como días tiene el año, se presenta trajeado a la usanza de carbonero de la montaña y pasea por las calles sentado en un cesto que lleva a hombros un grupo de jóvenes, mientras entonan canciones de ronda acompañados por los txistularis Después de su visita regresa a sus bosques intrincados; el año próximo volverá a pedir limosna para las familias pobres que no tienen con qué pasar el clásico Gabón o Nochebuena. Aun cuando se habla de un origen pagano de la fiesta, el pueblo vasco la celebra anualmente como costumbre, aprovechando la ocasión para hacer alarde de su ingenio satírico y burlón. En algunos lugares se quema en el hogar el tronco de Navidad, que servirá para preparar la cena de Nochebuena. Después de ésta, la familia se agrupa a su alrededor para calentarse. Cuando se hayan acostado, probablemente el olentzero descienda por la chimenea para calentarse a su lumbre también. Gaitas y castañuelas alegran la Nochebuena gallega La Coruña. Carlos Sabell Galicia canta al Niño Jesús. Una de las seculares tradiciones gallegas es cantarle panxolinas al Niño recién nacido. Grupos de vecinos, con gaita, pandereta y castañuelas recorren la víspera de Navidad y Reyes los viejos caminos de las aldeas pidiendo el aguinaldo, aquí llamado colación que después es repartido entre los más necesitados de la parroquia. En algunas zonas de la montaña aún se sigue con la tradición de poner en (a lareira un viejo tronco de roble que dure ardiendo toda la noche mientras está reunida la familia. A la mañana siguiente la ceniza es recogida por el más anciano de la familia, que la reparte entre los familiares para que la esparzan por los prados y guardar una porción como símbolo del hombre. La gran ciudad descansa tranquila en la noche santa Madrid. María González Vegas Las fiestas de Navidad están muy arraigadas en Madrid, tanto en el sentido festivo como el religioso. En ellas participa el Ayuntamiento, quien organiza los actos del pregón y la Cabalgata de Reyes. Los comerciantes se unen con el Municipio para iluminar las calles. Son días de prolongación del horario comercial, de atascos circulatorios, de mercadillos... Pero, por encima del consumismo de las fiestas que presta- por qué no- una alegría añadida: Madrid celebra religiosamente la Navidad. Las iglesias rebosan de fieles en la Misa del Gallo y las familias unidas cantan ante el Nacimiento- costumbre que no ha podido desterrar el abeto de Noel- al Niño recién nacido. En las calles de Nochebuena se escuchan villancicos y zambombas y en Navidad la ciudad amanece tarde y casi sin tráfico. Las Navidades del madrileño son muy alegres y, sobre todo, caseras.